El periodista, fallecido a los 76 años, fue uno de los fundadores de El País y el gran impulsor de la modernización de la radio española. Su trayectoria estuvo ligada a la transformación de los medios durante la Transición y la democracia Leer El periodista, fallecido a los 76 años, fue uno de los fundadores de El País y el gran impulsor de la modernización de la radio española. Su trayectoria estuvo ligada a la transformación de los medios durante la Transición y la democracia Leer
La radio española no sería la misma sin Augusto Delkáder. Tampoco el periodismo que nació con la Transición y que acompañó a España durante las décadas en las que los medios de comunicación se convirtieron en uno de los grandes protagonistas de la democracia. Su nombre nunca tuvo la popularidad de las grandes estrellas de las ondas, pero detrás de muchas de aquellas voces, de los programas que marcaron a varias generaciones y del liderazgo que la Cadena SER mantiene desde hace décadas estuvo su visión del periodismo y su capacidad para transformar una empresa de comunicación. Augusto Delkáder ha muerto este viernes en Madrid a los 76 años, dejando un legado que va mucho más allá de los despachos que ocupó y de los cargos que desempeñó.
Porque Delkáder fue, ante todo, periodista. De los que entendían que una redacción no era sólo un lugar donde se escribían noticias, sino donde se tomaban decisiones que podían cambiar la manera de contar un país. Y él estuvo en algunas de las más importantes. Desde el nacimiento de El País hasta la transformación de la Cadena SER en el gran referente de la radio española, su trayectoria recorrió medio siglo de historia de los medios de comunicación.
Nacido en Cádiz en 1950, su relación con el periodismo comenzó mucho antes de convertirse en uno de los directivos más influyentes del sector. Estudió Derecho y Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid y dio sus primeros pasos profesionales en el Diario de Cádiz, el periódico que acabaría dirigiendo en 1976, cuando todavía no había cumplido los 26 años. No era un momento cualquiera. España acababa de salir de una dictadura y los medios comenzaban a descubrir, no sin dificultades, lo que significaba ejercer el periodismo en libertad.
Aquel joven gaditano pronto se incorporó al proyecto que cambiaría la prensa española. Formó parte del equipo fundacional de El País, donde llegó a ser director adjunto y uno de los principales colaboradores de Juan Luis Cebrián. El periódico nació en plena Transición y se convirtió en uno de los símbolos de una nueva manera de informar, con una apuesta por el rigor, la independencia y el papel de la prensa en la construcción democrática.
Delkáder vivió desde dentro uno de los episodios más decisivos de aquella etapa. La noche del 23 de febrero de 1981, mientras los militares golpistas mantenían secuestrado el Congreso de los Diputados, participó en el equipo que decidió publicar una edición extraordinaria de El País en defensa de la Constitución. El periódico salió a la calle cuando todavía se desconocía cómo acabaría el golpe de Estado. Fue una decisión periodística, pero también una declaración de principios sobre el papel que debían desempeñar los medios en una democracia amenazada.
Sin embargo, el capítulo que acabaría definiendo su trayectoria profesional todavía estaba por llegar. En 1987 se incorporó a la Cadena SER como director de sus servicios informativos. La radio española atravesaba entonces una etapa de transformación. La competencia entre emisoras, el peso creciente de los grandes comunicadores y los cambios en los hábitos de consumo exigían una nueva forma de organizar y entender el medio.
Delkáder comprendió que para hacer una gran radio no bastaba con tener grandes voces. Había que construir una gran estructura periodística detrás de ellas. Y a eso dedicó buena parte de su vida.
Su ascenso dentro de la SER fue paralelo a la transformación de la cadena. En 1990 fue nombrado director general; en 1998, consejero delegado de la SER y Unión Radio; y en 2010 asumió la presidencia de Prisa Radio y de la propia SER. Durante aquellas décadas impulsó la modernización de los informativos, la profesionalización de los equipos y una concepción de la radio que combinaba la información, el entretenimiento y la proximidad con los oyentes.
Bajo su responsabilidad, la SER consolidó un modelo en el que convivían las grandes figuras de la comunicación, como Iñaki Gabilondo y Gemma Nierga, con una extensa red de emisoras locales. Aquella combinación resultó decisiva. La cadena podía contar los grandes acontecimientos políticos y sociales desde Madrid, pero también mantener una relación directa con lo que sucedía en cada ciudad y en cada pueblo. Una radio nacional que no renunciaba a ser local.
Delkáder defendía que el éxito de una emisora no podía medirse únicamente por sus audiencias, aunque los resultados terminaran avalando su estrategia. La credibilidad, la capacidad de acompañar a los oyentes y la confianza en los profesionales eran elementos esenciales de su concepción del medio. También impulsó la elaboración de un Libro de Estilo para reforzar los criterios periodísticos de la cadena.
Su influencia se extendió más allá de España. Fue uno de los protagonistas de la expansión radiofónica de Prisa en América Latina, una operación que permitió al grupo convertirse en uno de los grandes operadores de radio en español. La incorporación de emisoras como Caracol Radio, en Colombia, formó parte de aquel proceso de crecimiento internacional. Delkáder había entendido que la radio, lejos de ser un medio condenado a perder relevancia frente a la televisión y las nuevas tecnologías, tenía todavía un enorme recorrido.
Y ésa fue otra de sus grandes convicciones. Mientras el sector asistía a la llegada de internet, a la transformación de los modelos de negocio y a la aparición de nuevas formas de comunicación, defendió la capacidad de la radio para reinventarse sin perder su esencia. La tecnología podía cambiar la manera de escuchar, pero no la necesidad de informarse, entretenerse y sentirse acompañado.
En 2018, al recibir un reconocimiento del Heraldo de Aragón, explicó precisamente esa idea. El futuro de la radio pasaba por ofrecer buena información, entretenimiento y compañía a quienes estaban al otro lado del micrófono. Una definición aparentemente sencilla que encerraba buena parte de su filosofía profesional.
Porque Augusto Delkáder pertenecía a una generación que entendía el periodismo como un servicio a la sociedad y no únicamente como un negocio. Conocía perfectamente la importancia de las empresas, de los resultados económicos y de la necesidad de construir grupos de comunicación sólidos, pero defendía que la razón de ser de aquellos proyectos debía seguir estando en las redacciones.
No fue un hombre de grandes apariciones públicas ni buscó convertirse en protagonista de la actualidad. Su influencia se ejercía desde la dirección de los equipos, la toma de decisiones y una capacidad para identificar el talento que marcó a muchos de los profesionales que trabajaron bajo su responsabilidad.
En 2021 abandonó sus responsabilidades ejecutivas y fue nombrado presidente de honor de la Cadena SER. Se cerraba así una etapa de más de tres décadas en la que había sido uno de los principales responsables de la evolución de la emisora. También presidió la Asociación Española de Radiodifusión Comercial y desempeñó distintas responsabilidades en el Grupo Prisa.
Pese a su larga trayectoria en Madrid y a su proyección internacional, nunca perdió su vinculación con Cádiz. La provincia lo distinguió como Hijo Predilecto y recibió, entre otros reconocimientos, la Medalla de Andalucía en 2002 y el Premio Federico Joly en 2019. Mantuvo hasta sus últimos años una estrecha relación con el periódico en el que había comenzado su carrera.
Su muerte supone la despedida de uno de los grandes nombres de la historia reciente de los medios de comunicación españoles. De un periodista que participó en el nacimiento de un periódico fundamental para entender la Transición y que después dedicó buena parte de su vida a convertir la SER en una referencia informativa y empresarial.
A diferencia de los grandes comunicadores que construyen su relación con el público cada mañana frente a un micrófono, Delkáder desarrolló su carrera lejos de los focos. Pero su huella está en la radio que escucharon millones de españoles durante décadas, en las redacciones que ayudó a levantar y en los periodistas a los que enseñó que ninguna estrategia empresarial podía sustituir al buen periodismo.
Augusto Delkáder no necesitó una voz reconocible para dejar una huella imborrable en las ondas. Su trabajo consistió en hacer posible que otras voces llegaran más lejos.
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