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  Internacional  Armenia acude a las urnas entre las promesas occidentales, las advertencias rusas y el trauma de la pérdida de Karabaj
Internacional

Armenia acude a las urnas entre las promesas occidentales, las advertencias rusas y el trauma de la pérdida de Karabaj

junio 6, 2026
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Nikol Pashinyán aspira este domingo a la reelección frente a los sectores nacionalistas y prorrusos y bajo la presión de un Putin que teme perder a su histórico aliado en el Cáucaso

Surik, el armenio que vive en la frontera entre Armenia y Azerbaiyán: “Llevo granadas encima por si llegan los azeríes”

Armenia celebra este domingo las primeras elecciones desde que Nikol Pashinyán se convenció de que Rusia, su histórico aliado, ya no era capaz de garantizar su seguridad y decidió alejarse de su esfera de influencia.

En los últimos años, esta oportunidad la ha aprovechado Occidente, que ha ido acercándose a Ereván hasta apostar claramente por la victoria del actual primer ministro. Mientras tanto, Vladímir Putin ha optado por la presión económica y la desinformación con el propósito de sembrar dudas en el rumbo de Armenia hacia Europa y Estados Unidos.

Son también los primeros comicios desde el inicio del proceso de paz con Azerbaiyán, que aspira a poner fin a un conflicto que dura ya casi cuatro décadas, y los primeros tras la expulsión de 150.000 personas de etnia armenia de Nagorno Karabaj, un territorio en disputa que el ejército azerbaiyano invadió en 2023.

Pashinyán ha querido transformar aquella derrota en una liberación de la dependencia de Rusia y en una palanca para un futuro en paz. Todas las encuestas le dan una amplia victoria frente al segundo, el multimillonario prorruso Samvel Karapetyán. Sin embargo, los refugiados karabajianos y la oposición no le perdonan que trate de cerrar en falso una herida convertida en trauma nacional.
Putin aumenta la presión
La última vez que Pashinyán visitó el Kremlin, en abril, sucedió algo inaudito. Durante la parte pública de la reunión con Putin, que acostumbra a transcurrir entre cumplidos protocolarios y promesas de cooperación eterna, se produjo una conversación tensa.

El presidente ruso recriminó a su homólogo que pretendiera caminar hacia la integración europea a la vez que seguía beneficiándose de formar parte de la Unión Económica Euroasiática, liderada por Moscú. También le pidió, sin mencionarlo, que el principal candidato armenio prorruso, Karapetyán, bajo arresto domiciliario acusado de incitar un golpe de Estado, pudiera participar en las elecciones.

Una ruptura completa con Rusia no sería ni económicamente ni políticamente realista. O el Gobierno tiene un plan B pagado por sus nuevos amigos occidentales o pueden hacerle mucho daño rápidamente

Eric Hacopian
— experto en política armenia

Pashinyán le respondió con una media sonrisa que sonó a desafío. “Nosotros tenemos elecciones democráticas y redes sociales 100% libres”, dijo. E insistió en recordar a Putin cuál fue el motivo para abandonar la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la alianza militar capitaneada por Rusia de la que hasta 2024 Armenia formaba parte.

“Todavía no podemos explicar a nuestro pueblo por qué la OTSC no intervino”, señaló el primer ministro armenio. Se refería a la inacción de las tropas de paz rusas encargadas de velar por la estabilidad en Nagorno Karabaj, entre 2022 y 2023, que permitió el avance fulminante de las tropas de Azerbaiyán, condenó a la autoproclamada República de Artsaj, aliada de Armenia, y forzó el éxodo de sus habitantes.

Nikol Pashinyan, durante su visita a Vladímir Putin en Rusia el pasado mes de abril.

Desde aquel momento, el Gobierno armenio entendió que no podía confiar en las garantías de seguridad del Kremlin, absorbido por la guerra en Ucrania y reacio a enfrentarse a Turquía y a Azerbaiyán, y asumió que debía optar por nuevas alianzas.

“La posición rusa en Armenia se derrumbó porque una Rusia que no puede evitar la limpieza étnica de los armenios no es una Rusia que valga para nada”, explica a elDiario.es Eric Hacopian, experto en política armenia. 

Pero Pashinyán no quiere romper con Moscú. “Se trata de diversificar los socios de seguridad para compensar la dependencia excesiva de Rusia”, indica a elDiario.es Richard Giragosian, director del Centro Regional de Estudios, con sede en Yereván. “Armenia no busca sustituir a los rusos por los franceses o por los norteamericanos, sino que es prudente y pragmática”, añade.

Sin embargo, a Putin no le han hecho ninguna gracia las visitas en campaña de los líderes occidentales a la capital armenia. Primero fue Emmanuel Macron, que incluso cantó La Bohème con Pashinyán a la batería; luego el desembarque de dirigentes comunitarios para varias cumbres en Ereván; y, finalmente, el viaje fugaz del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, la semana pasada.

El presidente ruso ha repetido en varias ocasiones una misma advertencia: “La crisis en Ucrania empezó con una situación similar a la que está sucediendo ahora en Armenia”. El vicepresidente del Consejo de Seguridad, Dmitri Medvédev, ha ido más allá al comparar la senda de Pashinyán con “el peligroso camino del camarada Trotski”, que “acabó de forma bastante trágica para él”.

En las últimas semanas, el Kremlin ha aumentado la presión sobre Ereván. Moscú amenaza con cortar el suministro de petróleo, gas y diamantes en bruto si el Gobierno armenio sigue acercándose a Europa. Armenia compra a Rusia el 82% de su gas. Además, las autoridades rusas han empezado a introducir prohibiciones a la importación de productos armenios como frutas, verduras, pescado, agua mineral, brandy o flores, alegando incumplimientos fitosanitarios.

Rusia es un socio comercial clave de Armenia, que también reexporta a Moscú muchas mercancías desde la entrada en vigor de las sanciones por la guerra de Ucrania. La economía de Yereván depende en gran medida de Rusia, con centenares de miles de puestos de trabajo armenios vinculados a este país.

Están convirtiendo Armenia en el campo de batalla de las grandes potencias

Hamo Moskofián
— periodista armenio

“Una ruptura completa con Rusia no sería ni económicamente ni políticamente realista”, apunta Hacopian. “O el gobierno tiene un plan B pagado por sus nuevos amigos occidentales o pueden hacerle mucho daño rápidamente”, concluye.

Putin ha exigido a Pashinyán un referéndum sobre la pertenencia de Armenia a la Unión Europea, un paso que el primer ministro considera prematuro. Además, los expertos creen que la adhesión a la UE es solo una jugada para negociar con Rusia. Giragosian lo describe como “un farol estratégico”, mientras que Hacopian lo califica de “tontería” y “fantasía”.

A las puertas de las elecciones, el Kremlin ha recurrido a la desinformación para dificultar la victoria de la coalición proeuropea. Según The Insider, redes de bots rusos han difundido noticias falsas sobre casos de corrupción de Pashinyán, sobre su salud y sobre un posible enfrentamiento armado con Rusia.

Mientras el primer ministro se presenta como el único capaz de asegurar la existencia de Armenia en un entorno hostil, la oposición prorrusa alerta que es justamente su alejamiento de Moscú lo que amenaza la soberanía del país.

“Están convirtiendo Armenia en el campo de batalla de las grandes potencias”, afirma el veterano periodista armenio Hamo Moskofián a elDiario.es. “Este no es un lugar para el enfrentamiento de titanes. Nos destruirán, nos aniquilarán inmediatamente, no quedará nada de Armenia”, advierte.

Otros analistas dudan de la beligerancia rusa. “¿Estamos lidiando con un Estado ruso acorralado y enfadado? ¿O con uno que tiene problemas mayores y no le importa lo que hagamos?”, se pregunta Hacopian. Giragosian cree que se trata de “mantener la cabeza gacha y no provocar a Rusia innecesariamente”, a la vez que “se reafirma la independencia, se fortalece la soberanía y se fomenta la autosuficiencia”.
Escepticismo con el proceso de paz
A la oposición prorrusa también le preocupa el acercamiento de Pashinyán a Estados Unidos. En agosto de 2025, Donald Trump fue el mediador del principio de acuerdo de paz entre Armenia y Azerbaiyán.

A cambio, el presidente norteamericano impulsó un corredor que debía unir Azerbaiyán con Najchiván, un enclave azerí que queda separado de Bakú por territorio armenio. Este proyecto, bautizado como la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacionales, convertiría a Armenia en un hub de tránsito euroasiático y acabaría con más de 30 años de fronteras cerradas con Turquía y Azerbaiyán, si bien en estos momentos su desarrollo se encuentra en punto muerto.

Los críticos creen que, en realidad, el objetivo de la Casa Blanca con el concurso de Pashinyán es aislar a Rusia y a Irán. “Quieren esquivar a Irán desde el norte y no dejar que el país que siempre ha ayudado a Armenia se conecte con el Cáucaso y con Rusia”, aduce Moskofián.

El periodista también lamenta que hace unos días el “gánster” Marco Rubio firmara en Ereván un acuerdo para la explotación de minerales de tierras raras armenias parecido al que Estados Unidos cerró con Volodímir Zelenski el año pasado.

El vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance (izq.), y el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan (der.), se estrechan la mano durante una declaración de prensa conjunta después de su reunión en Ereván, Armenia, el 9 de febrero de 2026.(Estados Unidos) EFE/EPA/VAHRAM BAGHDASARYAN/POOL

Algunos analistas se muestran optimistas con el proceso de paz. Giragosian describe un progreso “sin precedentes” y subraya que Armenia gozará de “más importancia estratégica que nunca en términos de conectividad”, aunque admite que Azerbaiyán “sigue necesitando un enemigo”.

Hacopian sostiene que la gente es “muy escéptica” a causa de la retórica azerí. “Nadie cree que se pueda tener paz con un régimen como el de Bakú, que ha hecho del odio a los armenios una de sus identidades políticas centrales”, dice.

Según el politólogo, entre los contrarios al Gobierno hay muchos que creen que “se está sometiendo a Bakú”. Pashinyán necesita una mayoría de dos tercios para eliminar de la Constitución la reivindicación de Nagorno Karabaj, una condición que impone Azerbaiyán.

Las encuestas sitúan al actual primer ministro con cerca del 30% de los votos, lejos del 53% de las últimas elecciones. Sin embargo, los sondeos solo dan a Karapetyán entre un 6% y un 8% de los sufragios y, para más inri, formalmente no es elegible porque el multimillonario tiene pasaporte ruso. Mientras tanto, el exprimer ministro Robert Kocharyán, exlíder del Karabaj y considerado cercano a Moscú, se quedaría con alrededor del 4%.
La herida de Karabaj
La discusión sobre quién es responsable de la pérdida de Nagorno Karabaj sigue dividiendo a la sociedad armenia. Los refugiados karabajianos se sienten traicionados por Armenia, por Rusia y por Occidente, pero señalan sobre todo al Gobierno de Pashinyán. 

“Estaban negociando en nombre de nuestro pueblo y eran los garantes de nuestra seguridad”, explica a elDiario.es Artak Beglaryan, exministro de Estado de Artsaj. En cambio, el primer ministro armenio niega su culpa y acusa al ejército ruso de quedarse de brazos cruzados. “Pashinyán es honesto y dice: nosotros no nos rendimos”, afirma Giragosian.

No se puede decir que una limpieza étnica de 150.000 personas de una tierra en la que han vivido durante 2.000 años sea algo bueno. Pashinyán no asume la responsabilidad personal de uno de los grandes desastres de la historia armenia

Eric Hacopian
— experto en política armenia

El líder de Armenia, el primero que no proviene de las élites políticas del Karabaj, pasó de defender la autodeterminación de Artsaj en 2018, cuando llegó al poder, a asumir la soberanía azerí ante la imposibilidad de defender el territorio y, finalmente, a considerar esta cuestión como un lastre. 

Desde su punto de vista, Moscú utilizaba el conflicto para mantener su influencia en la región como el único actor capaz de garantizar la estabilidad. Y, con la debacle de 2023, Pashinyán se sintió liberado de este yugo, se acercó a Occidente e impulsó la idea de la “Armenia real”, que consiste en proteger las fronteras actuales del país y abandonar las reivindicaciones históricas.

“Hacer creer a la gente que la derrota fue una especie de victoria es una absoluta tontería”, dice Hacopian. “No se puede decir que una limpieza étnica de 150.000 personas de una tierra en la que han vivido durante 2.000 años sea algo bueno. Pashinyán no asume la responsabilidad personal de uno de los grandes desastres de la historia armenia”, concluye. 

Por eso el irredentismo de los desplazados karabajianos es una realidad molesta para el primer ministro. Un 70% vive en la pobreza y la misma proporción no tiene trabajo. Además, se quejan de que han perdido las ayudas que recibían de la administración. “Las políticas humanitarias del Gobierno armenio han fracasado”, critica Beglaryan, quien también denuncia “un discurso de odio enorme y agudo contra las personas refugiadas” explotado políticamente por el Ejecutivo.

La principal reivindicación de los refugiados es volver a su tierra, donde organizaciones de patrimonio cultural alertan que se están destruyendo templos cristianos. Ahora bien, lamentan que Pashinyán sea partidario de que “olviden” su derecho al regreso e incluso “obstaculice” cualquier esfuerzo por internacionalizar su lucha. 

Giragosian cree que “no es realista” esperar “una reparación territorial” ni que “la moral esté por encima de la geopolítica”, pero Beglaryan opina que “no se trata de realismo, sino de derechos”. “Ignorarlos es normalizar los crímenes atroces en masa contra nuestro pueblo y contra toda la humanidad”, declara. Asimismo, ve con buenos ojos que la oposición prorrusa sí defienda la restauración de los derechos de los karabajianos.

El politólogo Hacopian opina que la renuncia de Pashinyán a defender el Karabaj es una posición “antinacionalista” que recibirá “una reacción virulenta” por parte de la gente joven dentro de cinco o diez años. Según él, el primer ministro les ha querido convencer de que “la liberalización equivale a la derrota y a la humillación” y por eso asegura que las encuestas muestran cómo las nuevas generaciones quieren “una Armenia prooccidental, nacionalista y militarista”. 

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Mientras tanto, la gente mayor es la que más en sintonía está con el primer ministro, la menos nacionalista y la que, igual que Pashinyán, asume como irreversible la pérdida de Nagorno Karabaj. Nikol Pashinyán aspira este domingo a la reelección frente a los sectores nacionalistas y prorrusos y bajo la presión de un Putin que teme perder a su histórico aliado en el Cáucaso

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En los últimos años, esta oportunidad la ha aprovechado Occidente, que ha ido acercándose a Ereván hasta apostar claramente por la victoria del actual primer ministro. Mientras tanto, Vladímir Putin ha optado por la presión económica y la desinformación con el propósito de sembrar dudas en el rumbo de Armenia hacia Europa y Estados Unidos.

Son también los primeros comicios desde el inicio del proceso de paz con Azerbaiyán, que aspira a poner fin a un conflicto que dura ya casi cuatro décadas, y los primeros tras la expulsión de 150.000 personas de etnia armenia de Nagorno Karabaj, un territorio en disputa que el ejército azerbaiyano invadió en 2023.

Pashinyán ha querido transformar aquella derrota en una liberación de la dependencia de Rusia y en una palanca para un futuro en paz. Todas las encuestas le dan una amplia victoria frente al segundo, el multimillonario prorruso Samvel Karapetyán. Sin embargo, los refugiados karabajianos y la oposición no le perdonan que trate de cerrar en falso una herida convertida en trauma nacional.
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El presidente ruso recriminó a su homólogo que pretendiera caminar hacia la integración europea a la vez que seguía beneficiándose de formar parte de la Unión Económica Euroasiática, liderada por Moscú. También le pidió, sin mencionarlo, que el principal candidato armenio prorruso, Karapetyán, bajo arresto domiciliario acusado de incitar un golpe de Estado, pudiera participar en las elecciones.

Una ruptura completa con Rusia no sería ni económicamente ni políticamente realista. O el Gobierno tiene un plan B pagado por sus nuevos amigos occidentales o pueden hacerle mucho daño rápidamente

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“Todavía no podemos explicar a nuestro pueblo por qué la OTSC no intervino”, señaló el primer ministro armenio. Se refería a la inacción de las tropas de paz rusas encargadas de velar por la estabilidad en Nagorno Karabaj, entre 2022 y 2023, que permitió el avance fulminante de las tropas de Azerbaiyán, condenó a la autoproclamada República de Artsaj, aliada de Armenia, y forzó el éxodo de sus habitantes.

Nikol Pashinyan, durante su visita a Vladímir Putin en Rusia el pasado mes de abril.

Desde aquel momento, el Gobierno armenio entendió que no podía confiar en las garantías de seguridad del Kremlin, absorbido por la guerra en Ucrania y reacio a enfrentarse a Turquía y a Azerbaiyán, y asumió que debía optar por nuevas alianzas.

“La posición rusa en Armenia se derrumbó porque una Rusia que no puede evitar la limpieza étnica de los armenios no es una Rusia que valga para nada”, explica a elDiario.es Eric Hacopian, experto en política armenia. 

Pero Pashinyán no quiere romper con Moscú. “Se trata de diversificar los socios de seguridad para compensar la dependencia excesiva de Rusia”, indica a elDiario.es Richard Giragosian, director del Centro Regional de Estudios, con sede en Yereván. “Armenia no busca sustituir a los rusos por los franceses o por los norteamericanos, sino que es prudente y pragmática”, añade.

Sin embargo, a Putin no le han hecho ninguna gracia las visitas en campaña de los líderes occidentales a la capital armenia. Primero fue Emmanuel Macron, que incluso cantó La Bohème con Pashinyán a la batería; luego el desembarque de dirigentes comunitarios para varias cumbres en Ereván; y, finalmente, el viaje fugaz del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, la semana pasada.

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Están convirtiendo Armenia en el campo de batalla de las grandes potencias

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— periodista armenio

“Una ruptura completa con Rusia no sería ni económicamente ni políticamente realista”, apunta Hacopian. “O el gobierno tiene un plan B pagado por sus nuevos amigos occidentales o pueden hacerle mucho daño rápidamente”, concluye.

Putin ha exigido a Pashinyán un referéndum sobre la pertenencia de Armenia a la Unión Europea, un paso que el primer ministro considera prematuro. Además, los expertos creen que la adhesión a la UE es solo una jugada para negociar con Rusia. Giragosian lo describe como “un farol estratégico”, mientras que Hacopian lo califica de “tontería” y “fantasía”.

A las puertas de las elecciones, el Kremlin ha recurrido a la desinformación para dificultar la victoria de la coalición proeuropea. Según The Insider, redes de bots rusos han difundido noticias falsas sobre casos de corrupción de Pashinyán, sobre su salud y sobre un posible enfrentamiento armado con Rusia.

Mientras el primer ministro se presenta como el único capaz de asegurar la existencia de Armenia en un entorno hostil, la oposición prorrusa alerta que es justamente su alejamiento de Moscú lo que amenaza la soberanía del país.

“Están convirtiendo Armenia en el campo de batalla de las grandes potencias”, afirma el veterano periodista armenio Hamo Moskofián a elDiario.es. “Este no es un lugar para el enfrentamiento de titanes. Nos destruirán, nos aniquilarán inmediatamente, no quedará nada de Armenia”, advierte.

Otros analistas dudan de la beligerancia rusa. “¿Estamos lidiando con un Estado ruso acorralado y enfadado? ¿O con uno que tiene problemas mayores y no le importa lo que hagamos?”, se pregunta Hacopian. Giragosian cree que se trata de “mantener la cabeza gacha y no provocar a Rusia innecesariamente”, a la vez que “se reafirma la independencia, se fortalece la soberanía y se fomenta la autosuficiencia”.
Escepticismo con el proceso de paz
A la oposición prorrusa también le preocupa el acercamiento de Pashinyán a Estados Unidos. En agosto de 2025, Donald Trump fue el mediador del principio de acuerdo de paz entre Armenia y Azerbaiyán.

A cambio, el presidente norteamericano impulsó un corredor que debía unir Azerbaiyán con Najchiván, un enclave azerí que queda separado de Bakú por territorio armenio. Este proyecto, bautizado como la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacionales, convertiría a Armenia en un hub de tránsito euroasiático y acabaría con más de 30 años de fronteras cerradas con Turquía y Azerbaiyán, si bien en estos momentos su desarrollo se encuentra en punto muerto.

Los críticos creen que, en realidad, el objetivo de la Casa Blanca con el concurso de Pashinyán es aislar a Rusia y a Irán. “Quieren esquivar a Irán desde el norte y no dejar que el país que siempre ha ayudado a Armenia se conecte con el Cáucaso y con Rusia”, aduce Moskofián.

El periodista también lamenta que hace unos días el “gánster” Marco Rubio firmara en Ereván un acuerdo para la explotación de minerales de tierras raras armenias parecido al que Estados Unidos cerró con Volodímir Zelenski el año pasado.

El vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance (izq.), y el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan (der.), se estrechan la mano durante una declaración de prensa conjunta después de su reunión en Ereván, Armenia, el 9 de febrero de 2026.(Estados Unidos) EFE/EPA/VAHRAM BAGHDASARYAN/POOL

Algunos analistas se muestran optimistas con el proceso de paz. Giragosian describe un progreso “sin precedentes” y subraya que Armenia gozará de “más importancia estratégica que nunca en términos de conectividad”, aunque admite que Azerbaiyán “sigue necesitando un enemigo”.

Hacopian sostiene que la gente es “muy escéptica” a causa de la retórica azerí. “Nadie cree que se pueda tener paz con un régimen como el de Bakú, que ha hecho del odio a los armenios una de sus identidades políticas centrales”, dice.

Según el politólogo, entre los contrarios al Gobierno hay muchos que creen que “se está sometiendo a Bakú”. Pashinyán necesita una mayoría de dos tercios para eliminar de la Constitución la reivindicación de Nagorno Karabaj, una condición que impone Azerbaiyán.

Las encuestas sitúan al actual primer ministro con cerca del 30% de los votos, lejos del 53% de las últimas elecciones. Sin embargo, los sondeos solo dan a Karapetyán entre un 6% y un 8% de los sufragios y, para más inri, formalmente no es elegible porque el multimillonario tiene pasaporte ruso. Mientras tanto, el exprimer ministro Robert Kocharyán, exlíder del Karabaj y considerado cercano a Moscú, se quedaría con alrededor del 4%.
La herida de Karabaj
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“Hacer creer a la gente que la derrota fue una especie de victoria es una absoluta tontería”, dice Hacopian. “No se puede decir que una limpieza étnica de 150.000 personas de una tierra en la que han vivido durante 2.000 años sea algo bueno. Pashinyán no asume la responsabilidad personal de uno de los grandes desastres de la historia armenia”, concluye. 

Por eso el irredentismo de los desplazados karabajianos es una realidad molesta para el primer ministro. Un 70% vive en la pobreza y la misma proporción no tiene trabajo. Además, se quejan de que han perdido las ayudas que recibían de la administración. “Las políticas humanitarias del Gobierno armenio han fracasado”, critica Beglaryan, quien también denuncia “un discurso de odio enorme y agudo contra las personas refugiadas” explotado políticamente por el Ejecutivo.

La principal reivindicación de los refugiados es volver a su tierra, donde organizaciones de patrimonio cultural alertan que se están destruyendo templos cristianos. Ahora bien, lamentan que Pashinyán sea partidario de que “olviden” su derecho al regreso e incluso “obstaculice” cualquier esfuerzo por internacionalizar su lucha. 

Giragosian cree que “no es realista” esperar “una reparación territorial” ni que “la moral esté por encima de la geopolítica”, pero Beglaryan opina que “no se trata de realismo, sino de derechos”. “Ignorarlos es normalizar los crímenes atroces en masa contra nuestro pueblo y contra toda la humanidad”, declara. Asimismo, ve con buenos ojos que la oposición prorrusa sí defienda la restauración de los derechos de los karabajianos.

El politólogo Hacopian opina que la renuncia de Pashinyán a defender el Karabaj es una posición “antinacionalista” que recibirá “una reacción virulenta” por parte de la gente joven dentro de cinco o diez años. Según él, el primer ministro les ha querido convencer de que “la liberalización equivale a la derrota y a la humillación” y por eso asegura que las encuestas muestran cómo las nuevas generaciones quieren “una Armenia prooccidental, nacionalista y militarista”. 

Mientras tanto, la gente mayor es la que más en sintonía está con el primer ministro, la menos nacionalista y la que, igual que Pashinyán, asume como irreversible la pérdida de Nagorno Karabaj.  

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