La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha sido entrevistada esta mañana en El programa de Ana Rosa. No ha defraudado. Una entrevista a a Ayuso es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar Leer La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha sido entrevistada esta mañana en El programa de Ana Rosa. No ha defraudado. Una entrevista a a Ayuso es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar Leer
Pocos políticos son diamantes en bruto tan inmensos como lo es Isabel Díaz Ayuso para la televisión. Tenerla en un plató es vivir un reality concentrado en pocos minutos. Es un no parar de titulares, de declaraciones desbordantes, de sinceridad delirante, de esa que solo ocurre cuando tu boca va más rápido que tu cerebro. La presidenta de la Comunidad de Madrid ha estado esta mañana en El programa de Ana Rosa, donde ha sido entrevistada por Ana Rosa Quintana. Y, sí, ha sido un no parar de titulares por doquier a cada cual más punzante que el anterior, a cada cual más intenso que el anterior.
Cuando Isabel Díaz Ayuso se sienta ante el micrófono matinal, el guion se escribe solo. Y hoy, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha vuelto a demostrar que su frutería particular sigue abierta las veinticuatro horas y con el género de temporada bien fresco.
A Ayuso le sigue gustando mucho la fruta. Muchísimo. De hecho, ha hecho de la pieza de fruta el menú único de su estrategia de comunicación, ese plátano de canarias que te comes antes de entrar a un ring de boxeo.
Sentada con esa soltura de quien sabe que juega en casa -o en el equivalente televisivo a su zona de confort institucional-, Ayuso no ha defraudado a su parroquia. Ha desplegado esa coreografía tan suya que domina a la perfección: la de la víctima que, en realidad, lleva el látigo. Con esa media sonrisa de «yo no he sido» pero «os lo vais a tragar», ha ido despachando los temas de la actualidad nacional con la soltura de quien reparte turnos en la pescadería. ¿Gobernabilidad? Fruta. ¿Oposición? Más fruta. ¿Que le preguntan por la última polémica de su entorno? Ella te saca una bandeja de nísperos ideológicos y te cambia el plano.
Ana Rosa Quintana, que sabe muy bien cuál es el punto débil de cada político, pues otra cosa no, pero tenerlos delante los ha tenido muchas veces y a muchos, ha ido tocar la tecla que iba a lanzar a la piscina a Isabel Díaz Ayuso. La presentadora le ha preguntado qué sintió cuando Pedro Sánchez se acordó de ella desde el Congreso de los Diputados. Y Ayuso no drefaudó. Tiró de uno de sus mejores claim. Ella también sabe dónde juega y a qué juega.
«Ustedes hostigan a mi mujer por llevarse cero euros en su trabajo y protege a un tipo que se está haciendo millonario a costa de la privatización de la salud de los ciudadanos de Madrid», fue el ‘recuerdo’ de Pedro Sánchez en la cámara baja haciendo alusión a la pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid.
«¿Le pitaron los oídos?», le preguntó muy hábil Ana Rosa Quintana. «No, simplemente, volvía a recordar que me gusta mucho la fruta». Sin filtros.
Lo fascinante de la entrevista de esta mañana no ha sido el qué -que a estas alturas nos lo sabemos ya de memoria, con los mantras de la libertad y el «comunismo o libertad» convenientemente actualizados para el consumo diario-, sino el cómo. Ayuso maneja los tiempos televisivos como una veterana de los platós, mirando a cámara en el momento exacto en que sabe que el realizador va a pinchar su primer plano. Sabe perfectamente qué frase va a ser el corte de vídeo que inundará las redes sociales antes de que termine el bloque publicitario.
Le gusta la fruta, lo sabemos, pero también le gusta mantener la lucha sin cuartel que mantiene contra Sánchez. No bastó con recordar la fruta había que actualizar la promo. ¡Y vaya si lo hizo! «España está en manos de este señor que es un personaje, lo más nefasto que hemos tenido en Democracia, que es capaz de llevarnos a dónde sea. Él está desquiciado y pretende desquiciarlo todo, pero día a día se ve que tiene las horas contadas (…) Está a punto de caer completamente carcomido». Un vaticinio judicial dictado entre sorbo y sorbo de café de plató. «Sánchez, eres un sivergüenza», dijo mirando a cámara. Es que se come la cámara. Seamos sinceros. Y comiéndose la cámara casca que es «lo peor para España», que «es un disparate», que «es un infame» y todos los improperios que uno pueda imaginar.
¿Andaban buscando carnaza sobre el clima político y las comisiones parlamentarias? Ayuso traía la bandeja llena. Despachó la situación institucional asegurando que Moncloa está ejecutando «una persecución sin precedentes contra el discrepante» y que se está utilizando el aparato del Estado para tapar «los verdaderos escándalos que acechan al entorno de la Moncloa». Para ella, las comisiones de investigación del Congreso no son más que «un tribunal de la Inquisición montado por los socios del Gobierno» encaminado a desviar la atención de la presunta corrupción que, según sus palabras, «pudre los cimientos del sanchismo».
La entrevista ha sido, en definitiva, un recordatorio de que en la política madrileña la digestión es pesada, pero el postre siempre es el mismo. Ayuso sigue abonada a su frutería de cabecera, esa donde los insultos se disfrazan de ironía progre y los ataques se devuelven con almíbar. Sigan pasando, señores, que hoy la fruta está barata y el «sanchismo» tiene, según la pitonisa de Sol, los días contados.
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