Lo que ocurrió este jueves en El diario de Jorge debería servir como el ejemplo perfecto de cómo ha evolucionado la televisión y de cómo ha evolucionado el ser humano y la sociedad Leer Lo que ocurrió este jueves en El diario de Jorge debería servir como el ejemplo perfecto de cómo ha evolucionado la televisión y de cómo ha evolucionado el ser humano y la sociedad Leer
La televisión, además de ser el principal ocio de los españoles, es también uno de los espejos más reales de nuestra sociedad. Evoluciona casi al mismo tiempo que evoluciona la sociedad o nosotros mismos. Lo que sucedió este jueves en El diario de Jorge, en Telecinco, es probablemente el mejor ejemplo de ello. Si lo que ocurrió este jueves hubiera sucedido no hace tanto tiempo, ni la reacción de Jorge Javier Vázquez hubiera sido la que fue, ni la del público, ni siquiera la manera de contarlo por la prensa.
Lo que sucedió fue nada más y nada menos que una agresión en pleno directo. Solo el que sabe lo que supone hacer un directo es consciente de las tablas que hay que tener para manejar situaciones complicadas. La de este jueves, para un presentador y para un equipo, es una de las más difíciles y también una de las que más gustan a la hora de hacer directos, cuando la escaleta revienta por completo. Hace unos años seguramente se hubiera aprovechado lo sucedido para atraer más carnaza; ahora ya no, ahora no vale, ahora no se acepta, ahora, a Dios gracias, hemos cambiado.
El diario de Jorge se caracteriza, además, por eso, por las reacciones inesperadas de los que acuden, por ver cómo un directo se puede desmoronar por la emoción de una historia, por el enfado, por la vergüenza, por cualquier sentimiento que acompaña al ser humano. Lo de este jueves fue una reacción, la peor de las reacciones, pero fueron gajes del oficio. Unas circunstancias para las que no todos los presentadores están preparados, pero sí Jorge Javier Vázquez, pues él sabe muy bien lo que es una agresión en vivo y en directo, y sabe muy bien que la tele de antaño ya no es válida para el ahora.
El diario de Jorge recibía este jueves a Lucas, un joven de 19 años ecuatoriano que acudía al programa para reconciliarse con Valentina, una de sus amigas de la adolescencia en Jalisco, con la que desde hacía cuatro años no tenía ningún tipo de relación.
La historia es digna de una novela turca. Lucas se mudó de Ecuador a Acapulco, donde conoció a Valentina, que también se había mudado de Jalisco a la localidad costera mexicana. Se hicieron muy amigos, pero a los 16 años Valentina decide escaparse de casa para volver a Jalisco y estar con sus amigos y con quien ella creía que encajaba. Solo se lo cuenta a Lucas. Cuando la madre de Valentina regresa de un viaje de trabajo, descubre que su hija ha desaparecido. Pide explicaciones a Lucas, pero Lucas calla, hasta que acaba por contárselo a otro amigo en común, que es quien levanta la liebre.
La madre de Valentina decide internar a su hija en un centro de rehabilitación. Y no pienses que en México los centros de rehabilitación son como los de las estrellas de Hollywood; son centros de menores, pero en México. No hace falta decir nada más. Valentina pasa encerrada allí dos meses. Sale y no quiere saber nada de Lucas hasta hoy.
Lucas nunca entendió qué hizo mal, ni por qué Valentina nunca quiso volver a saber nada de él. Ahora, ambos estudian en Madrid y ambos se han encontrado, pero ninguno ha querido acercarse al otro. Lucas quería acabar con esa situación, arreglar las cosas o, al menos, saber por qué esa rabia de Valentina contra él y pedirle perdón.
Tras contar su historia, Jorge Javier Vázquez da paso a Valentina. Hasta aquí todo parecía de lo más normal. Valentina celebraba su cumpleaños, golpeaba una piñata y leía la tarjeta de Lucas: «Me siento culpable». No tenía muy claro si dejarle pasar y reencontrarse con él, seguramente porque no sabía cuál podía ser su reacción. Se lo advirtió a Jorge Javier Vázquez, pero la labor de El diario de Jorge es precisamente intentar que este tipo de historias encuentren un final feliz.
Valentina aceptó recibir a Lucas y… y lo que pasó después es difícil de entender. Lucas se acerca a ella, Valentina se levanta y le suelta tal guantazo que no hacía falta subir el volumen del televisor para escucharlo. El plató se queda en shock, pero es Jorge Javier Vázquez el que reacciona a la velocidad de la luz. «No, Valentina, no. Muy mal», le advierte una primera vez, separándola de Lucas, no fuera a ser que le diera por darle otro soplamocos.
Jorge Javier Vázquez sabía perfectamente que tenía oro televisivo en sus manos, pero ahora ya no vale tener oro, ahora hay que tener coherencia y respeto. Su reacción fue inmediata: «No quiero que estés aquí. Se acabó. Márchate. Muy mal, Valentina, muy mal». Y la echó, sin paños calientes, del plató de **El diario de Jorge ante la cara de estupefacción del público de plató.
Jorge Javier Vázquez no perdió la calma, no echó más leña al fuego, no aprovechó el momento, hizo lo que cualquiera haríamos hoy por hoy. Hace unos años esta agresión se hubiera convertido en todo un espectáculo televisivo que hubiera terminado como el rosario de la Aurora, pero que hubiera atraído audiencia e impacto mediático. Ahora, esto no vale; ahora, la sociedad y la televisión no aceptan una agresión en directo ni hubieran aceptado que la reacción de Jorge Javier Vázquez no hubiera sido la que fue; una reacción impecable.
Cuando Valentina ya había sido expulsada de plató, Jorge Javier Vázquez se sentó junto a Lucas. Con el moflete colorado, cogiendo un caramelo del suelo de la piñata y tembloroso, Lucas le aseguraba estar bien, pero claramente no lo estaba. Tampoco aprovechó Jorge Javier Vázquez ni el programa este momento. Simplemente, le intentó calmar y dijo la única frase que se podía decir: «Lo siento, Lucas. Lo siento mucho, pero tú has hecho todo lo posible, así que quítate ya el mal rollo que puedas tener. Desde luego, su reacción ha sido terrible, nefasta y no te la mereces bajo ningún concepto». Y se acabó. Estaba todo dicho y todo hecho.
¿Cuántas veces los que tenemos ya unos añitos hemos visto cosas como esta o peores en televisión? Muchas, tal vez, demasiadas. Eran otros tiempos, la sociedad era otra, la televisión era otra. Nada justifica una agresión, pero ahora mucho menos que lo que se podía justificar hace unos años. Pero la televisión también es esto, es ver que es un espejo de nosotros mismos, es ver que todo cambia y, por suerte, para bien.
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