Nadie mira al mar en la playa del Trampolín. En los escasos 140 metros de esta pequeña cala ceutí ya no se agolpan visitantes, ni turistas. Desde hace días es el refugio a sol abierto de los migrantes que permanecen en la ciudad, cuyo horizonte no es el Estrecho que se divisa al fondo del agua. Y tampoco el que está en la otra dirección, colina arriba, en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) donde no cabe nadie más. Por eso unos cuatro centenares de personas, la mayoría hombres, se desperdigan aquí, por la arena agreste del Trampolín, a esperar. La mayoría no sabe muy bien a qué.
Centenares de migrantes se agolpan en una pequeña cala de la ciudad, a la espera de un asilo que no llega
Nadie mira al mar en la playa del Trampolín. En los escasos 140 metros de esta pequeña cala ceutí ya no se agolpan visitantes, ni turistas. Desde hace días es el refugio a sol abierto de los migrantes que permanecen en la ciudad, cuyo horizonte no es el Estrecho que se divisa al fondo del agua. Y tampoco el que está en la otra dirección, colina arriba, en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) donde no cabe nadie más. Por eso unos cuatro centenares de personas, la mayoría hombres, se desperdigan aquí, por la arena agreste del Trampolín, a esperar. La mayoría no sabe muy bien a qué.
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