La tarde de las elecciones generales del 3 de marzo de 1996, Pedro Arriola entró en el despacho de José María Aznar en la calle Génova anunciando el fracaso. Fuera se escuchaban a todo volumen los gritos de los simpatizantes del PP coreando “¡Pujol, enano, habla castellano!”, así que Miguel Ángel Rodríguez ordenó al técnico de sonido del PP que subiera al máximo los decibelios de la música para mitigar los cánticos. Con el sonido del bullicio entrando por las ventanas del despacho de Aznar, Arriola tragó saliva y soltó: “Hemos perdido las elecciones”. El entonces líder del PP se revolvió en su asiento y se indignó ante su asesor de cabecera: “¿Pero cómo puede ser que hayamos perdido, si el viernes sacábamos ocho puntos de distancia al PSOE?“. Arriola estaba equivocado y Aznar ganó las elecciones esa noche pero, a diferencia de la amplia victoria que pronosticaban las encuestas, lo hizo con una estrechísima distancia del PSOE, de tan solo 290.000 votos y poco más de un punto porcentual con Felipe González. Así que se vio forzado a gobernar con el apoyo del mismo Pujol contra el que coreaban sus militantes.
Génova se conjura para no repetir los errores de la anterior campaña, que recopiló en un informe interno, desde las pensiones, el miedo a Vox o Cataluña, aunque tropieza con las jubilaciones
La tarde de las elecciones generales del 3 de marzo de 1996, Pedro Arriola entró en el despacho de José María Aznar en la calle Génova anunciando el fracaso. Fuera se escuchaban a todo volumen los gritos de los simpatizantes del PP coreando “¡Pujol, enano, habla castellano!”, así que Miguel Ángel Rodríguez ordenó al técnico de sonido del PP que subiera al máximo los decibelios de la música para mitigar los cánticos. Con el sonido del bullicio entrando por las ventanas del despacho de Aznar, Arriola tragó saliva y soltó: “Hemos perdido las elecciones”. El entonces líder del PP se revolvió en su asiento y se indignó ante su asesor de cabecera: “¿Pero cómo puede ser que hayamos perdido, si el viernes sacábamos ocho puntos de distancia al PSOE?“. Arriola estaba equivocado y Aznar ganó las elecciones esa noche pero, a diferencia de la amplia victoria que pronosticaban las encuestas, lo hizo con una estrechísima distancia del PSOE, de tan solo 290.000 votos y poco más de un punto porcentual con Felipe González. Así que se vio forzado a gobernar con el apoyo del mismo Pujol contra el que coreaban sus militantes.
En las elecciones generales de 2023, Alberto Núñez Feijóo vivió una sensación parecida. Con la diferencia de que su victoria resultó insuficiente para alcanzar el poder. Como en el 96, todos los sondeos auguraban un triunfo amplio de la derecha, pero la movilización final e inesperada del electorado progresista redujo la distancia a solo 330.000 votos y poco más de un punto porcentual. “Las campañas siempre se le hacen largas al PP”, recuerdan algunos veteranos del partido, que alertan de que la izquierda, no se sabe cómo, se moviliza en la última semana, mientras que la derecha se desinfla.
Tres años después de aquella victoria insuficiente, Feijóo batalla ahora contra los fantasmas de 2023. Lo hace, en principio, con la lección aprendida, porque Génova estudió con detenimiento los errores de aquella campaña y los plasmó en un documento interno, según han confirmado a EL PAÍS fuentes conocedoras de ese informe, que ahora es una de las guías en la campaña. Se trata de enmendar esas equivocaciones que le dejaron a las puertas de gobernar, y de no repetirlas. La paradoja es que, pese ello, el PP ha vuelto a tropezar con algunas piedras de entonces.
Lo ha hecho al abrir un debate sobre la viabilidad del sistema de pensiones, a raíz de unas declaraciones de la portavoz Ester Muñoz, en las que afirmó que el sistema de pensiones “va a petar” y defendió cambiarlo de forma “valiente”. “¿Pero a qué viene esa metedura de pata con las pensiones?“, se preguntan dirigentes populares, incrédulos con lo sucedido. La lección más importante de la campaña de hace tres años está escrita en piedra en la derecha: no asustar a la izquierda para que no se movilice. Con las pensiones, el PP no ha podido evitar pisar esa cáscara de plátano, se lamentan en distintos sectores del partido.
Feijóo ha tratado de zanjar el debate con gesto firme, comprometiéndose a que las pensiones “se actualizarán con el IPC” y garantizando su viabilidad, aunque sin entrar en si reformará el modelo. Los pensionistas aparecían en el estudio que Génova hizo de los errores de 2023, y que el secretario general, Miguel Tellado, explicó a la plana mayor del PP en la primera Junta Directiva Nacional tras aquellas elecciones, celebrada justo un día después, el 24 de julio. En aquella campaña, las prestaciones de jubilación se convirtieron también en munición del PSOE contra el PP cuando Feijóo, en una entrevista con Silvia Intxaurrondo en TVE, defendió equivocadamente que el PP siempre había revalorizado las pensiones con el IPC, a pesar de que no lo hizo durante tres años.
Las palabras esta semana de Ester Muñoz han resonado con aquellos ecos. “Ester metió la pata, tenemos facilidad para enredarnos y, como las encuestas nos dan victoriosos, se genera una especie de falsa confianza. No hay que meterse en demasiados debates, solo hay que subirse a la ola de cambio”, reclama un dirigente popular. Los socialistas también han sacado punta en los últimos días a unas palabras de Feijóo advirtiendo de que un futuro Gobierno del PP pediría “sacrificios”, y a las declaraciones de la responsable del programa electoral del PP, Alma Ezcurra, que en una entrevista en El Debate ha defendidoque “el derecho a la vida es el derecho más importante y un principio rector” del PP. En cambio, en el PP creen que se trata de minucias si se comparan con los problemas en campaña del PSOE, que acaba de ver cómo dimite su portavoz, Montse Mínguez, tras las informaciones sobre los negocios inmobiliarios de su pareja.
Otros errores de 2023 sí que se han enmendado. Esta vez, el PP ha confirmado que Feijóo acudirá también a un segundo debate electoral con los candidatos de los cuatro grandes partidos, una silla que dejó vacía hace tres años. Además, el líder del PP ha tocado a rebato y ha pedido a los barones populares que protagonicen sus propias caravanas electorales como si se examinaran también en las urnas. “En 2023 mi partido no cumplió las expectativas de movilización”, se ha quejado el líder del PP esta misma semana, pero cree que se ha corregido: “El PP está enchufado, cosa que no lo estaba en el 23″.
Hace tres años, el estudio de Génova detectó también una movilización de las mujeres y del colectivo LGTBI por miedo a la entrada de Vox en el Gobierno, lo que provocó que el PP perdiera escaños en las grandes capitales. El PP también tomó nota, y ha tomado medidas para reconectar con el colectivo LGTBI con un vicesecretario de Igualdad, Jaime de los Santos, que se reivindica abiertamente gay, como proclamó en la tribuna del Congreso: “¡Sí, soy del PP y soy maricón!”. De los Santos explicó además en una entrevista en EL PAÍS que el PP reformará la Ley Trans para que vuelva a ser necesario acreditar la “disforia de género” para el cambio de sexo en el registro desde la conciencia de que “la autodeterminación de género es una ficción”, una medida que conecta con un sector del feminismo.
Vox también está ayudando al PP a evitar la movilización de la izquierda al haber aparcado su discurso más duro contra los homosexuales y las mujeres. A diferencia de la campaña del 23, el partido de Santiago Abascal ya no tira la bandera LGTBI a la basura, como hacía en una lona que colocó en pleno centro de Madrid, y ha dejado en un segundo plano su discurso más duro y negacionista contra la violencia de género, lo que no significa que lo haya abandonado. “Vox se ha dado cuenta de que para ensanchar su electorado tiene que dejar de insultar a los grandes grupos”, opina un dirigente del PP, que celebra ese giro táctico de la extrema derecha.
Pero la clave de la movilización de la izquierda que frenó hace tres años la llegada de la derecha al poder se localizó en Cataluña. Unas declaraciones de Abascal pidiendo la aplicación de un 155 más duro en Cataluña corrieron como la pólvora y activaron una ola de trasvase de voto hacia los socialistas. El líder de Vox también ha dejado de poner el foco en este asunto, y se limita a centrarse en el discurso contra la inmigración, que también encuentra allí un caladero de voto. Y Feijóo, después de que el PP celebrara media docena de manifestaciones contra la ley de amnistía a los independentistas catalanes, proclama ahora que hay que “pasar página” del Procés, en unaestrategia que pasa por no invocar ninguno de los fantasmas de 2023.
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