Ya están disponibles en Movistar Plus los cuatro episodios de El señor de las moscas, la adaptación a televisión del clásico de la literatura británica escrito por William Golding y que Jack Thorne ha llevado a la ficción Leer Ya están disponibles en Movistar Plus los cuatro episodios de El señor de las moscas, la adaptación a televisión del clásico de la literatura británica escrito por William Golding y que Jack Thorne ha llevado a la ficción Leer
El señor de las moscas, la novela de William Golding, publicada en 1954, sigue siendo una de esas obras que no pierden filo con el paso del tiempo. Un retrato incómodo sobre la fragilidad de la civilización, la pérdida de la inocencia y la rapidez con la que la violencia puede abrirse paso cuando desaparecen las normas. Ahora, casi siete décadas después, Jack Thorne, uno de los guionistas británicos más influyentes de los últimos años, se atreve a revisitarla en una nueva adaptación televisiva que ya está disponible en Movistar Plus. Su versión convierte el clásico en un thriller contemporáneo sobre masculinidad, poder y supervivencia, sin perder de vista el espíritu original.
Thorne, responsable de títulos tan distintos como Enola Holmes, The Virtues, National Treasure o la obra teatral Harry Potter and the Cursed Child, vuelve a demostrar su habilidad para dialogar con textos icónicos sin desnaturalizarlos. Aquí lo hace desde una mirada muy pegada al presente. «El señor de las moscas mira directamente al populismo», afirma. «Necesitamos entender cómo nos comportamos y cómo se comportarán las personas que nos rodean. Golding escribió sobre todo esto de una forma extraordinaria, y es imposible no ver paralelismos con el momento en el que vivimos hoy».
La serie, dirigida por Marc Munden, se articula en cuatro episodios que siguen la estructura que Thorne propuso desde el principio: una especie de carrera de relevos en la que cada capítulo adopta la perspectiva de un personaje distinto (Piggy, Jack, Simon y Ralph). Esa mirada fragmentada permite que la historia avance a través de sus contradicciones, sus heridas y sus miedos. Y, según el guionista, fue clave para que los herederos de Golding dieran luz verde al proyecto y para que la adaptación encontrara su propio ritmo.
El británico reconoce que llevaba media vida soñando con adaptar El señor de las moscas, ya que no es un libro más para él, lo ha leído y releído durante 35 años, desde su adolescencia, y ha ido descubriendo nuevas capas a medida que crecía. Por eso, cuando surgió la oportunidad de presentarlo oficialmente a los herederos del autor, lo hizo con una propuesta muy clara: una miniserie de cuatro episodios, cada uno centrado en un personaje, que permitiera explorar la historia desde ángulos complementarios. «Siempre he querido hacer esta historia. Cuando presentamos el proyecto, lo planteamos como una serie de cuatro entregas y gracias a esa estructura, la transición del libro a la pantalla fue muy sencilla».
«Estamos perdiendo a una generación de jóvenes porque están ingiriendo odio, ya que es una respuesta a su soledad y aislamiento»
No obstante, lo que realmente le empujó a lanzarse fue la posibilidad de hablar sobre los chicos, sobre la masculinidad contemporánea y sobre cómo una generación entera está siendo moldeada por la soledad, la ira y el consumo de discursos de odio. «Estamos perdiendo a una generación de jóvenes porque están ingiriendo odio, ya que es una respuesta a su soledad y aislamiento», reflexiona. Para él, la novela de Golding es, en el fondo, un retrato tierno, aunque duro, de unos chicos complejos, vulnerables y atrapados en una lucha constante por el estatus y la pertenencia. «Es la perfecta destilación de nuestro problema contemporáneo en lo que respecta a la condición masculina».
Adaptar un clásico tan estudiado no es fácil. Thorne lo sabía. El mayor reto, explica, fue ajustar ciertas partes de la trama sin traicionar la firma del autor original de la obra. «Hubo momentos en los que necesitaba perfilar partes de la trama, y hacerlo de una manera que pareciera propia de Golding fue difícil a veces», reconoce. Aun así, asegura que el proceso fue casi íntimo, porque conocía el libro al detalle: «Cuando adaptas, gran parte del trabajo consiste en haber ingerido el libro y ser capaz de moverte por él casi a ciegas».
Esa familiaridad con la mítica obra se nota en la delicadeza con la que aborda los temas centrales: la violencia, el miedo, la pérdida de la inocencia, la construcción del poder y la fragilidad de la moral cuando desaparecen las normas. Thorne desea que esta versión anime al público a redescubrir el libro: «Ojalá esta adaptación ayude a que la gente entienda que la complejidad de la obra es mucho mayor de lo que suele reconocerse».
Si la escritura del británico colabora en la estructura, la dirección de Marc Munden aporta la textura. El guionista no escatima elogios hacia él: «Marc es un artista asombroso… piensa casi como un pintor. Su forma de elegir el color, de componer los planos y de narrar en el espacio dota a la serie de una identidad visual poderosa, casi hipnótica».
Una de las virtudes de Munden, según Thorne, es su capacidad para desaparecer, para no convertir la cámara en protagonista. Hay escenas de niños jugando con cangrejos, con arena, con lianas en el agua… que parecen sacadas de un documental, «como si la cámara simplemente hubiera estado allí, observando. Esa naturalidad, esa sensación de realidad cruda, es esencial para que la historia funcione».
Thorne es consciente de que El señor de las moscas se ha convertido en una especie de metáfora universal. La frase «esto se ha vuelto El señor de las moscas« se usa para describir cualquier situación que se descontrola. Pero él quiere que la serie devuelva al público al verdadero corazón del libro: «La brillantez y complejidad de Golding se descartan con demasiada facilidad». Su deseo es que la serie invite a la gente a volver al texto original, a redescubrirlo sin prejuicios.
Para él, la novela es un relato incómodo sobre quiénes somos y de qué somos capaces. Y la serie, aunque contemporánea en su mirada, intenta ser fiel a esa esencia. No busca suavizar ni moralizar, sino mostrar la crudeza del comportamiento humano cuando desaparecen las reglas. El guionista cree que una buena adaptación debe ofrecer algo nuevo incluso a quienes conocen la obra original. Y confía en que esta que se puede disfrutar en Movistar Plus lo consigue: «Hay una alegría especial en ver a una persona respirar como un personaje, pensar como un personaje». Los jóvenes actores, asegura, están sensacionales y completamente comprometidos con sus papeles.
En cuanto a los diálogos, «la serie es contenida, no abusa de las palabras», afirma Thorne. Lo que se dice es una mezcla entre lo que escribió Golding y lo que el propio guionista imaginó que podría haber escrito el autor: «Cuando Jack y Simon hablan, todo lo que dicen está tomado de pistas del libro, pero es una extrapolación influida por mí», explica. Y cuando sentía que estaba empujando demasiado, retrocedía: «No quería escuchar mis propias voces, sino sacar las suyas».
Ese respeto profundo por el texto original es lo que guía toda la adaptación. Thorne sabe que está tocando una obra admirada por muchos lectores, por eso, cada decisión está tomada con cuidado, con humildad y con la sensación de estar manejando algo frágil y valioso: «Espero haber conservado su magia. Considero un enorme honor haber recibido esta oportunidad».
La serie llega a Movistar Plus en un momento en el que la conversación sobre masculinidad, violencia, liderazgo y populismo está más viva que nunca. La historia de unos chicos atrapados en una isla, obligados a organizarse y a sobrevivir, resuena con fuerza en un mundo donde las estructuras sociales parecen tambalearse y donde los discursos extremos ganan terreno. Y Thorne lo resume con claridad: «El señor de las moscas no es solo una historia sobre niños perdidos. Es un espejo incómodo. Un recordatorio de que la civilización es más frágil de lo que creemos. Y de que, bajo la superficie, todos llevamos dentro una lucha entre la luz y la oscuridad».
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