40 años después de la aprobación de la Ley General de Sanidad, que celebramos desde la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), el Sistema Nacional de Salud es uno de los grandes logros de la democracia española. Ha garantizado la universalización de la asistencia sanitaria a través de una sólida red de centros asistenciales públicos, convirtiéndose en uno de los pilares del Estado del bienestar. Sin embargo, ese mismo éxito ha ocultado durante décadas una debilidad persistente: el desarrollo insuficiente de la salud pública.
La persistente descoordinación de los servicios de promoción de salud con los asistenciales, unida a la precariedad de recursos humanos y materiales, se manifiestan dramáticamente en cada crisis sanitaria
40 años después de la aprobación de la Ley General de Sanidad, que celebramos desde la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), el Sistema Nacional de Salud es uno de los grandes logros de la democracia española. Ha garantizado la universalización de la asistencia sanitaria a través de una sólida red de centros asistenciales públicos, convirtiéndose en uno de los pilares del Estado del bienestar. Sin embargo, ese mismo éxito ha ocultado durante décadas una debilidad persistente: el desarrollo insuficiente de la salud pública.
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