Arrancó Mask Singer y volvió esos momentos en que X se convierte en el patio de vecinos más estrafalario y maravilloso del mundo. Descubrió dos máscaras y se quedo con toda la peña de España Leer Arrancó Mask Singer y volvió esos momentos en que X se convierte en el patio de vecinos más estrafalario y maravilloso del mundo. Descubrió dos máscaras y se quedo con toda la peña de España Leer
«Me vais a perdonar, pero no tengo ni idea de quién es la mujer que estaba debajo de Micrófono«. Si entraste anoche en X, además de infinidad de teorías y alguna que otra queja (justificada, por cierto), lo que te encontrabas era la misma cara de Juan y Medio con la que se ilustra este artículo. Ha habido un salto generacional del que todos éramos conscientes, pero que anoche quedó más que patente cuando Mask Singer desveló la primera máscara de la noche de su estreno: muchos no tenían ni puñetera idea de quién era la legendaria modelo que se escondía debajo de Micrófono. Pero es que con la segunda máscara que se descubrió volvió a ocurrir algo similar: una leyenda del fútbol y muchos espectadores diciendo «what the fuck?».
Arrancó anoche la quinta edición de Mask Singer y, como ya ocurriera en sus últimas ediciones, la primera máscara revelada fue una estrella internacional que, por supuesto, ni dios acertó. Esto es lo habitual; lo extraño es que, una vez revelada, a los comentarios de sorpresa se le sumaran los de «pero quién narices es esta mujer».
Hay una ruptura absoluta entre una generación y otra o hay una falta de conocimientos generales abismales. ¿Cómo es posible que hubiese gente anoche que no supiese quién es Ellen MacPherson o quién es Bernd Schuster? Pues la hay. ¿Sorprendente? Hasta cierto punto, pues aquel mundo de celebrities noventeras no se ha vuelto a repetir en las décadas posteriores. Es decir, aquellas portadas con Ellen MacPherson, con Claudia Schiffer, con Christy Turlington, formaban parte de la cultura popular de aquellos años. Ahora, muchas cosas han cambiado y lo que se vivió anoche en el estreno de Mask Singer 5 fue la mejor demostración de ello.
Arrancó Mask Singer y volvieron esos momentos en los que, durante dos horas y un poquito, X deja de ser la red social del odio para convertirse en el patio de vecinos más divertido y loco. Esto no falló. X fue el lugar en el que los espectadores hicieron sus apuestas, en el que todos nos convertimos en investigadores, en el que todos volvimos a recordar aquel león maravilloso que escondía debajo a Georgina. ¡Ay, qué recuerdos!
Porque Mask Singer sigue siendo el Mask Singer de la primera edición, pero algo ha cambiado. Recuerdo aquella primera edición en la que, a las 00:15 horas como muy tarde, el programa revelaba su máscara y todos a dormir o a ver el posprograma con el o la protagonista del momento. Es que, si anoche quedó claro que hay un salto generacional de padre y muy señor mío, también ha habido un salto en nuestros hábitos y en los hábitos de la televisión.
En la presentación de esta nueva edición ya lo dijo la directora de Entretenimiento de Atresmedia cuando la prensa le preguntó cuál iba a ser la duración de los programas de esta nueva temporada de Mask Singer: «Durará lo habitual de los programas de prime time porque en España somos más tardíos que en otros países y porque en esta edición va a haber doble desenmascaramiento en cada programa». Traduciendo: iba a empezar tarde (eso ya lo sabíamos) e iba a acabar tarde, en parte por la duración del programa en sí y en parte por los eternos bloques publicitarios. Como suele decir Pablo Motos a sus invitados cuando se va a publicidad: «Vamos a ganar dinerito». A ver, no seamos inocentes, que todos sabemos que las televisiones privadas, las televisiones comerciales, viven de la publicidad; y si queremos más programas como Mask Singer o como cualquier otro que se emita, hay que hacerlos rentables.
Es una batalla perdida que queramos imponer que los programas de prime time terminen antes, pues el prime time ahora empieza pasadas las once de la noche. Por muy corto que se haga un programa, no hay ninguno en ninguna cadena que dure menos de una hora y media. Esto es así y así va a seguir.
Pero eso no quiere decir que el público no tenga derecho a quejarse, y más cuando el programa en cuestión es uno, por no decir el que más, impacto y comentarios genera en las redes sociales. Y es que esa es una de las claves de que Mask Singer siga funcionando cinco ediciones después: la comunidad que se genera. Una comunidad sana en la que cada uno hace sus cábalas, en la que todos jugamos, en la que nos convertimos en investigadores y nos olvidamos un ratito de utilizar X como un aspersor de mierda constante. Gracias, Mask Singer.
Y anoche esto es lo que ocurrió, pues, como también advirtieron en la presentación de esta nueva edición, el programa iba a poner mucho más difícil las pistas, las voces y todo para que fuera más complicado todavía que se pudiese desvelar quién estaba debajo de las máscaras. ¿Lo consiguieron? Por supuesto. Eso sí, si a lo que más atrae de un programa, que es investigar e intentar acertar, lo pones tan sumamente complicado que la cara de Juan y Medio es el reflejo de la de todos los espectadores, se corre el riesgo de que uno se canse y diga, «ciao, pescao».
De momento, anoche no ocurrió y la gente jugó, pues, aunque las pistas son cada vez más complicadas y lo de intentar adivinar a través de la voz es casi un milagro, fue el panel de nuevos investigadores, junto a la repetidora Ana Milán, el que consiguió que el programa no perdiera esa chispa que lo ha convertido en uno de los más vistos de la televisión y que le ha llevado hasta una quinta temporada.
Juan y Medio, Boris Izaguirre, Ana Milán y Ruth Lorenzo forman el mejor panel de investigadores que ha tenido Mask Singer. Sin desmerecer la pasión que los Javis, especialmente Javier Ambrossi, pusieron en las cuatro ediciones pasadas, la combinación que hacen los cuatro investigadores de ahora encaja como un guante con la dinámica del show. ¿Cómo fue ese momento en el que sale a cantar la primera máscara de la noche, Loro, y los investigadores acaban bailando la conga con él o con ella mientras Ana Milán incita a Ruth Lorenzo a que se acerque a la cabeza para escuchar su voz real o pillar algo para adivinar quién es? Fue maravilloso.
Y cómo es ese Boris Izaguirre tirando de hemeroteca mental y diciendo que debajo de Micrófono estaba Naomi Campbell; o cómo son esas caras de Juan y Medio que, aun pareciendo más perdido que un elefante en un garaje, cada vez que lanzaba una teoría todo el mundo le seguía porque era el que más parecía que se acercaba.
Eso sí, ninguno de los cuatro se acercó ni por asomo a acertar quiénes estaban debajo de las dos máscaras que se desvelaron anoche en Mask Singer. A ver, es prácticamente imposible averiguarlo.
La única pista segura, segurísima, es que en el primer programa siempre cae una estrella internacional, supongo que por aquello del caché. Y, efectivamente, la primera máscara en caer era una estrella internacional, una estrellaza, una de las modelos mejor pagadas de aquellos años 90: la mismísima Ellen MacPherson. No la acertó absolutamente nadie. Juan y Medio dijo que era Scarlett Johansson, Ruth Lorenzo, una mítica del programa, Elsa Pataky (la actriz debe estar hasta más allá de Orión de aparecer siempre en las apuestas de Mask Singer), mientras que Ana Milán se lanzó asegurando que era Carla Bruni. Pues no.
El plató entero alucinó al ver a la supermodelo desvelar su identidad después de haber hecho bailar a todos con «I Gotta Feeling», de Black Eyed Peas. Les despistó todo: el acento, la voz, la manera de moverse… Todos volvimos a ser de nuevo Juan y Medio: «No me lo creo». Nadie se lo podía creer. «¡Eres divina!», le dijo Boris Izaguirre. No podía decirle otra cosa. «Gracias. Ha sido de lo más divertido, ha sido un gran día y me ha encantado veros». Vamos, que la propia Ellen MacPherson confirmó lo que los espectadores decían: que fue un día, que llegó, que grabó, que se desenmascaró y pa’ casa. Es que una diva es una diva. Tan diva que hasta le dijo «sí, quiero» a Juan y Medio cuando este directamente le pidió matrimonio.
Quedaba la segunda máscara por desvelar de la noche e iba a ser el histórico futbolista Bernd Schuster. Otra leyenda, otro clásico, otro mito… otra vez perdidísimos. El que fuera jugador de Barcelona, Real Madrid y Atlético, además de internacional con Alemania, sorprendió a todo el plató, primero con su ritmazo para interpretar «Don’t Stop Me Now» de Queen, que bien podía haber sido el himno futbolero «We Are the Champions», del grupo británico.
Ya lo avisaba el Semáforo, que bajo sus tres colores se ocultaba un triplete casi imposible de repetir. Y es que Schuster es de los pocos jugadores que han pasado por los tres grandes de nuestro fútbol. Algo de balones habían intuido Ruth Lorenzo y Boris Izaguirre, que apostaron por jugadores en sus predicciones. La cantante apuntó al francés Karim Benzema y el presentador al búlgaro Hristo Stoichkov. ¿Qué hacía Schuster en Mask Singer? Le lió su mujer. A nosotros nos lió Mask Singer.
Y qué gustazo volver al patio de vecinos.
Televisión // elmundo
