En menos de 48 horas la palapa de Supervivientes 2026 cerrará sus puertas y los cuatro finalistas pondrán rumbo a España para vivir una final extraña. Un duelo a cuatro donde no estará el perfecto superviviente, el que quiso demostrar que solo con supervivencia se puede llegar. Pero parece ser que no Leer En menos de 48 horas la palapa de Supervivientes 2026 cerrará sus puertas y los cuatro finalistas pondrán rumbo a España para vivir una final extraña. Un duelo a cuatro donde no estará el perfecto superviviente, el que quiso demostrar que solo con supervivencia se puede llegar. Pero parece ser que no Leer
No hay mayor putada en Supervivientes que ser expulsado a 48 horas de la gran final. No hay viaje en helicóptero a las instalaciones de Telecinco, no hay noche de infarto en las últimas pruebas, no hay la posibilidad de llevarse el cheque, no hay nada, más que quedarse a las puertas de la gran final. Ser el último expulsado supone perder todo el protagonismo y todo por lo que uno ha estado luchando durante casi 100 días. Y más, cuando ese expulsado es Aratz Lakuntza, el superviviente perfecto, el líder de los líderes, el concursante que decidió basar su concurso únicamente en la supervivencia. Anoche, en su duelo con Alba Paul, quedó una cosa demostrada: Supervivientes no es solo fuerza física y mental, son muchas cosas, y a Aratz de fuerza iba sobrado, pero no de lo demás.
Un duelo entre Aratz y Alba por la expulsión, que les permitió revivir la gran amistad que han forjado en Honduras, lo que hacía que él no pudiera evitar las lágrimas: «Desde el primer día he conectado con ella, ha sido mi mayor apoyo y siempre habíamos pensado en llegar a la final juntos, me duele mucho que uno de los dos no pueda».
«Desde el primer día de la experiencia te encontré a ti, sabía que iría mano a mano contigo, me diste ganas de seguir y sé que te mereces estar en esta final y, si no gano yo, gana tú. Lo has dado todo y lo vives con una ilusión que, igual a mí me ha faltado», añadía Alba Paul.
Cuando quedan unas horas para que María Lamela proceda a su primer cierre de la palapa, Supervivientes 2026 ya tiene el nombre de los cuatro finalistas que lucharán por la gloria de alzarse como el ganador de esta edición del reality: Alba Paul, Maica, Alvar Seguí y José Manuel Soto. Es curioso lo de los cuatro finalistas, pues los cuatro, se podría decir sin miedo a equivocarse, representan las cuatro patas de Supervivientes. Todos son supervivientes, y ese mérito no se le puede quitar a ninguno de ellos, pues aguantar casi 100 días en este reality ya es un premio en sí mismo. Pero cada uno representa una fortaleza y una razón de ser de Supervivientes.
Alvar Seguí, tras la expulsión anoche de Aratz, se queda como el superviviente perfecto, aunque nadie le va a poder quitar esa corona a Aratz. El nieto de De la Quadra-Salcedo ha interpretado su papel de intrépido aventurero desde el minuto uno. Si algo le ha fallado -y sí le ha fallado mucho- es haberse escondido detrás precisamente de ese papel. No ha sido claro ni sincero en su estrategia, ni siquiera cuando le descubrían sus compañeros o la organización de Supervivientes.
Nominaba sabiendo muy bien lo que hacía. De hecho, fue gracias a él y a una de sus jugadas por lo que en la final no está Claudia al enfrentar a Maica y a la villana a una expulsión histórica. Como jugada es perfecta, el problema es que Alvar Seguí, en un intento por no ponerse en contra a seguidores de uno y otro lado o a los espectadores en general, siempre se colocaba en la posición de las dudas, del «yo no he sido», del «no lo hice por…». Y esto al final siempre pasa factura. Tanta que ahora mismo la que más papeletas tiene de ganar Supervivientes 2026 es Maica, con un enfrentamiento que va a ser apoteósico si se cumplen mis augurios: un duelo Alba Paul vs. Maica.
Sin Aratz en la quiniela se pierde esa parte de los espectadores que apuestan por la supervivencia en todo su esplendor. Lo que durante 100 días consiguió Aratz no es lo mismo que lo que ha conseguido Alvar Seguí, precisamente porque a Alvar Seguí le ha fallado asumir sus decisiones con valentía, cosa que Aratz nunca ha tenido problema en hacer, diciendo las cosas tal cual las pensaba y las decidía. Si quitamos a José Manuel Soto de la ecuación, aunque ojo porque todavía en la memoria de muchos está la victoria de Pedro García Aguado, la final va a ser un duelo entre dos mujeres, entre dos antagonistas -la enemiga de Claudia y la gran amiga de Claudia– y entre dos concursantes con millones de seguidores. Si esto sucede, Supervivientes 2026 va a tener una final histórica.
Primero, porque ganará una mujer después de cinco años -la última fue Olga Moreno-; segundo, porque en este duelo tendrá mucho que ver Claudia Chacón, protagonista absoluta de esta edición; tercero, porque se enfrentarán dos universos inmensos de seguidores; y, por último, porque ambas, cada una a su manera, han demostrado que se puede sobrevivir en Supervivientes e, incluso, llegar a disfrutarlo. Que no se nos olvide que Maica y Alba Paul fueron dos de las supervivientes que al principio de la aventura estuvieron a un tris de abandonar al verse incapaces de poder con la experiencia.
Maica perdió a su gran apoyo el jueves pasado, a Claudia; y Alba Paul perdió al suyo anoche, a Aratz. Mientras Alvar Seguí y José Manuel Soto han vivido el concurso apoyándose en ellos mismos -probablemente más duro que hacerlo en alguien-, Maica y Alba Paul encontraron sus bastones en la dueña y señora del entretenimiento en esta edición de Supervivientes, y en el dueño y señor de la supervivencia en Supervivientes 2026.
¿Se merecen los cuatro finalistas haber llegado a la gran final de Supervivientes 2026? Esta es la pregunta que cada edición más polémica genera, pero la respuesta es muy fácil: si han aguantado hasta el final se lo merecen; otra cosa es a quién ahora el público considere que debe ganar. ¿Se merecía Aratz no estar en la final de Supervivientes? No, no se lo merecía. Aratz Lakuntza se lo merecía, al igual que se lo merecía Claudia Chacón, porque ellos dos han sido la representación más clara de lo que es Supervivientes: supervivencia y espectáculo. Sin Aratz Lakuntza, Supervivientes 2026 no habría tenido lo épico; sin Claudia Chacón, Supervivientes 2026 no habría tenido el show que sostiene un reality.
Aratz y Alba Paul se enfrentaban a la expulsión. «Los espectadores de Supervivientes han decidido con sus votos en la app de Mediaset Infinity que el concursante salvado sea…», entonaba Sandra Barneda. «¡Alba!», gritaba la presentadora desde plató. Aratz era el expulsado. El vasco se rompía y abrazaba a Alba, mientras Soto, que sigue sin creerse que pueda haber llegado hasta donde ha llegado, le pedía que mantuviera la cabeza bien alta y que se sintiera muy orgulloso de lo que había hecho.
Tiene razón Soto al haberle dicho a Aratz estas palabras. Aratz no está en la final, como estuvo Rubén Torres en su momento y que ganó, porque Supervivientes también depende de cuánto fandom tengas fuera. Y enfrentándose a Maica y a Alba Paul, Aratz tenía muy poco que hacer.
Como le dijo Sandra Barneda a Soto cuando le comunicó que era uno de los finalistas: «Has demostrado que a tus 65 años tienes la fuerza física, la capacidad mental para enfrentarte a cualquier reto relacionado con la supervivencia. Has sido la voz de la madurez, has sabido templar, te has ganado el cariño de tus compañeros, que te quieren y te apoyan; sin duda, yo creo que nos has regalado, no sé si la mejor, pero sí una de las mejores canciones de tu vida». Y también tiene razón Sandra Barneda, aunque de cara a la final la melodía que sonará será diferente.
Aratz Lakuntza se rompía, lloraba desconsolado, roto, destrozado porque efectivamente se ha dejado la piel por querer demostrar que es el mejor superviviente. «Ha sido un lujo y un privilegio ver cómo has disfrutado, te asoma el espíritu de Supervivientes por cada poro. Has dejado el listón muy alto, tu afán de superación y perseverancia nos ha dejado la boca abierta a todos», le dijo María Lamela para despedirle. No se le puede quitar ni una sola palabra a lo que le dijo María Lamela, pero Supervivientes es esto, es un reality, y un reality no lo gana la perfección.
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