Las proyecciones oficiales de la Oficina Electoral proyectan una supermayoría de dos tercios en el Parlamento para Péter Magyar y su partido, TiszaEn busca de un votante de la oposición en los pueblos de Hungría en los que Orbán recibe el 99% de los votos
El líder ultraconservador y faro de la extrema derecha mundial, Viktor Orbán, ha perdido las elecciones generales en Hungría en una jornada histórica que pone fin a un reinado de 16 años con supermayorías de dos tercios, lo que le ha permitido dirigir Hungría sin apenas controles y frenos democráticos. La jornada histórica quedó reflejada en la alta participación, la más elevada desde la transición a la democracia.
“Tengo ganas de llorar”, decía Linda tras emitir su voto. Con un 72% escrutado, Tisza, liderado por Péter Magyar, obtiene 138 escaños, según las proyecciones oficiales de la Oficina Electoral Nacional. Cinco escaños por encima de la supermayoría cualificada de dos tercios en el Parlamento. Fidesz se quedaría con 55 diputados y la extrema derecha de Mi Hazank, 7.
La participación ha superado el 77,8%, por encima del total de 2018 y 2022. Fuentes cercanas de Tisza señalan que los modelos internos apuntan a una posible victoria de dos tercios. Las primeras encuestas publicadas tras el cierre de urnas (no son sondeos a pie de urna, sino que se realizaron en los días previos) apuntan también a una mayoría de dos tercios.
“La tarea que tenemos por delante está clara: el peso del gobierno no nos agobia, hay que fortalecer a la comunidad”, ha afirmado Orbán. “Dos millones y medio de votantes han depositado su confianza en nosotros y nunca les defraudaremos”. Magyar ha informado que Orbán ya le ha llamado para felicitarle por su victoria, lo que pone fin a las dudas que existían entre algunos analistas sobre la aceptación de la derrota electoral.
“Es el rércord de participación desde la transición a la democracia. Gracias a todos, independientemente de a quién han votado”, ha señalado Magyar. “Parece que este partido inhumano perderá y Hungría será libre de nuevo”, ha añadido.
El Parlamento se compone de 199 escaños y la mayoría cualificada está en 133. El margen de victoria es fundamental para la oposición. Orbán ha construido su régimen a partir de esa supermayoría con 15 reformas constitucionales, cambios en el poder judicial, en la ley electoral… Los analistas señalan que si el partido opositor, Tisza, no llega a esa cifra, tendrá muy difícil desmantelar el sistema Orbán, que además cuenta con el favor de prácticamente todos los medios de comunicación y una poderosa élite de oligarcas.
“El sisema político creado en Hungría tiene muchos elementos ajenos a la política electoral. Las decisiones se toman fuera del Parlamento. Orbán puede gobernar por decreto y lo hace aunque tenga supermayoría”, dice Carsten Schneider, politólogo y rector de la Central European University, perseguida y cerrada por Orbán en 2017. Orbán declaró el estado de peligro en 2022 por la guerra en Ucrania y eso le ha permitido avanzar en su agenda hasta hoy.
“En el estudio de cambios de régimen esto se denomina ‘enclaves autoritarios’. Es decir, partes del Gobierno y el sistema que no están afectados por las mayorías en el Parlamento. Algunos miran a Polonia como ejemplo de esa dificultad para desmantelar el régimen, y eso que el PiS estuvo en el poder la mitad de tiempo que Orbán y fueron menos estratégicos”, explica. “Orbán ha creado una élite económica nacional. Expulsó a las cadenas minoristas internacionales, como bancos, constructoras… y dirigió ese dinero a su familia, amigos, empresarios amigos”, añade.
“Independientemente del resultado, lo que la UE tendrá que reconocer es que el proceso de toma de decisiones tiene que reformarse. Si no es Orbán, mañana será otro quien puede bloquear decisiones importantres”, explica el rector. Las proyecciones oficiales de la Oficina Electoral proyectan una supermayoría de dos tercios en el Parlamento para Péter Magyar y su partido, TiszaEn busca de un votante de la oposición en los pueblos de Hungría en los que Orbán recibe el 99% de los votos
El líder ultraconservador y faro de la extrema derecha mundial, Viktor Orbán, ha perdido las elecciones generales en Hungría en una jornada histórica que pone fin a un reinado de 16 años con supermayorías de dos tercios, lo que le ha permitido dirigir Hungría sin apenas controles y frenos democráticos. La jornada histórica quedó reflejada en la alta participación, la más elevada desde la transición a la democracia.
“Tengo ganas de llorar”, decía Linda tras emitir su voto. Con un 72% escrutado, Tisza, liderado por Péter Magyar, obtiene 138 escaños, según las proyecciones oficiales de la Oficina Electoral Nacional. Cinco escaños por encima de la supermayoría cualificada de dos tercios en el Parlamento. Fidesz se quedaría con 55 diputados y la extrema derecha de Mi Hazank, 7.
La participación ha superado el 77,8%, por encima del total de 2018 y 2022. Fuentes cercanas de Tisza señalan que los modelos internos apuntan a una posible victoria de dos tercios. Las primeras encuestas publicadas tras el cierre de urnas (no son sondeos a pie de urna, sino que se realizaron en los días previos) apuntan también a una mayoría de dos tercios.
“La tarea que tenemos por delante está clara: el peso del gobierno no nos agobia, hay que fortalecer a la comunidad”, ha afirmado Orbán. “Dos millones y medio de votantes han depositado su confianza en nosotros y nunca les defraudaremos”. Magyar ha informado que Orbán ya le ha llamado para felicitarle por su victoria, lo que pone fin a las dudas que existían entre algunos analistas sobre la aceptación de la derrota electoral.
“Es el rércord de participación desde la transición a la democracia. Gracias a todos, independientemente de a quién han votado”, ha señalado Magyar. “Parece que este partido inhumano perderá y Hungría será libre de nuevo”, ha añadido.
El Parlamento se compone de 199 escaños y la mayoría cualificada está en 133. El margen de victoria es fundamental para la oposición. Orbán ha construido su régimen a partir de esa supermayoría con 15 reformas constitucionales, cambios en el poder judicial, en la ley electoral… Los analistas señalan que si el partido opositor, Tisza, no llega a esa cifra, tendrá muy difícil desmantelar el sistema Orbán, que además cuenta con el favor de prácticamente todos los medios de comunicación y una poderosa élite de oligarcas.
“El sisema político creado en Hungría tiene muchos elementos ajenos a la política electoral. Las decisiones se toman fuera del Parlamento. Orbán puede gobernar por decreto y lo hace aunque tenga supermayoría”, dice Carsten Schneider, politólogo y rector de la Central European University, perseguida y cerrada por Orbán en 2017. Orbán declaró el estado de peligro en 2022 por la guerra en Ucrania y eso le ha permitido avanzar en su agenda hasta hoy.
“En el estudio de cambios de régimen esto se denomina ‘enclaves autoritarios’. Es decir, partes del Gobierno y el sistema que no están afectados por las mayorías en el Parlamento. Algunos miran a Polonia como ejemplo de esa dificultad para desmantelar el régimen, y eso que el PiS estuvo en el poder la mitad de tiempo que Orbán y fueron menos estratégicos”, explica. “Orbán ha creado una élite económica nacional. Expulsó a las cadenas minoristas internacionales, como bancos, constructoras… y dirigió ese dinero a su familia, amigos, empresarios amigos”, añade.
“Independientemente del resultado, lo que la UE tendrá que reconocer es que el proceso de toma de decisiones tiene que reformarse. Si no es Orbán, mañana será otro quien puede bloquear decisiones importantres”, explica el rector.
A 30 minutos del cierre de las urnas en una jornada histórica para Hungría, la participación es histórica. Las elecciones más importantes desde la transición a la democracia, señalan algunos expertos. “Tengo ganas de llorar”, dice Linda tras emitir su voto. El líder ultraconservador Viktor Orbán lleva gobernando el país de manera ininterrumpida 16 años con supermayorías de dos tercios que le han permitido dirigir Hungría sin apenas controles y frenos democráticos. Por primera vez, su reinado está en peligro.
A las 17 horas, la participación ya superaba el 74%, por encima del total de 1018 y 2022. Fuentes cercanas de Tisza apuntan que los modelos internos apuntan a una posible victoria de dos tercios.
“La participación en Hungría es brutal. En un escenario así, las posibilidades de Orbán parecen escasas y es improbable que cualquier partido aparte de Fidesz y Tisza, de Péter Magyar, supere el umbral del 5%”, señala Szabolcs Panyi, periodista y analista político. A lo largo de la jornada se han formado largas colas en algunos colegios electorales de Budapest.
“¡Récord de participación en la elección! Quedan dos horas. ¡Ahora hay que apretar el acelerador al máximo! ¡Vota y anima a todos a hacerlo! Cada voto puede ser decisivo”, ha selak
El Parlamento se compone de 199 escaños y la mayoría cualificada está en 133. El margen de victoria es fundamental para cualquiera de los dos contendientes. Orbán ha construido su régimen a partir de esa supermayoría con 15 reformas constitucionales, cambios en el poder judicial, en la ley electoral… Los analistas señalan que si el partido opositor, Tisza, no llega a esa cifra, tendrá muy difícil desmantelar el sistema Orbán, que además cuenta con el favor de prácticamente todos los medios de comunicación y una poderosa élite de oligarcas.
“Es un momento crucial. Gane quien gane, no hay vuelta atrás al momento actual”, dice a elDiario.es Carsten Schneider, politólogo y rector de la Central European University, perseguida y cerrada por Orbán en 2017. “El sisema político creado en Hungría tiene muchos elementos ajenos a la política electoral. Las decisiones se toman fuera del Parlamento. Orbán puede gobernar por decreto y lo hace aunque tenga supermayoría”, añade. Orbán declaró el estado de peligro en 2022 por la guerra en Ucrania y eso le ha permitido avanzar en su agenda hasta hoy.
“En el estudio de cambios de régimen esto se denomina ‘enclaves autoritarios’. Es decir, partes del Gobierno y el sistema que no están afectados por las mayorías en el Parlamento. Algunos miran a Polonia como ejemplo de esa dificultad para desmantelar el régimen, y eso que el PiS estuvo en el poder la mitad de tiempo que Orbán y fueron menos estratégicos”, explica. “Orbán ha creado una élite económica nacional. Expulsó a las cadenas minoristas internacionales, como bancos, constructoras… y dirigió ese dinero a su familia, amigos, empresarios amigos”, añade.
“Independientemente del resultado, lo que la UE tendrá que reconocer es que el proceso de toma de decisiones tiene que reformarse. Si no es Orbán, mañana será otro quien puede bloquear decisiones importantres”, explica el rector.
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