El Hormiguero cerró anoche su vigésima temporada. Pablo Motos no suele liarse en discursos. Es de despedidas breves, pero anoche, aunque breve desmintió el bulo que ha sobrevolado el programa durante las últimas semanas Leer El Hormiguero cerró anoche su vigésima temporada. Pablo Motos no suele liarse en discursos. Es de despedidas breves, pero anoche, aunque breve desmintió el bulo que ha sobrevolado el programa durante las últimas semanas Leer
Cada vez que acaba una temporada televisiva, las despedidas de los grandes rostros que se van de vacaciones dejan un regusto a despedida de campamento, pero lo de anoche en El Hormiguero tuvo más capas de las que pudieran parecer a primera vista. Pablo Motos cerró el chiringuito por vacaciones con la clásica maniobra de si es breve dos veces bueno y, de paso, le endosó un bofetón de terciopelo -pero con la mano bien abierta- a los profetas del apocalipsis mediático; y, sí, también del bulo y la fake news.
Desde hace varias semanas se llevaba escuchando el runrún (alimentado con insistencia por el periodista deportivo Siro López) de que el formato de las hormigas tenía las horas contadas en Antena 3. Que si desavenencias irreconciliables con la cúpula de San Sebastián de los Reyes, que si la entrevista a Riquelme en plena marejada por la presidencia del Real Madrid había colmado el vaso de la paciencia de los despachos…
¿El detonante? La polémica entrevista a Riquelme en plena marejada por la campaña a la presidencia del Real Madrid. Se mascaba la tragedia, se vaticinaba el divorcio del año y algunos ya le estaban buscando sustituto en la parrilla. En fin, la enésima defunción televisiva anunciada que ha terminado, como casi siempre, en agua de borrajas, en la nada.
Pablo Motos, que de esto sabe un rato largo, no necesitó aspavientos ni comunicados tensos. Le bastó su breve discurso de cierre de temporada para desmontar el fake sin despeinarse: «Volvemos en septiembre con algunas novedades que todavía no os podemos contar, pero creo que os van a gustar bastante. Feliz verano a todos, poneros protector para el sol. Cuidaros mucho».
Y ya está. Renovados, con novedades en la recámara y mandando a la audiencia a ponerse crema -después de la que se lió con la visita de Marcos Llorente y sus, digamos, desavenencias con la crema solar-. Una forma finísima de decir: «Sigan hablando, que nosotros seguimos aquí en septiembre». Es de locos pensar que Atresmedia iba a prescindir del programa más visto de la televisión. Es como si cuando toda la movida de El Rosco, el grupo audiovisual hubiese dado la batalla por perdida y hubiera dejado morir a Pasapalabra, otro de sus grandes motores en la parrilla. Algo muy gordo, pero gordísimo, tendría que pasar para que Pablo Motos y El Hormiguero no se jubilen en Antena 3.
El resumen es un clásico. Durante una entrevista, Siro López había asegurado que varias fuentes le habían confirmado que El Hormiguero no iba a seguir en Antena 3 la temporada que viene porque había tenido más que palabras con la dirección de Atresmedia, tras haber llevado a Enrique Riquelme a su programa, a falta de tres días para las votaciones a la presidencia del Real Madrid. El periodista deportivo llegó incluso a decir que Pablo Motos ya lo había comunicado a la cúpula. El Hormiguero durante estos días no ha dicho ni media. Realmente, anoche tampoco, pues a Pablo Motos le bastó un «volvemos en septiembre con algunas novedades» para desmentir el bulo. Chimpún. La táctica de no dar más bola a los enemigos.
Y a otra cosa, mariposa. El Hormiguero se fue anoche de vacaciones con un cierre de temporada que solo podía darle Antonio Resines. Si ya cada visita del actor es un intercambio de golpes entre el presentador y Resines -ya se sabe, donde hay confianza da asco-, anoche, entre que uno se iba de vacaciones y que el otro entra en juego casi sin pedirlo, el plató se convirtió en un bendito caos.
Quim Gutiérrez y Antonio Resines, que es, oficialmente, el patrimonio nacional de la queja y el costumbrismo, venían a presentar su película Haciendo amigos, pero acabaron regalando un clínic de cómo sobrevivir a una brecha generacional en plano. Hubo momentos en los que Quim Gutiérrez, entre medias de Pablo Motos y Antonio Resines, sentía que el cuello se le iba a partir. Pim, pam, pum, toma Lacasitos.
Empezó fuerte Pablo Motos alabando el outfit de Quim Gutiérrez y, de paso, soltándole la primera pulla de la noche a Resines. «¿Tú dónde te vistes, en mini precios?», le soltó el presentador a su amigo sin despeinarse. Pero quien conoce a Resines sabe que la respuesta siempre va a ser un disparo peor: «Me voy a cagar en tu padre directamente. Me visto en El Corte Inglés, sección niños, donde te vistes tú». ¡Boom!
El contraste lo puso Quim Gutiérrez. El actor admitió haber avanzado más en una conversación con Isra (un actor con síndrome de Down con el que comparte elenco) que con el propio Resines. Y es que el choque de personalidades era flagrante: Quim se definió como el introvertido de manual, ese que necesita volver a casa solo para recargar las pilas que le gasta la gente, mientras que Resines es el extrovertido absoluto, un imán humano al que conoce el 100 % de la población y que usa a los técnicos eléctricos como «avanzadilla» para saber en qué bar se come mejor.
Su método infalible de rodaje consiste en hacer dos tomas e irse a casa. «Miro al que está conmigo en plano y le digo: «¿Sí, no? Pues para qué vamos a hacer más»». Eficiencia empresarial, lo llaman. De ahí que Quim Gutiérrez entrase en el juego de Motos y Resines, y revelara que Resines es el tipo más rápido en desaparecer del set, no sin antes obligar a la producción a parar en el camino para comprar cinco periódicos de papel.
Hubo tiempo hasta para confesar delitos de juventud. Mientras Resines admitía haber robado «mucho» en Francia (pero «a Hacienda ni de coña»), Quim Gutiérrez recordó el trauma de su único gran golpe: un muñeco de una marca de detergente en Makro cuando tenía seis años. «Cada vez que sonaba el teléfono de mi casa esa semana, yo tenía la maleta preparada por si venía la policía».
Al final, entre pullas sobre el cuello de Resines (que según Motos está sufriendo el «efecto azucarillo», desapareciendo dentro del café) y debates sobre si a cierta edad solo se cena una pera, El Hormiguero se despidió como mejor sabe hacer: haciendo ruido, divirtiendo al personal y dejando meridianamente claro que, por mucho que algunos se empeñen en firmar su esquela en los platós de la competencia o en canales de Twitch, las hormigas duermen tranquilas este verano.
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