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  Cultura  Jaime Abello, director general de la Fundación Gabo: “El periodismo juega una función crucial para la democracia”
Cultura

Jaime Abello, director general de la Fundación Gabo: “El periodismo juega una función crucial para la democracia”

julio 7, 2026
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Jaime Abello, director general de la Fundación Gabo: “El periodismo juega una función crucial para la democracia”

El responsable de la institución repasa los grandes desafíos a los que se enfrenta el periodismo, entre ellos el descrédito de los medios y la falta de financiación, e incide en que la vocación será determinante

Eva Orúe, destituida como directora de la Feria del Libro de Madrid, que ya trabaja en “una nueva etapa”

Hacer frente a las vicisitudes que atraviesa el periodismo en un clima de desinformación, fake news, populismo y descrédito de los medios no es empresa fácil. Sin embargo, la Fundación Gabo, creada hace más de tres décadas para fortalecer el periodismo en Iberoamérica y preservar el legado del colombiano Gabriel García Márquez, sigue siendo un faro de guía en medio de la ventisca. Hace apenas unos días, la entidad fue reconocida con el XIV Premio Internacional de Periodismo Cátedra Manu Leguineche. Es la primera ver que el galardón recae en esta institución de la que Jaime Abello (Barranquilla, 1958) es su director general y cofundador. “Los periodistas son personas movidas por la vocación, que entienden que prestan un servicio”, adelanta.

La Fundación Gabo se creó legalmente en 1994, a finales de junio. Su primera actividad llegó un año después, con un seminario sobre libertad de expresión y protección al trabajo periodístico en Colombia, al que le siguieron encuentros de comunicadores colombianos y venezolanos durante tensiones fronterizas entre los dos países. “Ha cambiado el mundo y ha cambiado el periodismo desde entonces, y claramente la tecnología ha sido decisiva en esos cambios”, enfatiza Abello en conversación telefónica con elDiario.es.

Desde el punto de vista de este experto en comunicación, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) ha generado una “reconfiguración económica, funcional y de relaciones sociales” frente al papel que tradicionalmente cumplían los medios como plataformas de comunicación y el periodismo como fuente de conocimiento de la vida cotidiana de la política y la sociedad. “Claramente, mucho de lo que alimentaba la economía de los medios y las audiencias se ha trasladado a las plataformas digitales. El periodismo está obligado, o lo ha estado, a ir revalorizando y redefiniendo su papel”, añade.


Jaime Abello junto a Gabriel García Márquez


Jaime Abello junto a Gabriel García Márquez

Una pregunta le ronda la cabeza desde hace un tiempo a Abello: qué es indispensable en el periodismo una vez que la comunicación se ha multiplicado al máximo y ya no es un privilegio la capacidad de comunicar de forma masiva y las redes están repletas de opiniones baratas sin demasiada elaboración. Él mismo se responde: “El valor del periodismo se resuelve en aquellos campos donde el periodismo es único, indispensable, decisivo e irremplazable. El periodismo juega una función crucial para la democracia y eso nos hace estar convencidos de que hay futuro”.

Contra la información populista

El diluvio de contenidos al que un usuario de cualquier red social se ve expuesto pasa por el hecho de que la comunicación hacia unas potenciales masas ya no requiere una intermediación mediática. Eso lo explotan bien los políticos populistas, quienes se decantan por una comunicación directa con las audiencias. “Muchos de esos mensajes que lanzan y que llegan sin filtro son pura propaganda. Eso lo vemos ahora en figuras emblemáticas como Trump, con imitadores en otras partes del mundo, quienes con gran descaro y falta de respeto a la ética comunicacional usan la mentira abiertamente como arma política”, completa Abello tras recibir el galardón promovido por la Diputación de Guadalajara, la Universidad de Alcalá de Henares, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, la Asociación de la Prensa de Guadalajara y el Ayuntamiento de Brihuega.

De ahí la irrupción del factchecking como modalidad de periodismo que busca preservar la capacidad de que la información sirva como elemento cívico, explica el mismo Abello. “Y tiene mucho sentido preservar ese papel porque la IA, que se erige como una alternativa aparentemente eficaz, no solo está plagada de errores, sino que actúa bajo los sesgos del algoritmo o de los intereses comerciales detrás de la empresa que la desarrolla”, defiende el experto en libertad de información.

La IA no solo está plagada de errores, sino que actúa bajo los sesgos del algoritmo o de los intereses comerciales detrás de la empresa que la desarrolla

Jaime Abello
— Director general de la Fundación Gabo

Al director de la Fundación Gabo no le pasa desapercibido que la política usa la comunicación para sus propios fines y propósitos. “Básicamente, para llegar al poder y mantenerse”, abunda. Dentro de esa estrategia, el peligro aparece cuando los partidos se apoyan en “pseudomedios informativos y agentes comunicacionales”, tal y como los define, que responden a esos intereses y no a una verdadera vocación de transmitir de forma honesta y rigurosa lo que sucede.

De esta forma, aparece el dilema de cómo frenar el fenómeno. La libertad de expresión exige responsabilidad, pero hay posiciones que indican lo contrario, asume Abello. Por ejemplo, el Gobierno de EEUU ha legislado de mano de las grandes plataformas para que no haya ningún límite en torno a la libertad de expresión. Por eso, el director general de la Fundación Gabo defiende que los jueces podrían jugar un papel importante en la cuestión, “pero antes hay que perfeccionar los instrumentos jurídicos para que la desinformación dolosa tenga consecuencias”, apuntilla.

Descrédito de las instituciones

En España, la confianza de la ciudadanía en la información que publican los medios se sitúa en una nota media de un 5,4 sobre 10, el registro más bajo desde 2022, según el XXII Informe Anual de la Profesión Periodística, elaborado por la Asociación de la Prensa de Madrid. Desde la perspectiva de Abello, el descrédito es generalizado contra todo tipo de instituciones sociales como “parte del problema que viven las democracias”. Así lo explica: “Nuestras democracias están construidas cada vez más en el miedo. Hay una sensación general de inseguridad e incertidumbre, y dentro de eso el periodismo ha pagado su costo”. Asimismo, recalca que esta realidad también es resultado del poder que en un momento dado llegaron a manejar los medios más masivos y que no siempre fue utilizado con la honradez pertinente.

Abello se decanta por realizar un “gran esfuerzo” en reconocer que la ciudadanía debe generar unas “expectativas más razonables” a la hora de pedir resultados a la democracia. “A veces, vemos que terminamos en manos de unos líderes que aprovechan las debilidades de la democracia para instalarse en el poder y corroer sus propios mecanismos”, valora.

Mientras haya periodistas que creen que su oficio le sirve a la sociedad, existirá el periodismo

Jaime Abello
— Director general de la Fundación Gabo

Ilustra la cuestión con El Salvador de Bukele: “Ha conseguido tener un país más seguro y menos democrático al violar los derechos humanos. Se intenta perpetuar en el poder y trabaja activamente contra los partidos de la oposición y los medios de comunicación”. Desde la Fundación Gabo consideran que esta estrategia de incluir al periodismo en la lista de instituciones que merecen el descrédito social es el paso previo para luego limitar y restringir desde el poder su cometido de control al propio poder.

La vocación como diferencia

Varios fenómenos no demasiado halagüeños para el periodismo libre se suceden frente a él. Por un lado, la ciudadanía ha perdido la confianza en el periodismo y prefiere informarse por redes sociales. Por otro, el periodismo crítico que trata de erigirse como factor democrático se queda sin fuentes de financiación. “Muchos medios se ven en medio de este sándwich, entre la audiencia que le pide compromiso con determinadas causas y el reclamo de imparcialidad”, profundiza Abello.

En este sentido, la Fundación Gabo enfrenta el populismo, la falta de financiación y la irrupción de la IA como desafíos a sortear en un futuro en el que será esencial un valor que marca la diferencia: “Tenemos la convicción de que los periodistas son personas movidas por la vocación, que entienden que prestan un servicio, que sienten pasión por participar de la vida pública, de contar historias y tratar de entender y explicar la realidad”.

Abello lo tiene claro. “Mientras esa llama se mantenga, habrá periodismo, aun con las dificultades y adversidades y limitaciones de todo tipo que existan. Mientras haya periodistas que creen que su oficio le sirve a la sociedad, existirá el periodismo”, exclama orgulloso. Eso es lo que les dejó encomendado hace más de 30 años el premio Nobel Gabriel García Márquez, cuya Fundación ahora recibe el mismo reconocimiento que la labor de periodistas como Lydia Cacho, Javier Espinosa, Pepa Bueno, Ramón lobo, Almudena Ariza y Martín Caparrós.

 El responsable de la institución repasa los grandes desafíos a los que se enfrenta el periodismo, entre ellos el descrédito de los medios y la falta de financiación, e incide en que la vocación será determinante
Eva Orúe, destituida como directora de la Feria del Libro de Madrid, que ya trabaja en “una nueva etapa”

Hacer frente a las vicisitudes que atraviesa el periodismo en un clima de desinformación, fake news, populismo y descrédito de los medios no es empresa fácil. Sin embargo, la Fundación Gabo, creada hace más de tres décadas para fortalecer el periodismo en Iberoamérica y preservar el legado del colombiano Gabriel García Márquez, sigue siendo un faro de guía en medio de la ventisca. Hace apenas unos días, la entidad fue reconocida con el XIV Premio Internacional de Periodismo Cátedra Manu Leguineche. Es la primera ver que el galardón recae en esta institución de la que Jaime Abello (Barranquilla, 1958) es su director general y cofundador. “Los periodistas son personas movidas por la vocación, que entienden que prestan un servicio”, adelanta.

La Fundación Gabo se creó legalmente en 1994, a finales de junio. Su primera actividad llegó un año después, con un seminario sobre libertad de expresión y protección al trabajo periodístico en Colombia, al que le siguieron encuentros de comunicadores colombianos y venezolanos durante tensiones fronterizas entre los dos países. “Ha cambiado el mundo y ha cambiado el periodismo desde entonces, y claramente la tecnología ha sido decisiva en esos cambios”, enfatiza Abello en conversación telefónica con elDiario.es.

Desde el punto de vista de este experto en comunicación, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) ha generado una “reconfiguración económica, funcional y de relaciones sociales” frente al papel que tradicionalmente cumplían los medios como plataformas de comunicación y el periodismo como fuente de conocimiento de la vida cotidiana de la política y la sociedad. “Claramente, mucho de lo que alimentaba la economía de los medios y las audiencias se ha trasladado a las plataformas digitales. El periodismo está obligado, o lo ha estado, a ir revalorizando y redefiniendo su papel”, añade.

Jaime Abello junto a Gabriel García Márquez

Una pregunta le ronda la cabeza desde hace un tiempo a Abello: qué es indispensable en el periodismo una vez que la comunicación se ha multiplicado al máximo y ya no es un privilegio la capacidad de comunicar de forma masiva y las redes están repletas de opiniones baratas sin demasiada elaboración. Él mismo se responde: “El valor del periodismo se resuelve en aquellos campos donde el periodismo es único, indispensable, decisivo e irremplazable. El periodismo juega una función crucial para la democracia y eso nos hace estar convencidos de que hay futuro”.
Contra la información populista
El diluvio de contenidos al que un usuario de cualquier red social se ve expuesto pasa por el hecho de que la comunicación hacia unas potenciales masas ya no requiere una intermediación mediática. Eso lo explotan bien los políticos populistas, quienes se decantan por una comunicación directa con las audiencias. “Muchos de esos mensajes que lanzan y que llegan sin filtro son pura propaganda. Eso lo vemos ahora en figuras emblemáticas como Trump, con imitadores en otras partes del mundo, quienes con gran descaro y falta de respeto a la ética comunicacional usan la mentira abiertamente como arma política”, completa Abello tras recibir el galardón promovido por la Diputación de Guadalajara, la Universidad de Alcalá de Henares, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, la Asociación de la Prensa de Guadalajara y el Ayuntamiento de Brihuega.

De ahí la irrupción del factchecking como modalidad de periodismo que busca preservar la capacidad de que la información sirva como elemento cívico, explica el mismo Abello. “Y tiene mucho sentido preservar ese papel porque la IA, que se erige como una alternativa aparentemente eficaz, no solo está plagada de errores, sino que actúa bajo los sesgos del algoritmo o de los intereses comerciales detrás de la empresa que la desarrolla”, defiende el experto en libertad de información.

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De esta forma, aparece el dilema de cómo frenar el fenómeno. La libertad de expresión exige responsabilidad, pero hay posiciones que indican lo contrario, asume Abello. Por ejemplo, el Gobierno de EEUU ha legislado de mano de las grandes plataformas para que no haya ningún límite en torno a la libertad de expresión. Por eso, el director general de la Fundación Gabo defiende que los jueces podrían jugar un papel importante en la cuestión, “pero antes hay que perfeccionar los instrumentos jurídicos para que la desinformación dolosa tenga consecuencias”, apuntilla.
Descrédito de las instituciones
En España, la confianza de la ciudadanía en la información que publican los medios se sitúa en una nota media de un 5,4 sobre 10, el registro más bajo desde 2022, según el XXII Informe Anual de la Profesión Periodística, elaborado por la Asociación de la Prensa de Madrid. Desde la perspectiva de Abello, el descrédito es generalizado contra todo tipo de instituciones sociales como “parte del problema que viven las democracias”. Así lo explica: “Nuestras democracias están construidas cada vez más en el miedo. Hay una sensación general de inseguridad e incertidumbre, y dentro de eso el periodismo ha pagado su costo”. Asimismo, recalca que esta realidad también es resultado del poder que en un momento dado llegaron a manejar los medios más masivos y que no siempre fue utilizado con la honradez pertinente.

Abello se decanta por realizar un “gran esfuerzo” en reconocer que la ciudadanía debe generar unas “expectativas más razonables” a la hora de pedir resultados a la democracia. “A veces, vemos que terminamos en manos de unos líderes que aprovechan las debilidades de la democracia para instalarse en el poder y corroer sus propios mecanismos”, valora.

Mientras haya periodistas que creen que su oficio le sirve a la sociedad, existirá el periodismo

Jaime Abello
— Director general de la Fundación Gabo

Ilustra la cuestión con El Salvador de Bukele: “Ha conseguido tener un país más seguro y menos democrático al violar los derechos humanos. Se intenta perpetuar en el poder y trabaja activamente contra los partidos de la oposición y los medios de comunicación”. Desde la Fundación Gabo consideran que esta estrategia de incluir al periodismo en la lista de instituciones que merecen el descrédito social es el paso previo para luego limitar y restringir desde el poder su cometido de control al propio poder.
La vocación como diferencia
Varios fenómenos no demasiado halagüeños para el periodismo libre se suceden frente a él. Por un lado, la ciudadanía ha perdido la confianza en el periodismo y prefiere informarse por redes sociales. Por otro, el periodismo crítico que trata de erigirse como factor democrático se queda sin fuentes de financiación. “Muchos medios se ven en medio de este sándwich, entre la audiencia que le pide compromiso con determinadas causas y el reclamo de imparcialidad”, profundiza Abello.

En este sentido, la Fundación Gabo enfrenta el populismo, la falta de financiación y la irrupción de la IA como desafíos a sortear en un futuro en el que será esencial un valor que marca la diferencia: “Tenemos la convicción de que los periodistas son personas movidas por la vocación, que entienden que prestan un servicio, que sienten pasión por participar de la vida pública, de contar historias y tratar de entender y explicar la realidad”.

Abello lo tiene claro. “Mientras esa llama se mantenga, habrá periodismo, aun con las dificultades y adversidades y limitaciones de todo tipo que existan. Mientras haya periodistas que creen que su oficio le sirve a la sociedad, existirá el periodismo”, exclama orgulloso. Eso es lo que les dejó encomendado hace más de 30 años el premio Nobel Gabriel García Márquez, cuya Fundación ahora recibe el mismo reconocimiento que la labor de periodistas como Lydia Cacho, Javier Espinosa, Pepa Bueno, Ramón lobo, Almudena Ariza y Martín Caparrós.  

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Eva Orúe, destituida como directora de la Feria del Libro de Madrid, que ya trabaja en “una nueva etapa”

Hacer frente a las vicisitudes que atraviesa el periodismo en un clima de desinformación, fake news, populismo y descrédito de los medios no es empresa fácil. Sin embargo, la Fundación Gabo, creada hace más de tres décadas para fortalecer el periodismo en Iberoamérica y preservar el legado del colombiano Gabriel García Márquez, sigue siendo un faro de guía en medio de la ventisca. Hace apenas unos días, la entidad fue reconocida con el XIV Premio Internacional de Periodismo Cátedra Manu Leguineche. Es la primera ver que el galardón recae en esta institución de la que Jaime Abello (Barranquilla, 1958) es su director general y cofundador. “Los periodistas son personas movidas por la vocación, que entienden que prestan un servicio”, adelanta.

La Fundación Gabo se creó legalmente en 1994, a finales de junio. Su primera actividad llegó un año después, con un seminario sobre libertad de expresión y protección al trabajo periodístico en Colombia, al que le siguieron encuentros de comunicadores colombianos y venezolanos durante tensiones fronterizas entre los dos países. “Ha cambiado el mundo y ha cambiado el periodismo desde entonces, y claramente la tecnología ha sido decisiva en esos cambios”, enfatiza Abello en conversación telefónica con elDiario.es.

Desde el punto de vista de este experto en comunicación, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) ha generado una “reconfiguración económica, funcional y de relaciones sociales” frente al papel que tradicionalmente cumplían los medios como plataformas de comunicación y el periodismo como fuente de conocimiento de la vida cotidiana de la política y la sociedad. “Claramente, mucho de lo que alimentaba la economía de los medios y las audiencias se ha trasladado a las plataformas digitales. El periodismo está obligado, o lo ha estado, a ir revalorizando y redefiniendo su papel”, añade.


Jaime Abello junto a Gabriel García Márquez


Jaime Abello junto a Gabriel García Márquez

Una pregunta le ronda la cabeza desde hace un tiempo a Abello: qué es indispensable en el periodismo una vez que la comunicación se ha multiplicado al máximo y ya no es un privilegio la capacidad de comunicar de forma masiva y las redes están repletas de opiniones baratas sin demasiada elaboración. Él mismo se responde: “El valor del periodismo se resuelve en aquellos campos donde el periodismo es único, indispensable, decisivo e irremplazable. El periodismo juega una función crucial para la democracia y eso nos hace estar convencidos de que hay futuro”.

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De ahí la irrupción del factchecking como modalidad de periodismo que busca preservar la capacidad de que la información sirva como elemento cívico, explica el mismo Abello. “Y tiene mucho sentido preservar ese papel porque la IA, que se erige como una alternativa aparentemente eficaz, no solo está plagada de errores, sino que actúa bajo los sesgos del algoritmo o de los intereses comerciales detrás de la empresa que la desarrolla”, defiende el experto en libertad de información.

La IA no solo está plagada de errores, sino que actúa bajo los sesgos del algoritmo o de los intereses comerciales detrás de la empresa que la desarrolla

Jaime Abello
— Director general de la Fundación Gabo

Al director de la Fundación Gabo no le pasa desapercibido que la política usa la comunicación para sus propios fines y propósitos. “Básicamente, para llegar al poder y mantenerse”, abunda. Dentro de esa estrategia, el peligro aparece cuando los partidos se apoyan en “pseudomedios informativos y agentes comunicacionales”, tal y como los define, que responden a esos intereses y no a una verdadera vocación de transmitir de forma honesta y rigurosa lo que sucede.

De esta forma, aparece el dilema de cómo frenar el fenómeno. La libertad de expresión exige responsabilidad, pero hay posiciones que indican lo contrario, asume Abello. Por ejemplo, el Gobierno de EEUU ha legislado de mano de las grandes plataformas para que no haya ningún límite en torno a la libertad de expresión. Por eso, el director general de la Fundación Gabo defiende que los jueces podrían jugar un papel importante en la cuestión, “pero antes hay que perfeccionar los instrumentos jurídicos para que la desinformación dolosa tenga consecuencias”, apuntilla.

Descrédito de las instituciones

En España, la confianza de la ciudadanía en la información que publican los medios se sitúa en una nota media de un 5,4 sobre 10, el registro más bajo desde 2022, según el XXII Informe Anual de la Profesión Periodística, elaborado por la Asociación de la Prensa de Madrid. Desde la perspectiva de Abello, el descrédito es generalizado contra todo tipo de instituciones sociales como “parte del problema que viven las democracias”. Así lo explica: “Nuestras democracias están construidas cada vez más en el miedo. Hay una sensación general de inseguridad e incertidumbre, y dentro de eso el periodismo ha pagado su costo”. Asimismo, recalca que esta realidad también es resultado del poder que en un momento dado llegaron a manejar los medios más masivos y que no siempre fue utilizado con la honradez pertinente.

Abello se decanta por realizar un “gran esfuerzo” en reconocer que la ciudadanía debe generar unas “expectativas más razonables” a la hora de pedir resultados a la democracia. “A veces, vemos que terminamos en manos de unos líderes que aprovechan las debilidades de la democracia para instalarse en el poder y corroer sus propios mecanismos”, valora.

Mientras haya periodistas que creen que su oficio le sirve a la sociedad, existirá el periodismo

Jaime Abello
— Director general de la Fundación Gabo

Ilustra la cuestión con El Salvador de Bukele: “Ha conseguido tener un país más seguro y menos democrático al violar los derechos humanos. Se intenta perpetuar en el poder y trabaja activamente contra los partidos de la oposición y los medios de comunicación”. Desde la Fundación Gabo consideran que esta estrategia de incluir al periodismo en la lista de instituciones que merecen el descrédito social es el paso previo para luego limitar y restringir desde el poder su cometido de control al propio poder.

La vocación como diferencia

Varios fenómenos no demasiado halagüeños para el periodismo libre se suceden frente a él. Por un lado, la ciudadanía ha perdido la confianza en el periodismo y prefiere informarse por redes sociales. Por otro, el periodismo crítico que trata de erigirse como factor democrático se queda sin fuentes de financiación. “Muchos medios se ven en medio de este sándwich, entre la audiencia que le pide compromiso con determinadas causas y el reclamo de imparcialidad”, profundiza Abello.

En este sentido, la Fundación Gabo enfrenta el populismo, la falta de financiación y la irrupción de la IA como desafíos a sortear en un futuro en el que será esencial un valor que marca la diferencia: “Tenemos la convicción de que los periodistas son personas movidas por la vocación, que entienden que prestan un servicio, que sienten pasión por participar de la vida pública, de contar historias y tratar de entender y explicar la realidad”.

Abello lo tiene claro. “Mientras esa llama se mantenga, habrá periodismo, aun con las dificultades y adversidades y limitaciones de todo tipo que existan. Mientras haya periodistas que creen que su oficio le sirve a la sociedad, existirá el periodismo”, exclama orgulloso. Eso es lo que les dejó encomendado hace más de 30 años el premio Nobel Gabriel García Márquez, cuya Fundación ahora recibe el mismo reconocimiento que la labor de periodistas como Lydia Cacho, Javier Espinosa, Pepa Bueno, Ramón lobo, Almudena Ariza y Martín Caparrós.

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