A la espera de saber quién es la misteriosa y «explosiva» concursante que este jueves llegará a Supervivientes, anoche Ion Aramendi y María Lamela vivieron uno de los momentos de mayor tensión entre los concursantes en esta edición Leer A la espera de saber quién es la misteriosa y «explosiva» concursante que este jueves llegará a Supervivientes, anoche Ion Aramendi y María Lamela vivieron uno de los momentos de mayor tensión entre los concursantes en esta edición Leer
Antes de que María Lamela pusiera rumbo a Honduras para enfrentarse a ser la nueva presentadora de Supervivientes en Cayo Cochinos, la gallega ya advirtió de que iba a ser empática, pero que si le hacían sacar el genio, ella lo iba a sacar sin que se le cayeran los anillos. Hasta el momento no había hecho falta, pues los supervivientes se han mantenido estos 20 días en una especie de letargo adaptativo donde no tenían fuerzas ni para discutir, ni prácticamente para nada. Sin embargo, por lo que dejaron entrever anoche en Supervivientes: En Tierra de Nadie, parece que el periodo de adptación de tres semanas está llegando a su fin, y los supervivientes han empezado a despertar.
No solo muchos de ellos comunicaron anoche a Ion Aramendi que habían dejado de tener pensamientos intrusivos sobre abandonar -todos, menos Gabriela Guillén que sigue manteniendo el protocolo de abandono en suspenso- sino que los diferentes espacios de cada programa han empezado a recobrar un poco de sentido y emoción. Pasito a pasito, pero parece que se empieza a ver luz al final del túnel.
Supervivientes: En Tierra de Nadie se encargó anoche de poner en valor el esfuerzo por salir de este agujero de desidia en el que se habían instalado los supervivientes. Se mostraron decenas de vídeos de ellos pescando, yendo a por leña, abriéndose la cabeza mientras se aventuraban en busca de ramas –José Manuel Soto se llevó un buen golpe en la cabeza con sangre incluida-, más animados, más implicados en la convivencia… Incluso en la prueba de recompensa, donde se jugaban una bandeja gigantesca de huevos fritos con patatas y jamón, se vio un aire diferente en todos los concursantes.
Sin embargo, fue en la Zona Roja, el lugar en el que este año los supervivientes se enfrentan a sus problemas de convivencia, donde se vio claramente ese despertar. La Zona Roja trajo anoche tensión y más de un cruce y disputa durante la gala de Supervivientes. Tierra de Nadie. Es decir, anoche Supervivientes recuperó esa parte de reality puro y duro que también es necesario para mantener el éxito del formato.
El mayor de los enfrentamientos vividos anoche lo protagonizaron Claudia y Alba Paul, dos concursantes que no es la primera vez que han mostrado ya sus más y sus menos desde el primer día de reality. Sin embargo, no fueron las únicos, pues el duelo de machos alfa que mantienen Gerard y Alvar en Playa Victoria también provocó un tenso choque, que llevo a que ambas playas estallasen entre sí y, sobre todo, que María Lamela haya tenido que sacar el látigo por primera vez desde que arrancase Supervivientes 2026.
Hasta el momento, María Lamela ha sido la presentadora perfecta, pero faltaba ver cómo reaccionaría a un programa en el que supervivientes se descontrolasen. En las pruebas es fantástica, pues no deja que se le escape ni una, les vigila, está atenta, no pasa ni media y a la mínima que ve que alguno intenta hacerse el listo, María Lamela le para los pies antes de que la cosa termine en las habituales acusaciones de trampas. Anoche, por ejemplo, durante la prueba de recompensa, María Lamela sufrió de lo lindo advirtiendo una y otra vez de que no empujaran la plataforma demasiado fuerte, pues se corría el riesgo que la torre se cayera con una compañera en lo más alto. Es decir, a María Lamela se le multiplican los ojos cuando arrancan los directos.
Pero ha sido enpleno estallido de Claudia, involucrada de nuevo en la bronca que habían comenzado Gerard y Alvar por el «ti, ti, ti, ti» del segundo -para que se entienda, porque es «muy pesado»-, y tras varios avisos de Ion Aramendi pidiendo, silencio y que mantuvieran el turno de palabra, cuando María Lamela ha parado con un grito el programa: «¡Chicos, silencioooooooo! ¡No quiero gritar, de verdad!».
Tras el bocinazo, más que merecido, porque era imposible enterarse de absolutamente anda, María Lamela les ha advertido las veces que el presentador había llamado la atención desde Madrid y estos habían hecho caso omiso: «Os está hablando Ion toda la noche y no estáis respetando cuando os habla. Os voy a pedir, por favor, que habléis por turnos y sin gritar, por favor, ¿vale?». Ion Aramendi le daba las gracias a María Lamela porque sin su grito, la Zona Roja se hubiera ido completamente de las manos.
Puede parecer una nimiedad y una chorrada, pero no es así. Controlar a un buen grupo de personas cansadas, hastiadas, con los nervios a flor piel, con la cabeza en el hambre, el sueño, en las ganas de largarse de allí, no es fácil. Hasta el momento, María Lamela no se había tenido que enfrentar a una trifulca en directo, pero, de nuevo, María Lamela ha demostrado que su fichaje ha sido uno de los grandes aciertos de esta edición de Supervivientes. De hecho, ha sido pegar el grito y las aguas volvían a su cauce.
Para que veáis cómo la cosa está cambiando en Supervivientes anoche, por primera vez en esta edición, dos concursantes recibieron el castigo impuesto por sus compañeros: Alvar y Claudia. Cada uno de ellos fue elegido por sus compañeros de playa por el mal rollito que generan en sus respectivas playas. Ambos tendrán que cocinar y repartir la comida si no quieren enfrentarse a una nueva sación. Y es que Claudia, como ya hiciera en La isla de las tentaciones, es un pozo sin fondo de movidas.
La tensión enPlaya Derrota no ha dejado de crecer, especialmente cuando llega el momento de repartir la comida. Playa Derrota, como bien indica su nombre, es la playa del sufrimiento, pues es la que menos horas de luz tiene, la que con menos recursos naturales cuenta, por lo que hay que medir el doble que los supervivientes de Playa Victoria lo que se come y cuándo se come. La poca comida que consiguen tener hay que dividirla entre cada uno de ellos y las peleas surgen cuando algunos creen que no está repartido correctamente. Así surgió una nueva discusión entre Claudia con el resto de compañeros, cuando la superviviente además aprovechó para destacar la división que hay entre todos ellos frente a ella y Maica.
En el momento de comer caracolas, Claudia se negaba a comer tras un nuevo rifirrafe con Alba Paul, y Aratz se metía en la conversación, sin embargo, la concursante no le dejaba hablar: «Aratz no digas nada porque vas todo el rato de bueno y la sueltas que flipas, así que, déjame en paz. Como la coja contigo te vas a enterar así que déjame en paz y no me dirijas la palabra. No te comuniques conmigo. No cojo, comete tú las mías».
Alba, Ingrid y Aratz se acercaban entonces a hablar con los concursantes de Playa Victoria para comentar cómo repartían las comidas. Alba Paul les contaba que en su playa se reparte más comida para unos que para otros, a lo que Ingrid añadió que «los peces más grandes son para los que pescan». Confesando, además, que si pudieran votar a alguien de su equipo para que se fuera a Playa Victoria esa sería Claudia. Y, claro, Claudia, lo escuchó, y para qué queremos más.
«Alba, si hablas de mí, me hablas a mí. Que te estoy escuchando», a lo que Alba respondió vacilándola un pelín: «No, escúchame, no me importa que me escuches». Y la bronca ya estaba liada.
No son broncones ni tampoco están con el ánimo por las nubes, pero parece que Supervivientes empieza a ser Supervivientes. Ha costado, pero la cosa ya está en el buen camino.
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