Hace casi un año, Pedro Sánchez vivía su momento más bajo. Su supervivencia política estaba por primera vez en riesgo real tras el mazazo del caso Cerdán, que le dejó completamente desnudo. Fue el presidente quien decidió nombrar y defender a su secretario de Organización hasta el final, incluso cuando ya había muchas sospechas sobre él. Y la caída fue durísima. Sus socios incluso amenazaron con tumbarlo si había cualquier rastro de financiación ilegal. Él admitió que pensó en dimitir ante el desastre no solo de nombrar sino de mantener contra viento y marea a Cerdán, a quien creyó hasta el último momento, tanto que con su caída se dejó enormes jirones de credibilidad.
Un año después del debate tras el ‘caso Cerdán’ en el que pidió perdón y admitió que pensó en dimitir, el presidente cambia de estrategia y busca poner el foco en Ayuso
Hace casi un año, Pedro Sánchez vivía su momento más bajo. Su supervivencia política estaba por primera vez en riesgo real tras el mazazo del caso Cerdán, que le dejó completamente desnudo. Fue el presidente quien decidió nombrar y defender a su secretario de Organización hasta el final, incluso cuando ya había muchas sospechas sobre él. Y la caída fue durísima. Sus socios incluso amenazaron con tumbarlo si había cualquier rastro de financiación ilegal. Él admitió que pensó en dimitir ante el desastre no solo de nombrar sino de mantener contra viento y marea a Cerdán, a quien creyó hasta el último momento, tanto que con su caída se dejó enormes jirones de credibilidad.
Pero cuando más bajo estaba, Sánchez convocó un pleno en el Congreso, pidió perdón, anunció un gran paquete de medidas anticorrupción —la mayoría aún están en tramitación o bloqueadas— y logró una imagen muy distinta a la esperada: se vio que la oposición no tenía fuerza para tumbarlo y que los socios aguantaban. Fue una especie de cuestión de confianza no oficial, y logró superarla.
Un año después, Sánchez llega al pleno de este miércoles en el Congreso muy debilitado, peor incluso que el año pasado, con encuestas aún más bajas y varios resultados electorales autonómicos pésimos después de una catarata de escándalos que tienen en el caso Zapatero y el caso Leire los dos golpes más duros. Además esta semana el que fuera su mano derecha, José Luis Ábalos, ha sido condenado a 24 años de prisión y su esposa, Begoña Gómez, está a punto de perder el pasaporte por decisión del juez Peinado.
Sánchez, según diversas fuentes del Gobierno, está planteando un debate este miércoles muy diferente al del año pasado. Si entonces fue a la defensiva, se centró en pedir perdón y anunciar medidas que su equipo en La Moncloa había trabajado con la OCDE para implementar reformas punteras contra la corrupción, este año va con un discurso mucho más a la ofensiva, tratando de volcar toda la presión sobre el PP y reivindicando que el PSOE tiene casos de corrupción pero los corta y echa o romper con sus responsables —Ábalos, Cerdán, Koldo, Leire— mientras el PP no se mueve con los casos que le han surgido, especialmente el de la pareja de Isabel Díaz Ayuso, Alberto González Amador.
Para La Moncloa, este caso no es una cuestión privada del novio de la presidenta de Madrid. El Gobierno lo vincula directamente con ella porque según el último informe de la UCO desde que inició su relación él ha ganado hasta 4,4 millones de euros de Quirón, uno de los grandes contratistas de la Comunidad de Madrid. Sánchez intentará reactivar el caso Ayuso, que ha cobrado más fuerza tras este informe que demuestra que su pareja facturaba tres, cuatro o cinto veces menos con Quironsalud cuando no salían juntos y cuando empezó la relación multiplicó sus ingresos hasta 4,4 millones de euros en tres años de la principal concesionaria de la sanidad madrileña, que precisamente bajo Ayuso ha logrado contratos de hasta 5000 millones de euros.
El discurso de Sánchez será así, según estas fuentes, similar a lo que ya apuntó este martes Óscar López, el rival de Ayuso en Madrid y hombre de confianza del presidente. “El que la hace la paga, se llame Ábalos o se llame Ayuso”, sentenció López tras el Consejo de Ministros tratando de buscar paralelismos entre los dos casos, porque en ambos hay pelotazos por mascarillas en plena pandemia y comisiones millonarias que se defraudan a Hacienda. Lo que no hay en el caso Ayuso es de momento ningún empleado público imputado.
Sánchez tratará así, en un momento de especial debilidad política, de fijar la imagen de que él sí está dispuesto a cortar las cabezas que sean necesarias mientras Alberto Núñez Feijóo, su gran rival y en este momento favorito en las encuestas, no ha sido capaz siquiera de criticar a Ayuso por el caso de su pareja. El presidente suele insistir en que Feijóo llegó al poder en el PP para echar a Casado que había denunciado la corrupción de Ayuso con su hermano, en otro pelotazo por mascarillas en pandemia.
El presidente también tiene encima de la mesa el caso de su esposa, que esa misma tarde, mientras sigue el debate, está citada por Peinado para entregar su pasaporte. Al margen de la situación familiar muy delicada que esto provoca, Sánchez y su equipo creen que políticamente este asunto, lejos de ser un golpe para el Gobierno, es una demostración evidente de que hay jueces que hacen política, una de las frases más polémicas del presidente.
No está claro si Sánchez llegará tan lejos como Óscar Puente y Óscar López, que hablan abiertamente de una operación para derribar al Gobierno o de que hay jueces que prevarican, pero sí es probable que utilice este caso o el de su hermano o el del fiscal general para intentar reactivar a los progresistas y de paso a la mayoría en el Congreso con la idea de que un sector de la justicia, la política y los medios tiene una evidente animadversión al Ejecutivo y eso debería animar a su gente de defenderlo. Este tipo de discurso de Sánchez, claramente a la ofensiva contra el PP y Vox, marcará seguramente un debate muy tenso.
El Gobierno quiere distinguir claramente entre procesos como el del caso Ábalos, por el que ha mostrado un claro respeto aunque ha criticado que el corruptor Aldama se haya librado de la cárcel, y el del caso Begoña Gómez. Lo explicó este martes Félix Bolaños, ministro de Justicia, que mostró su “absoluto respeto” a la sentencia que condena a 24 años de cárcel a Ábalos porque es un proceso que ha contado “con todas las garantías” y lo puso en contraste con lo que está haciendo el juez Peinado. “Hay alguna instrucción que conocemos que no tiene ninguna garantía”, señaló. Bolaños también mostró el golpe duro que supone para el Gobierno la condena de Ábalos, sobre la que Sánchez aún no ha hablado y lo hará por primera vez en el Congreso: “La corrupción nos asquea, nos repugna y nos repugna más cuando son personas que han sido nombradas por este Gobierno”, aseguró el ministro de Justicia.
Sánchez, según estas fuentes, también ofrecerá un mensaje para los socios, que le piden que dé contenido a lo que queda de legislatura y no se limite solo a resistir. Este martes, el Consejo de Ministros aprobó un hito en este sentido, con un gran aumento del gasto en dependencia para llegar en 2027 a 7.200 millones anuales, una auténtica “refundación” del sistema, según el ministro del ramo, Pablo Bustinduy. Este tipo de decisiones son, según Sánchez, las que justifican que valga la pena agotar la legislatura o al menos llegar hasta marzo de de 2027, como ya está apuntando el presidente. En el discurso habrá líneas sobre el trabajo que viene por delante, incluido el intento de aprobar los Presupuestos de 2027, algo que ahora mismo parece completamente imposible.
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