El próximo primer ministro de Hungría va a facilitar la aprobación de políticas relevantes de la UE como el prestamo de 90.000 millones a Ucrania, pero Bruselas debe plantearse un cambio de gobernanza para no volver a estar a merced de Ejecutivos ultras que imponen vetos Primer efecto tras la derrota de Orbán: la UE quiere eliminar el veto a las decisiones de política exterior
La victoria de Péter Magyar en las elecciones de Hungría, que han acabado con 16 años de mandato del ultranacionalista Viktor Orbán, se vive en Bruselas como el esperado cambio de viento para la Unión Europea. Si ya había tensión con la invasión de Ucrania por Rusia y los escarceos de Vladímir Putin con una guerra híbrida contra la Unión Europea, desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en su segunda legislatura, la presión sobre las instituciones europeas ha sido atosigante: desde su beligerante política comercial con aranceles para la UE hasta su obsesión por anexionarse Groenlandia o el impacto económico de la guerra de Irán en el bolsillo de los europeos. Orbán era el candidato de Trump y Putin para ganar las elecciones húngaras y su derrota hace más fácil la construcción del proyecto europeo frente a EEUU y Rusia, dos bloques que intentan debilitar a Europa.
Ahora las miradas están puestas en los pasos que va a dar el próximo primer ministro de Hungría. No hay que llevarse al engaño, Magyar es un conservador que salió del partido de Orbán, Fidesz, pero tiene un talante más proeuropeista que su antecesor y menos subordinado a Trump y Putin. Magyar ha señalado que quiere mantener buenas relaciones con Estados Unidos y Trump, pese a la injerencia de la Administración estadounidense en la campaña electoral, aunque ha asegurado que no será él quien lo llamara primero.
Tras cuatro legislaturas con Orbán en el poder obstruyendo las políticas diseñadas en Bruselas (21 de los 48 bloqueos registrados en la UE son por parte de Hungría) los pequeños pasos anunciados por Magyar facilitan una legislatura de la UE que se había puesto cuesta arriba con la confluencia de las zancadillas de Trump, la amenaza latente de Putin, las sombras que proyectan la ultraderecha europea sobre la las instituciones comunitarias y los frenos a las decisiones de la Unión por parte de Budapest.
“Es una organización burocrática, compleja y orientada a la búsqueda de consensos”, ha señalado Magyar cuando se le ha preguntado por la UE, pero una posición más favorable a las decisiones de Bruselas puede abrir la caja de fondos europeos que ayudarían a la perjudicada economía húngara.
“Si bien las elecciones en Hungría son en gran medida irrelevantes para el crecimiento agregado de la UE, no son en absoluto marginales para la propia Hungría. El país entra en esta transición con perspectivas de crecimiento débiles, un margen fiscal limitado y años de mala asignación de recursos económicos”, explica Apolline Menut, economista de Carmignac. “Con el nuevo Gobierno mejora sustancialmente las perspectivas en tres vías: menores primas de riesgo si la política fiscal recupera la credibilidad, un entorno interno más competitivo que reduzca las rentas oligopolísticas y la asignación ineficiente de capital, y un posible desbloqueo rápido de fondos sustanciales de la UE congelados por preocupaciones sobre el Estado de derecho, con la probabilidad de que se respete el plazo de finales de agosto”.
Hasta 35.000 millones de euros podría recibir Hungría si revierte algunas de las decisiones tomadas por la Administración Orbán. Hay más de 17.000 millones congelados por las continuas violaciones del Estado de derecho, casos de corrupción y una reforma judicial que ponía en duda la independencia de los tribunales. Además, Budapest había solicitado otros 17.000 millones en préstamos de defensa a bajo interés bajo el paraguas del programa europeo SAFE, que la UE ha retrasado en su concesión ante las maniobras de su antecesor.
Apoyo a Ucrania
Si Orbán bloqueó el préstamo de 90.000 millones de euros para que Ucrania pueda financiar su guerra contra Rusia y el paquete número 20 de sanciones contra los intereses rusos, Magyar ya ha anunciado que apoyará el crédito para los ucranianos (cuenta con una cláusula de exclusión para su país, República Checa y Eslovaquia).
El próximo primer ministro de Hungría no duda en ver a Rusia como una amenaza para Europa, pero pretende cuando acabe la guerra mantener una relación “pragmática” con sus vecinos orientales debido a las dependencias energéticas de los combustibles rusos. Según S&P Global, el 90% del suministro de petróleo de Hungría proviene de Rusia, mientras que el gas ruso supone el 80% de su consumo. “Orbán ha sido el elemento fundamental para que se mantengan el flujo ruso de petróleo y gas a la UE”, dice S&P Global.
“Cuando termine la guerra, entonces inmediatamente Europa levantará las sanciones, porque somos vecinos de Rusia y no es de interés para Europa comprar materias primas a precios más altos, ya que eso destruye nuestra competitividad. Entiendo las cuestiones morales. Protegeré los derechos humanos en la medida de lo posible… pero no nos disparemos en el pie”, ha admitido Magyar. De todas maneras, el próximo jefe del Ejecutivo húngaro se ha comprometido a duplicar la producción de energías renovables para 2040 y diversificar las fuentes de energía del país.
El primer ministro húngaro que muestra al primer ministro húngaro, Viktor Orban, líder y candidato a primer ministro del partido gobernante Fidesz, y a su esposa, Aniko Levai (i), emitiendo sus votos en las elecciones generales celebradas en Budapest.
Otro elemento en el que Orbán se convirtió en un obstáculo constante para la UE fue en el proceso de ampliación. El ultranacionalista vetó las negociaciones de adhesión de Moldavia y Ucrania, y avisó de que, con él en el Gobierno, sería imposible ver a Ucrania como un país de la Unión. Magyar no se cierra a la ampliac, pero descarta que el proceso se tenga que seguir mediante medidas aceleradas y en medio de un conflicto –“no es posible que un país en guerra se integre en la UE”–, de manera que los ucranianos solo podrían ser ciudadanos de la UE en un proceso que se podría alargar diez años.
Otro aspecto relevante donde se puede atisbar un cambio es en la próxima negociación del Presupuesto de la UE, conocido como Marco Financiero Plurianual (MFF, en sus siglas en inglés), que los 27 tienen que discutir y aprobar para el periodo 2028-2034. En 2023, Orbán retrasó meses las negociaciones del Presupuesto con su veto a una ayuda de 50.000 millones para Ucrania. Aunque las negociaciones del MFF siempre son muy duras, se espera que la próxima Administración húngara pelee por sus intereses a la hora de definir las partidas presupuestarias, pero que no frene su aprobación.
Donde seguro que no hay acuerdo es el tema de la inmigración. Magyar se ha mostrado muy crítico con la política migratoria seguida por Bruselas, especialmente cuando se han dado situaciones de crisis. Este es un tema en el que Magyar no se diferencia mucho de Orbán, de hecho en su programa electoral proponía duras restricciones de entrada a los migrantes y que la ayuda europea se centre en los países de origen.
Gobernanza por mayoría cualificada
Ahora bien, la UE también tiene que cambiar su operativa si no quiere que otro Gobierno europeo donde la ultraderecha gane las elecciones siga obstruyendo el funcionamiento de las instituciones comunitarias. De momento, hay ejecutivos ultras tanto en Italia, aunque Giorgia Meloni suele jugar a varias bandas si viene bien a sus intereses y es capaz alabar a Trump en algunos momentos y rechazar la guerra de Irán, como populistas en los gobiernos de Eslovaquia, con Robert Fico, y República Checa, con Andrej Babis, aunque estos últimos tienen poco peso en el conjunto de la UE. Ahora bien, en 2027 hay elecciones en Francia bajo la amenaza de una victoria de la ultraderecha de Agrupación Nacional.
Por este motivo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, pidió este lunes “avanzar hacia la votación por mayoría cualificada en política exterior”. “Es una forma importante de evitar bloqueos sistemáticos, como hemos visto en el pasado, y deberíamos aprovechar el impulso actual para avanzar realmente en ese tema”, ha dicho.
Esta propuesta de mayoría cualificada facilitaría la toma de decisiones en la UE y evitaría otras propuestas como una Europa a dos velocidades o la creación de grupos de países que quieren acelerar la toma de decisiones ante los retos del nuevo contexto geopolítico.
“Los próximos meses también pondrán a prueba si las instituciones de la UE están preparadas para un cierto ejercicio de introspección tras 16 años marcados por conflictos. A pesar de la salida de Orbán, la UE debe evaluar sus propios errores y las debilidades estructurales que Orbán supo aprovechar, para garantizar que el marco de los Tratados esté ‘a la altura’ de los desafíos de esta década y de las siguientes. Puede que él ya no esté, pero su forma de hacer política sigue viva a través de sus compañeros ‘Patriotas’ en toda la UE”, advierte Julia Pocze, investigadora del Centre for European Policy Studies. El próximo primer ministro de Hungría va a facilitar la aprobación de políticas relevantes de la UE como el prestamo de 90.000 millones a Ucrania, pero Bruselas debe plantearse un cambio de gobernanza para no volver a estar a merced de Ejecutivos ultras que imponen vetos Primer efecto tras la derrota de Orbán: la UE quiere eliminar el veto a las decisiones de política exterior
La victoria de Péter Magyar en las elecciones de Hungría, que han acabado con 16 años de mandato del ultranacionalista Viktor Orbán, se vive en Bruselas como el esperado cambio de viento para la Unión Europea. Si ya había tensión con la invasión de Ucrania por Rusia y los escarceos de Vladímir Putin con una guerra híbrida contra la Unión Europea, desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en su segunda legislatura, la presión sobre las instituciones europeas ha sido atosigante: desde su beligerante política comercial con aranceles para la UE hasta su obsesión por anexionarse Groenlandia o el impacto económico de la guerra de Irán en el bolsillo de los europeos. Orbán era el candidato de Trump y Putin para ganar las elecciones húngaras y su derrota hace más fácil la construcción del proyecto europeo frente a EEUU y Rusia, dos bloques que intentan debilitar a Europa.
Ahora las miradas están puestas en los pasos que va a dar el próximo primer ministro de Hungría. No hay que llevarse al engaño, Magyar es un conservador que salió del partido de Orbán, Fidesz, pero tiene un talante más proeuropeista que su antecesor y menos subordinado a Trump y Putin. Magyar ha señalado que quiere mantener buenas relaciones con Estados Unidos y Trump, pese a la injerencia de la Administración estadounidense en la campaña electoral, aunque ha asegurado que no será él quien lo llamara primero.
Tras cuatro legislaturas con Orbán en el poder obstruyendo las políticas diseñadas en Bruselas (21 de los 48 bloqueos registrados en la UE son por parte de Hungría) los pequeños pasos anunciados por Magyar facilitan una legislatura de la UE que se había puesto cuesta arriba con la confluencia de las zancadillas de Trump, la amenaza latente de Putin, las sombras que proyectan la ultraderecha europea sobre la las instituciones comunitarias y los frenos a las decisiones de la Unión por parte de Budapest.
“Es una organización burocrática, compleja y orientada a la búsqueda de consensos”, ha señalado Magyar cuando se le ha preguntado por la UE, pero una posición más favorable a las decisiones de Bruselas puede abrir la caja de fondos europeos que ayudarían a la perjudicada economía húngara.
“Si bien las elecciones en Hungría son en gran medida irrelevantes para el crecimiento agregado de la UE, no son en absoluto marginales para la propia Hungría. El país entra en esta transición con perspectivas de crecimiento débiles, un margen fiscal limitado y años de mala asignación de recursos económicos”, explica Apolline Menut, economista de Carmignac. “Con el nuevo Gobierno mejora sustancialmente las perspectivas en tres vías: menores primas de riesgo si la política fiscal recupera la credibilidad, un entorno interno más competitivo que reduzca las rentas oligopolísticas y la asignación ineficiente de capital, y un posible desbloqueo rápido de fondos sustanciales de la UE congelados por preocupaciones sobre el Estado de derecho, con la probabilidad de que se respete el plazo de finales de agosto”.
Hasta 35.000 millones de euros podría recibir Hungría si revierte algunas de las decisiones tomadas por la Administración Orbán. Hay más de 17.000 millones congelados por las continuas violaciones del Estado de derecho, casos de corrupción y una reforma judicial que ponía en duda la independencia de los tribunales. Además, Budapest había solicitado otros 17.000 millones en préstamos de defensa a bajo interés bajo el paraguas del programa europeo SAFE, que la UE ha retrasado en su concesión ante las maniobras de su antecesor.
Apoyo a Ucrania
Si Orbán bloqueó el préstamo de 90.000 millones de euros para que Ucrania pueda financiar su guerra contra Rusia y el paquete número 20 de sanciones contra los intereses rusos, Magyar ya ha anunciado que apoyará el crédito para los ucranianos (cuenta con una cláusula de exclusión para su país, República Checa y Eslovaquia).
El próximo primer ministro de Hungría no duda en ver a Rusia como una amenaza para Europa, pero pretende cuando acabe la guerra mantener una relación “pragmática” con sus vecinos orientales debido a las dependencias energéticas de los combustibles rusos. Según S&P Global, el 90% del suministro de petróleo de Hungría proviene de Rusia, mientras que el gas ruso supone el 80% de su consumo. “Orbán ha sido el elemento fundamental para que se mantengan el flujo ruso de petróleo y gas a la UE”, dice S&P Global.
“Cuando termine la guerra, entonces inmediatamente Europa levantará las sanciones, porque somos vecinos de Rusia y no es de interés para Europa comprar materias primas a precios más altos, ya que eso destruye nuestra competitividad. Entiendo las cuestiones morales. Protegeré los derechos humanos en la medida de lo posible… pero no nos disparemos en el pie”, ha admitido Magyar. De todas maneras, el próximo jefe del Ejecutivo húngaro se ha comprometido a duplicar la producción de energías renovables para 2040 y diversificar las fuentes de energía del país.
El primer ministro húngaro que muestra al primer ministro húngaro, Viktor Orban, líder y candidato a primer ministro del partido gobernante Fidesz, y a su esposa, Aniko Levai (i), emitiendo sus votos en las elecciones generales celebradas en Budapest.
Otro elemento en el que Orbán se convirtió en un obstáculo constante para la UE fue en el proceso de ampliación. El ultranacionalista vetó las negociaciones de adhesión de Moldavia y Ucrania, y avisó de que, con él en el Gobierno, sería imposible ver a Ucrania como un país de la Unión. Magyar no se cierra a la ampliac, pero descarta que el proceso se tenga que seguir mediante medidas aceleradas y en medio de un conflicto –“no es posible que un país en guerra se integre en la UE”–, de manera que los ucranianos solo podrían ser ciudadanos de la UE en un proceso que se podría alargar diez años.
Otro aspecto relevante donde se puede atisbar un cambio es en la próxima negociación del Presupuesto de la UE, conocido como Marco Financiero Plurianual (MFF, en sus siglas en inglés), que los 27 tienen que discutir y aprobar para el periodo 2028-2034. En 2023, Orbán retrasó meses las negociaciones del Presupuesto con su veto a una ayuda de 50.000 millones para Ucrania. Aunque las negociaciones del MFF siempre son muy duras, se espera que la próxima Administración húngara pelee por sus intereses a la hora de definir las partidas presupuestarias, pero que no frene su aprobación.
Donde seguro que no hay acuerdo es el tema de la inmigración. Magyar se ha mostrado muy crítico con la política migratoria seguida por Bruselas, especialmente cuando se han dado situaciones de crisis. Este es un tema en el que Magyar no se diferencia mucho de Orbán, de hecho en su programa electoral proponía duras restricciones de entrada a los migrantes y que la ayuda europea se centre en los países de origen.
Gobernanza por mayoría cualificada
Ahora bien, la UE también tiene que cambiar su operativa si no quiere que otro Gobierno europeo donde la ultraderecha gane las elecciones siga obstruyendo el funcionamiento de las instituciones comunitarias. De momento, hay ejecutivos ultras tanto en Italia, aunque Giorgia Meloni suele jugar a varias bandas si viene bien a sus intereses y es capaz alabar a Trump en algunos momentos y rechazar la guerra de Irán, como populistas en los gobiernos de Eslovaquia, con Robert Fico, y República Checa, con Andrej Babis, aunque estos últimos tienen poco peso en el conjunto de la UE. Ahora bien, en 2027 hay elecciones en Francia bajo la amenaza de una victoria de la ultraderecha de Agrupación Nacional.
Por este motivo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, pidió este lunes “avanzar hacia la votación por mayoría cualificada en política exterior”. “Es una forma importante de evitar bloqueos sistemáticos, como hemos visto en el pasado, y deberíamos aprovechar el impulso actual para avanzar realmente en ese tema”, ha dicho.
Esta propuesta de mayoría cualificada facilitaría la toma de decisiones en la UE y evitaría otras propuestas como una Europa a dos velocidades o la creación de grupos de países que quieren acelerar la toma de decisiones ante los retos del nuevo contexto geopolítico.
“Los próximos meses también pondrán a prueba si las instituciones de la UE están preparadas para un cierto ejercicio de introspección tras 16 años marcados por conflictos. A pesar de la salida de Orbán, la UE debe evaluar sus propios errores y las debilidades estructurales que Orbán supo aprovechar, para garantizar que el marco de los Tratados esté ‘a la altura’ de los desafíos de esta década y de las siguientes. Puede que él ya no esté, pero su forma de hacer política sigue viva a través de sus compañeros ‘Patriotas’ en toda la UE”, advierte Julia Pocze, investigadora del Centre for European Policy Studies.
La victoria de Péter Magyar en las elecciones de Hungría, que han acabado con 16 años de mandato del ultranacionalista Viktor Orbán, se vive en Bruselas como el esperado cambio de viento para la Unión Europea. Si ya había tensión con la invasión de Ucrania por Rusia y los escarceos de Vladímir Putin con una guerra híbrida contra la Unión Europea, desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en su segunda legislatura, la presión sobre las instituciones europeas ha sido atosigante: desde su beligerante política comercial con aranceles para la UE hasta su obsesión por anexionarse Groenlandia o el impacto económico de la guerra de Irán en el bolsillo de los europeos. Orbán era el candidato de Trump y Putin para ganar las elecciones húngaras y su derrota hace más fácil la construcción del proyecto europeo frente a EEUU y Rusia, dos bloques que intentan debilitar a Europa.
Ahora las miradas están puestas en los pasos que va a dar el próximo primer ministro de Hungría. No hay que llevarse al engaño, Magyar es un conservador que salió del partido de Orbán, Fidesz, pero tiene un talante más proeuropeista que su antecesor y menos subordinado a Trump y Putin. Magyar ha señalado que quiere mantener buenas relaciones con Estados Unidos y Trump, pese a la injerencia de la Administración estadounidense en la campaña electoral, aunque ha asegurado que no será él quien lo llamara primero.
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