Detrás de la valla de acceso a la multitudinaria misa del Papa en Cibeles, un grupo de personas con chalecos amarillos resalta entre la multitud. Son una treintena de voluntarios de la asociación cristiana Bocatas, que buscan acercar a los más necesitados al evento, pero desde fuera. Denuncian que los indigentes del centro han sido apartados durante la visita: “Han limpiado las calles porque venía el Papa”, comenta Jesús de Alba, uno de los portavoces.
La asociación Bocatas trae comida a las inmediaciones de la misa en Cibeles y denuncia que no se tenga en cuenta a los más necesitados
La asociación Bocatas trae comida a las inmediaciones de la misa en Cibeles y denuncia que no se tenga en cuenta a los más necesitados


Detrás de la valla de acceso a la multitudinaria misa del Papa en Cibeles, un grupo de personas con chalecos amarillos resalta entre la multitud. Son una treintena de voluntarios de la asociación cristiana Bocatas, que buscan acercar a los más necesitados al evento, pero desde fuera. Denuncian que los indigentes del centro han sido apartados durante la visita: “Han limpiado las calles porque venía el Papa”, comenta Jesús de Alba, uno de los portavoces.
Llevan 30 años trabajando con personas sin hogar en Madrid y este domingo protestan contra las contradicciones de la organización y las de la propia Iglesia. “Es contradictorio: invadimos su espacio natural y les echamos”, argumenta, antes de añadir que, para él, la organización perdió una oportunidad. “Hubiera sido precioso abrir una zona VIP para los pobres, no solo para los de siempre. Convocas al pueblo de Madrid, ¿y no convocas a los tuyos?”, se pregunta. Su conclusión es tajante: “La Iglesia habla mucho del pobre, pero no hace nada para el pobre”.
David Méndez, otro de los voluntarios, salió de casa a las 7.30 de la mañana con galletas, patatas fritas y botellas de agua. Este domingo, en lugar de entrar a la misa del Papa, recorrió junto a sus 30 compañeros el perímetro del recinto repartiendo comida a quienes se quedaron fuera. Explica que para acceder a la celebración hacía falta tener un código QR y, por tanto, muchas personas en situación de calle no pudieron acceder. “Solemos acompañar a estas personas en el día a día”, explica Méndez, “así que les invitamos a venir y trajimos comida para que pudieran disfrutar de la misa, aunque fuera desde fuera”. Denuncia, como su portavoz, que “habría sido ideal tener una planificación adicional para las personas que no tienen acceso”.

Al terminar la misa, los voluntarios han seguido paseando y repartiendo la comida que llevaban en sus carritos con ruedas. Entre ellos, un hombre y su hijo, ambos con chalecos con la frase “Bocatas con el Papa”. Se trata de Jesús Vivas, un venezolano que conoció la asociación un mes después de haber llegado a España hace tres años. Sonríe al ver cómo uno de sus compañeros entrega dos galletas a un hombre que busca la sombra entre unos cartones en la subida de la Puerta del Sol a la plaza de Jacinto Benavente. “A nosotros no nos incomodan”, señala.
Jesús de Alba comenta que los voluntarios realizan rutas por el centro durante todo el año, y que por esto saben que la gente que vive en la calle ha sido expulsada. “Aquí en Jacinto Benavente hay muchos sin techo que no están estos días por aquí”, explica. El portavoz lamenta que se “asocien pobreza y la inseguridad” y señala que esto es una de las “contradicciones que vive la iglesia desde hace muchos años”. “Nosotros formamos parte de la iglesia y hacemos de coche escoba”, apunta, mientras busca al resto del grupo, que sigue repartiendo comida por las calles del centro mientras los fieles que han asistido a la misa salen de Cibeles.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos
Archivado En
España en EL PAÍS
