La productora y Bambú Producciones vuelven a la carga con Oasis, una serie que navega entre el lujo, las apariencias de Instagram y el misterio. El proyecto acaba de aterrizar en Netflix y ya pelea en la zona alta de las listas globales Leer La productora y Bambú Producciones vuelven a la carga con Oasis, una serie que navega entre el lujo, las apariencias de Instagram y el misterio. El proyecto acaba de aterrizar en Netflix y ya pelea en la zona alta de las listas globales Leer
Gema R. Neira no necesita cartas de presentación. Detrás de algunos grandes éxitos de la ficción nacional de las últimas décadas -desde el fenómeno de Las chicas del cable hasta thrillers que devoran los ránkings de las plataformas- está su firma y la de Bambú Producciones. Ahora, R. Neira y la productora vuelven a la carga con Oasis, una serie que navega entre el lujo, las apariencias de Instagram y el misterio. El proyecto acaba de aterrizar en Netflix y ya pelea en la zona alta de las listas globales, conviviendo con transatlánticos de la pantalla.
Hablamos con ella sobre el reto de escribir para una generación hiperconectada, la gestión de la presión en la era del streaming y el blindaje psicológico que exige hoy en día un rodaje con talento emergente.
- Menuda locura de estreno. Número dos en España y metidos de lleno en el top 5 global desde el primer minuto. Sin embargo, os ha tocado coincidir en la cartelera con el estreno de la última adaptación de Harlan Coben (Te encontraré), que siempre bloquea el primer puesto.
- Bueno, ya sabemos cómo funciona esto. El éxito en posiciones no siempre refleja el volumen real de espectadores. Hay semanas vacías en las que te colocas el número uno con números discretos, y otras semanas donde coincide un lanzamiento súper potente y, aun teniendo muchísimos más espectadores, te quedas en el tres. Hay que esperar, ir poco a poco y ver el recorrido real. Pero estar ahí arriba ya es una señal buenísima.
- Hablemos del origen. Venís de hacer ficciones muy adultas, muy marcadas por las leyes del thriller. ¿Qué os empuja a mirar, de repente, hacia el universo adolescente con Oasis?
- La culpa, en el buen sentido, es de Ramón Campos. Tiene dos hijas adolescentes que le reclamaban constantemente poder ver lo que hacemos, porque siempre nos movíamos en tramas muy adultas. El reto era buscar una historia para ellas, pero sin traicionar nuestra propia identidad. A nosotros nos apasiona el misterio y el suspense, así que Oasis nació de la necesidad de fusionar ambos mundos.
- La fachada de la serie es muy magnética para el espectador actual: chavales guapos, privilegios, un hotel de lujo … Es puro Instagram. ¿Qué querías destripar realmente detrás de esa foto perfecta?
- Precisamente ese engaño. En Instagram te haces una foto idílica donde parece que estás solo en un entorno paradisíaco, pero detrás de la cámara hay una masa de gente. Con los chicos de la serie pasa lo mismo: parece que por tener dinero y estar disfrutando de un hotel de súper lujo son más felices, pero vas descubriendo que es todo lo contrario. Quienes viven atrapados en la fachada son, en el fondo, mucho más infelices que los que eligen vivir con honestidad.
«Quienes viven atrapados en la fachada son mucho más infelices que los que eligen vivir con honestidad»
- Oasis es una apuesta radical por caras nuevas, por actores muy jóvenes. En una industria que a veces prefiere ir a lo seguro con nombres consagrados, ¿qué te aporta el talento emergente que no encuentras en un actor veterano?
- Hay una pureza espectacular cuando alguien se enfrenta a un casting habiendo hecho muy poco o nada antes. En esta serie mezclamos a jóvenes con mucha experiencia y tablas con otros para los que es su primer proyecto, y es precioso ver cómo aflora ese talento en bruto. Pero lo que más me contagian es la ilusión y la capacidad de sorpresa, algo que intento conservar para mí misma. Cuando llevas 20 años de carrera es fácil caer en el desánimo o la rutina, pero ellos lo anulan todo con sus ganas. El otro día nos fuimos todos a la plaza de Callao a hacernos una foto debajo de las pantallas gigantes de la serie. Eso me recordó a cuando pusimos el cartel gigante de Las chicas del cable en la Puerta del Sol; esa emoción compartida es maravillosa.
- Coordinar un reparto tan coral y tan joven no debe ser fácil. ¿Cómo se diseña un proceso de casting para que no sea solo una suma de individualidades, sino un grupo de amigos creíble?
- Es un encaje de bolillos interactivo. Primero los ves por separado, pero luego el proceso se hace por grupos en función de las tramas principales. Necesitas testar las energías; hay actores que se ayudan mutuamente en escena y otros que no conectan tanto. Buscábamos perfiles que reflejaran diferentes tipos de jóvenes, pero que a la vez funcionaran como una pandilla real en pantalla, tanto en la amistad como en la enemistad. A veces te enamoras de un actor en su prueba individual, pero luego no encaja en la foto general porque se parece a otro. Hubo papeles que se cerraron al límite, pero hay que saber esperar a que aparezca la persona adecuada.
- En ese dilema entre «verdad» interpretativa y «técnica», ¿qué pusiste por delante? Porque la técnica se aprende, pero la verdad…
- Depende del proyecto, pero en Oasis buscábamos un tono muy naturalista dentro del código de una serie juvenil. Hay actores que llegan a ese naturalismo a través de la técnica y otros que lo tienen de forma innata y aprenderán el oficio en el camino. No descartamos a nadie por falta de técnica; preferíamos acompañarles en ese aprendizaje. Nos importaba más que entendieran la esencia del personaje y se lo llevaran a su terreno. De hecho, trabajamos mucho en el set ayudándoles a moldear los diálogos para que las frases les sonasen orgánicas y conectaran con el lenguaje real de su generación. La esencia siempre estuvo por delante de la técnica.
- Para que un chaval que está empezando se atreva a arriesgar y a exponerse emocionalmente, el entorno tiene que ser un búnker de confianza. ¿Cómo construisteis esa red de seguridad?
- Hubo un trabajo previo brutal de ensayos con David Pinillos (el director), y tanto el productor como yo estuvimos encima durante los dos meses y medio anteriores al rodaje para crear dinámicas de equipo. Pero la gran novedad esta vez es que contamos con el apoyo continuo de un psicólogo. Aunque Oasis es una serie bastante blanca, hay secuencias de intimidad. Contamos con un coordinador de intimidad, por supuesto, pero para muchos actores era su primera vez. El psicólogo sirvió para que pudieran compartir sus miedos en un espacio seguro. Al final todos generaron confianza muy rápido y no hizo falta una intervención profunda, pero ofrecer esa herramienta demuestra que nuestra preocupación por su bienestar era real y genuina. Si algo les desborda, tienen que saber que hay profesionales para sostenerlos.
- El gran caballo de Troya de las series juveniles es convencer a los hijos sin ahuyentar a los padres. ¿Cómo se escribe para los jóvenes de hoy sin caer en expresiones que caducan a los dos meses?
- Es el equilibrio más complejo. A mí me encantan las series de jóvenes, las consumo habitualmente como espectadora, así que reconecto rápido con mi «yo» de los 19 años. La clave ha sido mantener un lenguaje bastante neutro. Si metes la palabra de moda que se usa hoy en TikTok, cuando la serie se emita dentro de un año ya habrá pasado de moda. Queríamos una serie que puedas ver dentro de una década y percibas la época, pero no te chirríe. Y para el público adulto, el secreto es rodear a los chicos de un elenco de veteranos excepcional: Verónica Sánchez, Paco Tous, Alicia Borrachero, Unax Ugalde… Son caras reconocibles que dan entidad y peso específico a la producción.
«Es evidente que el uso de las pantallas y tener un teléfono móvil para relacionarte lo altera todo a nivel formal. Pero el núcleo duro, las preocupaciones esenciales, son exactamente las mismas»
- Tú que analizas la realidad para guionizarla, ¿ha cambiado tanto la juventud de ahora respecto a la de hace 10 o 15 años?
- Siento que ha cambiado todo y no ha cambiado nada. Es evidente que el uso de las pantallas y tener un teléfono móvil para relacionarte lo altera todo a nivel formal. Pero el núcleo duro, las preocupaciones esenciales, son exactamente las mismas que teníamos nosotros a su edad. Las preguntas de siempre: ¿Quién soy? ¿Cómo encajo en el mundo? ¿Por qué hago esto para agradar si en el fondo no conecta con lo que soy?. El miedo a las primeras veces, al primer amor, a la inseguridad… Eso es universal y eterno. Por eso los adultos podemos escribirlo y ellos, al leerlo, se reconocen perfectamente.
- Después de tantos años en la primera línea de la industria y con producciones mastodónticas a las espaldas, ¿el estómago se acostumbra o se siguen pasando noches sin dormir antes de un estreno?
- (Risas) Intento ponerme cada vez menos nerviosa, hago un trabajo consciente para gestionarlo. Al final, nuestro trabajo terminó hace meses y ahora toca compartirlo. Pero es imposible no sentir inquietud: un estreno determina tu futuro y el de un equipo técnico y artístico enorme. Antes me pasaba la noche en vela; ahora ya duermo, pero lo primero que hago al levantarme es mirar cómo va todo. Eso es buena señal: significa que te sigue importando.
- ¿Qué se lleva Gema R. Neira de esta nueva hornada de actores?
- Me llevo mucha esperanza en esta generación. Se les critica muchísimo desde fuera, pero yo he descubierto a unos profesionales disciplinados, trabajadores, buena gente y con un hambre constante de aprender. Tienen muchísimos valores. Y bueno, para qué nos vamos a engañar, estar rodeada de gente tan talentosa y guapa siempre es un auténtico placer.
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