En ‘La civilización judeocristiana’, esta experta en las relaciones Norte-Sur teoriza sobre cómo en Occidente y especialmente en Europa se usa este término para falsear la Historia y reforzar divisiones geopolíticasEl último ‘Rincón de pensar’ – Mark Fortier, autor de ‘Volverse facha’: “Es más relajante y prudente dejarse llevar por la corriente de la ultraderecha”
El último libro de la historiadora y periodista Sophie Bessis (Túnez, 1947) es de esos en los que el subtítulo no solo aclara el título sino que es toda una declaración de intenciones. El título es ‘La civilización judeocristiana’ y el subtítulo es ‘Historia de una impostura’. Gatopardo acaba de publicar la edición en español y Bessis atiende a elDiario.es en una visita relámpago a Barcelona para participar en uno de los diálogos del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB).
La autora defiende que la idea de una “civilización judeocristiana” esconde una intencionalidad, la de sustituir los orígenes greocorromanos de Europa, y ocultar tanto la influencia de Oriente como un antisemitismo que viene de muy lejos. “La expresión ‘judeocristiano’ oculta 2.000 años de antijudaísmo cristiano y, después, su derivación más contemporánea con la Alemania nazi y el genocidio”, subraya. “Oculta un antisemitismo que es central en la historia y la cultura de Europa”.
El libro analiza también cómo el Estado de Israel busca confundir antisemitismo con antisionismo y presentarse como una especie de vigía de Occidente en oposición al denominado “enemigo árabe-musulmán”.
Esta conversación ha sido editada para facilitar la comprensión del lector.
¿Por qué hablar de la civilización judeocristiana es una impostura?
La civilización europea no es únicamente judeocristiana. Hay elementos del judaísmo y del cristianismo, pero Europa está formada por muchísimas otras aportaciones. Por eso usar el concepto ‘civilización judeocristiana’ es una impostura. Reducirla solo a lo judeocristiano es problemático y debe ser cuestionado. El término ‘judeocristiano’ existe desde hace mucho tiempo en la literatura académica y teológica, ya que hay un vínculo evidente entre judaísmo y cristianismo, porque el cristianismo surge del judaísmo. Pero, aun así, no existe una ‘civilización judeocristiana’.
Puede haber algo ‘judeocristiano’ en la historia de las religiones monoteístas, pero no hay una civilización judeocristiana. Por eso considero que su uso actual, hegemónico y dominante en el lenguaje común, que ha reemplazado todas las demás descripciones de la civilización europea u occidental, es una impostura.
¿Cómo debemos interpretar el hecho de que se utilice casi de manera exclusiva en Occidente?
Hay muchas razones pero para resumirlo diría que existen tres causas. La primera sería la ocultación del antisemitismo europeo. La expresión ‘judeocristiano’ oculta 2.000 años de antijudaísmo cristiano y, después, su derivación más contemporánea con la Alemania nazi y el genocidio. Oculta un antisemitismo que es central en la historia y la cultura de Europa.
La segunda sería la apropiación para dejar fuera la influencia de Oriente, olvidarla. La idea de ‘judeocristiano’ intenta trasladar que Europa nació de sí misma y no debe nada a Oriente. Pero ni el judaísmo ni el cristianismo nacieron en Europa. Jesús mismo era un judío palestino. ‘La Última Cena’ representa en realidad la primera noche del Séder de Pésaj, una fiesta judía. Es decir, una escena central del arte europeo es, en realidad, profundamente oriental.
Y la tercera es no tener presente que el Islam es la tercera rama del monoteísmo abrahámico. Hablar solo de ‘judeocristiano’ excluye a los musulmanes como si no tuvieran nada que ver con esa tradición, cuando sí la tienen.
¿Estos factores que ha descrito los atribuye al interés de Europa y Occidente en su conjunto por restablecer lo que en el libro define como superioridad moral?
Sí, en la medida que Europa se presenta como única heredera del legado judeocristiano, se arroga un universalismo moral que excluye al Islam de ese universal moral compartido por las tres religiones.
¿Por lo tanto olvidamos nuestros orígenes grecorromanos y para expiar los crímenes que cometimos contra los judíos acabamos falseando esos orígenes?
Definir Occidente solo como ‘judeocristiano’ reduce toda la civilización europea a dos religiones y borra su herencia griega y romana, que es pagana. Cuando yo era pequeña, en los libros de Historia aparecían estas raíces grecolatinas de Occidente. El cambio a lo judeocristiano se comprueba en las declaraciones que hizo un ministro francés de derechas cuando dijo que Occidente tenía tres patas: Atenas, Roma y Jerusalén. Eso es una falacia puesto que Jerusalén no está en Occidente.
De hecho hay un momento en que cita una frase que Netanyahu pronunció en 2017: “Europa termina en Israel”. ¿Cree que con el genocidio en Palestina la percepción que tenemos aquí ha cambiado?
La frase de Netanyahu ‘Europa termina en Israel’ resume en parte la historia del sionismo: un proyecto laico, creado por intelectuales europeos de confesión judía como Theodor Herzl y Max Nordau, que querían fundar un Estado occidental en el corazón de Oriente. Cuando Netanyahu establece un vínculo orgánico entre Israel y Occidente lo que hace es representar a Israel como el vigía de Occidente en una región que considera hostil.
Además, Trump llegó a presentar a Netanyahu como su ‘primer ministro’ en la zona.
Es un profundo error que muchos líderes occidentales identifiquen a Israel con todos los judíos del mundo. Eso es peligroso para los propios judíos porque sería convertirlos en corresponsables del genocidio en Palestina. Existen muchos movimientos judíos —como Jewish Voices for Peace, en Estados Unidos— que rechazan esa política de Israel. Es absurdo y escandaloso que cualquier protesta contra la política israelí se califique de antisemitismo.
Es un profundo error que muchos líderes occidentales identifiquen a Israel con todos los judíos del mundo. Eso es peligroso para los propios judíos porque sería convertirlos en corresponsables del genocidio en Palestina.
Puede haber muchos otros mandatarios que tengan la tentación de hacer esa vinculación equivocada.
Sí, y hay que tener claro que el antisionismo es una posición política, no religiosa ni étnica. Confundirlo con antisemitismo, que es un delito, es útil para el Gobierno israelí, pero es intelectualmente falso.
Sophie Bessis, en un momento de la entrevista.
Usted considera que el sionismo y el nacionalismo árabe actúan como “enemigos complementarios”.
Todo nacionalismo tiene un fantasma, el de un pueblo homogéneo que no tiene derecho a ser plural. Comporta el rechazo absoluto del otro. Por eso Hannah Arendt decía que todo nacionalismo conduce, de un modo u otro, al fascismo o al racismo.
Antes de 1948 había casi un millón de judíos en países árabes, turcos e iraníes. El nuevo Estado de Israel necesitaba mano de obra y promovió su migración. Al mismo tiempo, los nuevos nacionalismos árabes querían expulsar a las minorías. El resultado es que se convirtieron en “enemigos complementarios”: unos querían que se fueran y otros querían que llegaran.
Ese nacionalismo árabe es el que recurre a la llamada ‘conspiración judeocristiana’.
Desde la perspectiva de ese nacionalismo, la creación del estado de Israel responde a la conspiración judeocristiana.
En Europa hay una tendencia a homogeneizar el Islam. ¿Ese desconocimiento contribuye aún más a la distancia que hay entre religiones y también entre sus fieles?
En Occidente se habla del Islam como si fuera homogéneo, pero hay muchos islams, igual que hay muchos cristianismos. Es decir, hay muchos mundos musulmanes. Un malasio y un marroquí no tienen casi nada en común culturalmente. Reducir el mundo musulmán a un Islam homogéneo es políticamente conveniente para las derechas. La voluntad de ignorar esa diversidad no es algo ingenuo. Se busca asociar el mundo musulmán al fundamentalismo religioso. Además de injusta, esta posición también genera una reacción antimusulmana.
Reducir el mundo musulmán a un Islam homogéneo es ignorancia y políticamente conveniente para las derechas.
Usted vive en Francia. Allí, como aquí, vemos que la extrema derecha alimenta esa confusión y crece porque le da votos.
Alimentan la idea de que todos los musulmanes son fundamentalistas, cosa que no es cierta. Sería como decir que toda persona que es cristiana, es fundamentalista.
¿Considera que es un mensaje que solo cala en la derecha o también entre votantes de izquierdas?
Yo creo que en la izquierda esa equiparación entre musulmán y fundamentalista no es tan fuerte. En ‘La civilización judeocristiana’, esta experta en las relaciones Norte-Sur teoriza sobre cómo en Occidente y especialmente en Europa se usa este término para falsear la Historia y reforzar divisiones geopolíticasEl último ‘Rincón de pensar’ – Mark Fortier, autor de ‘Volverse facha’: “Es más relajante y prudente dejarse llevar por la corriente de la ultraderecha”
El último libro de la historiadora y periodista Sophie Bessis (Túnez, 1947) es de esos en los que el subtítulo no solo aclara el título sino que es toda una declaración de intenciones. El título es ‘La civilización judeocristiana’ y el subtítulo es ‘Historia de una impostura’. Gatopardo acaba de publicar la edición en español y Bessis atiende a elDiario.es en una visita relámpago a Barcelona para participar en uno de los diálogos del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB).
La autora defiende que la idea de una “civilización judeocristiana” esconde una intencionalidad, la de sustituir los orígenes greocorromanos de Europa, y ocultar tanto la influencia de Oriente como un antisemitismo que viene de muy lejos. “La expresión ‘judeocristiano’ oculta 2.000 años de antijudaísmo cristiano y, después, su derivación más contemporánea con la Alemania nazi y el genocidio”, subraya. “Oculta un antisemitismo que es central en la historia y la cultura de Europa”.
El libro analiza también cómo el Estado de Israel busca confundir antisemitismo con antisionismo y presentarse como una especie de vigía de Occidente en oposición al denominado “enemigo árabe-musulmán”.
Esta conversación ha sido editada para facilitar la comprensión del lector.
¿Por qué hablar de la civilización judeocristiana es una impostura?
La civilización europea no es únicamente judeocristiana. Hay elementos del judaísmo y del cristianismo, pero Europa está formada por muchísimas otras aportaciones. Por eso usar el concepto ‘civilización judeocristiana’ es una impostura. Reducirla solo a lo judeocristiano es problemático y debe ser cuestionado. El término ‘judeocristiano’ existe desde hace mucho tiempo en la literatura académica y teológica, ya que hay un vínculo evidente entre judaísmo y cristianismo, porque el cristianismo surge del judaísmo. Pero, aun así, no existe una ‘civilización judeocristiana’.
Puede haber algo ‘judeocristiano’ en la historia de las religiones monoteístas, pero no hay una civilización judeocristiana. Por eso considero que su uso actual, hegemónico y dominante en el lenguaje común, que ha reemplazado todas las demás descripciones de la civilización europea u occidental, es una impostura.
¿Cómo debemos interpretar el hecho de que se utilice casi de manera exclusiva en Occidente?
Hay muchas razones pero para resumirlo diría que existen tres causas. La primera sería la ocultación del antisemitismo europeo. La expresión ‘judeocristiano’ oculta 2.000 años de antijudaísmo cristiano y, después, su derivación más contemporánea con la Alemania nazi y el genocidio. Oculta un antisemitismo que es central en la historia y la cultura de Europa.
La segunda sería la apropiación para dejar fuera la influencia de Oriente, olvidarla. La idea de ‘judeocristiano’ intenta trasladar que Europa nació de sí misma y no debe nada a Oriente. Pero ni el judaísmo ni el cristianismo nacieron en Europa. Jesús mismo era un judío palestino. ‘La Última Cena’ representa en realidad la primera noche del Séder de Pésaj, una fiesta judía. Es decir, una escena central del arte europeo es, en realidad, profundamente oriental.
Y la tercera es no tener presente que el Islam es la tercera rama del monoteísmo abrahámico. Hablar solo de ‘judeocristiano’ excluye a los musulmanes como si no tuvieran nada que ver con esa tradición, cuando sí la tienen.
¿Estos factores que ha descrito los atribuye al interés de Europa y Occidente en su conjunto por restablecer lo que en el libro define como superioridad moral?
Sí, en la medida que Europa se presenta como única heredera del legado judeocristiano, se arroga un universalismo moral que excluye al Islam de ese universal moral compartido por las tres religiones.
¿Por lo tanto olvidamos nuestros orígenes grecorromanos y para expiar los crímenes que cometimos contra los judíos acabamos falseando esos orígenes?
Definir Occidente solo como ‘judeocristiano’ reduce toda la civilización europea a dos religiones y borra su herencia griega y romana, que es pagana. Cuando yo era pequeña, en los libros de Historia aparecían estas raíces grecolatinas de Occidente. El cambio a lo judeocristiano se comprueba en las declaraciones que hizo un ministro francés de derechas cuando dijo que Occidente tenía tres patas: Atenas, Roma y Jerusalén. Eso es una falacia puesto que Jerusalén no está en Occidente.
De hecho hay un momento en que cita una frase que Netanyahu pronunció en 2017: “Europa termina en Israel”. ¿Cree que con el genocidio en Palestina la percepción que tenemos aquí ha cambiado?
La frase de Netanyahu ‘Europa termina en Israel’ resume en parte la historia del sionismo: un proyecto laico, creado por intelectuales europeos de confesión judía como Theodor Herzl y Max Nordau, que querían fundar un Estado occidental en el corazón de Oriente. Cuando Netanyahu establece un vínculo orgánico entre Israel y Occidente lo que hace es representar a Israel como el vigía de Occidente en una región que considera hostil.
Además, Trump llegó a presentar a Netanyahu como su ‘primer ministro’ en la zona.
Es un profundo error que muchos líderes occidentales identifiquen a Israel con todos los judíos del mundo. Eso es peligroso para los propios judíos porque sería convertirlos en corresponsables del genocidio en Palestina. Existen muchos movimientos judíos —como Jewish Voices for Peace, en Estados Unidos— que rechazan esa política de Israel. Es absurdo y escandaloso que cualquier protesta contra la política israelí se califique de antisemitismo.
Es un profundo error que muchos líderes occidentales identifiquen a Israel con todos los judíos del mundo. Eso es peligroso para los propios judíos porque sería convertirlos en corresponsables del genocidio en Palestina.
Puede haber muchos otros mandatarios que tengan la tentación de hacer esa vinculación equivocada.
Sí, y hay que tener claro que el antisionismo es una posición política, no religiosa ni étnica. Confundirlo con antisemitismo, que es un delito, es útil para el Gobierno israelí, pero es intelectualmente falso.
Sophie Bessis, en un momento de la entrevista.
Usted considera que el sionismo y el nacionalismo árabe actúan como “enemigos complementarios”.
Todo nacionalismo tiene un fantasma, el de un pueblo homogéneo que no tiene derecho a ser plural. Comporta el rechazo absoluto del otro. Por eso Hannah Arendt decía que todo nacionalismo conduce, de un modo u otro, al fascismo o al racismo.
Antes de 1948 había casi un millón de judíos en países árabes, turcos e iraníes. El nuevo Estado de Israel necesitaba mano de obra y promovió su migración. Al mismo tiempo, los nuevos nacionalismos árabes querían expulsar a las minorías. El resultado es que se convirtieron en “enemigos complementarios”: unos querían que se fueran y otros querían que llegaran.
Ese nacionalismo árabe es el que recurre a la llamada ‘conspiración judeocristiana’.
Desde la perspectiva de ese nacionalismo, la creación del estado de Israel responde a la conspiración judeocristiana.
En Europa hay una tendencia a homogeneizar el Islam. ¿Ese desconocimiento contribuye aún más a la distancia que hay entre religiones y también entre sus fieles?
En Occidente se habla del Islam como si fuera homogéneo, pero hay muchos islams, igual que hay muchos cristianismos. Es decir, hay muchos mundos musulmanes. Un malasio y un marroquí no tienen casi nada en común culturalmente. Reducir el mundo musulmán a un Islam homogéneo es políticamente conveniente para las derechas. La voluntad de ignorar esa diversidad no es algo ingenuo. Se busca asociar el mundo musulmán al fundamentalismo religioso. Además de injusta, esta posición también genera una reacción antimusulmana.
Reducir el mundo musulmán a un Islam homogéneo es ignorancia y políticamente conveniente para las derechas.
Usted vive en Francia. Allí, como aquí, vemos que la extrema derecha alimenta esa confusión y crece porque le da votos.
Alimentan la idea de que todos los musulmanes son fundamentalistas, cosa que no es cierta. Sería como decir que toda persona que es cristiana, es fundamentalista.
¿Considera que es un mensaje que solo cala en la derecha o también entre votantes de izquierdas?
Yo creo que en la izquierda esa equiparación entre musulmán y fundamentalista no es tan fuerte.
El último libro de la historiadora y periodista Sophie Bessis (Túnez, 1947) es de esos en los que el subtítulo no solo aclara el título sino que es toda una declaración de intenciones. El título es ‘La civilización judeocristiana‘ y el subtítulo es ‘Historia de una impostura’. Gatopardo acaba de publicar la edición en español y Bessis atiende a elDiario.es en una visita relámpago a Barcelona para participar en uno de los diálogos del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB).
La autora defiende que la idea de una “civilización judeocristiana” esconde una intencionalidad, la de sustituir los orígenes greocorromanos de Europa, y ocultar tanto la influencia de Oriente como un antisemitismo que viene de muy lejos. “La expresión ‘judeocristiano’ oculta 2.000 años de antijudaísmo cristiano y, después, su derivación más contemporánea con la Alemania nazi y el genocidio”, subraya. “Oculta un antisemitismo que es central en la historia y la cultura de Europa”.
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