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  Cultura  Joaquín Sabina se despide de los escenarios en el concierto más importante de su vida
Cultura

Joaquín Sabina se despide de los escenarios en el concierto más importante de su vida

noviembre 30, 2025
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El artista dice adiós a su carrera musical en los escenarios en el Movistar Arena de Madrid. Rodeado de su banda y de su público hace un emotivo repaso a su trayectoria profesional y se reencuentra con su Madrid, un Madrid entregado al final del mejor letrista vivo en español
El último vals de Joaquín Sabina: sus músicos y amigos cuentan qué supone el adiós del artista a los escenarios
A nadie le gusta una despedida pero a todo el mundo le gusta decir “yo estuve allí”. Los fans de Sabina no quieren oír hablar de ningún retiro de los escenarios, pero eso es compatible con presumir de haber estado en su final. Y, aunque hoy lamentan un futuro sin conciertos de su artista preferido, dentro de no mucho tiempo serán esas mismas personas las que cuenten una y otra vez a sus hijos, nietos, amigas, vecinas y compañeros de trabajo que la emoción fue total, que vaya maravilla, menudo privilegio, y a continuación harán un gesto de tristeza, o se encogerán de hombros, quizás solo hagan una mueca, pero elocuente: “Es lo que hay”.

“Este concierto en Madrid es el último de mi vida y por lo tanto es el más importante, porque es el que voy a recordar”, dijo Sabina sobre el escenario. Por eso los habituales selfies y fotos de recuerdo tenían, en este caso, un tinte trágico. Los fans se colocaban ante la cámara con un aire de tristeza, sabedores ellos y ellas de posar (quizás) por última vez frente a un escenario de Joaquín Sabina. Este domingo el Movistar Arena de Madrid acogía el último (en teoría) concierto de la vida de Joaquín Sabina. Era el concierto número 71 de la gira Hola y adiós. Una gira a la que ya le quedaba poco “hola”. Como dijo Sabina: “Solo adiós”, entre lamentos de los asistentes. Desde el principio, desde que se anunció esta gira, el mensaje fue claro: iba a ser una despedida, un viaje emocional, un homenaje a la carrera del artista de Úbeda. Un viaje que se cierra en Madrid pero que ha pasado por ciudades de España y de todo el mundo, como Buenos Aires, Montevideo y Nueva York.

Pero el final solo podía ser en Madrid. Su Madrid, el que le recibió con una ovación cerrada para acompañarle en este final. Un Madrid al que Sabina ha cantado, un Madrid al que ha ayudado a dar forma, a construir una narrativa. A crear lo que muchos entienden por Madrid, su esencia, si es que eso existe. Madrid es Madrid gracias a las frases de las canciones de Sabina. Por eso el principio del final tenía sentido empezarlo contando Yo me bajo en Atocha.
El camino al adiós
Al guiño a Madrid le siguieron las canciones Lágrimas de marmol, Lo niego todo, Mentiras Piadosas y Ahora que… Sabina estaba emocionado y es algo que se ha notado desde el comienzo: “Sin vosotros las canciones no existen”. En el fondo todo va de su legado: “Cómo mis canciones han conseguido de un modo misterioso colarse en la memoria emocional de varias generaciones”. Las letras de Sabina están ya confundidas y entremezcladas con el acervo popular. Es la última vez que Sabina canta sobre un escenario aquello de “yo no quiero domingos por la tarde” o “que el fin del mundo te pille bailando”, pero lo verdaderamente importante es que esas letras se seguirán cantando, se convertirán en topicazos que con el paso del tiempo la gente no sabrá ni de dónde vienen, serán de todos y eso tendrá algo de injusto pero también de legado. Así funciona el lenguaje.

MADRID, 30/11/2025.- El músico y cantante Joaquín Sabina durante el concierto que ha ofrecido hoy domingo en el Movistar Arena, en Madrid.

El cantante se sentía arropado. Y lo agradecía, a los amigos “de México, de Argentina de Estados Unidos”. Esa nostalgia le valió para introducir lo que él llamó “canciones antiguas”. Dice que es la segunda que escribió, hace más de 40 años. Aunque por la acogida que tuvo entre el público, por la capacidad para emocionar y hacer sentir al público, podría haber sido escrita hace apenas una semana. Se refería a Calle Melancolía, una de las más coreadas y cantadas por los asistentes.

Sabina y su banda sabían el simbolismo de cada gesto, de cada palabra bien o mal dicha. A pesar de la emoción, de la presión de saberse ante un final, ante algo histórico, la capacidad musical de Sabina y de sus compañeros fue muy alta. Desde el principio hubo conexión con el público y a pesar de ser un concierto de más de dos horas ese hilo emocional que une al cantautor y a la gente se mantuvo intacto. La siguiente canción fue 19 días y 500 noches, otra que queda para siempre en la cultura musical y popular española. El público, entregado y obviando en ese momento que aquello fuera una despedida, empezó a bailar.
“A un cielo cada vez más lejano y más alto”
El de Úbeda aprovechó las canciones “¿Quién me ha robado el mes de abril?” y “Más de cien mentiras” para presentar, por última vez, a su banda: Antonio García de Diego (guitarra, teclado y armónica); Jaime Asúa y Borja Montenegro (guitarras); Josemi Sagaste (saxo, clarinete, flauta travesera, percusión y teclados); Pedro Barceló (batería); y Laura Gómez Palma (bajo). También, al resto del equipo que ha hecho posibles los conciertos: “Nosotros no somos solo a los que se ve en el escenario”

“Desde que empecé a escribir canciones siempre tuve varias fantasías y en esta última gira no quería quedarme con esas fantasías dentro, quería realizarlas sobre el escenario”. En el fondo era una forma de dar paso a unas cuantas canciones sin él. “Cuando acababa una canción amorosa, dulce, pensaba en cómo quedaría en los labios de una mujer…”. También añadió: “Cuando se me ocurría un rock and roll… pensaba cómo quedaría en la voz de un verdadero rockero”. Es algo que hace habitualmente en los conciertos para tomarse un descanso, mientras la cantante Mara Barros le coge el testigo para interpretar Camas Vacías y hace lo propio Jaime Asúa con Pacto entre caballeros.

El músico y cantante Joaquín Sabina durante el concierto que ha ofrecido hoy domingo en el Movistar Arena, en Madrid.

Con Sabina ya de vuelta, uno de los momentos más emocionantes y de entrega con el público ha sido cantando uno de sus temas más emotivos: “Todos los que vivimos en Madrid somos Peces de ciudad”. Y el homenaje seguía, en un viaje que conectaba con sus fans: “Una noche ya, hace bastantes años, paseando por Madrid con Chavela Vargas, ella me contó que vivía en el Bulevar de los sueños rotos. Yo pensé que aquello merecía una canción… Y lo más curioso de la historia es que, antes de que nadie la escuchara, tuve la ocasión de cantársela a Chavela, los dos solos”. Ovación cerrada.

Antes de intepretar una de sus canciones más míticas, Y sin embargo, Sabina siguió relatando su memoria musical. “Las musas no vienen cuando uno las llama”. Contó que cuando era un adolescente algo sonó en la radio de su madre. Fue la copla “Y sin embargo te quiero”. “Siempre que la canto me gusta hacerle un homenaje a la copla que inspiró mi canción”. Y así fue: Mara Barros la interpretó sobre el escenario en uno de los momentos de más poderío de la noche.

La banda y Sabina siguieron con “Noches de boda” que hiló con otras de sus canciones más importantes: Y nos dieron las diez. Una canción que en sus primeros versos dice: “Ojalá que volvamos a vernos”. A lo que Sabina, como el que no quiere la cosa, añadió: “Ojalá, ojalá”. La verdad es que aquello no podía sonar más a despedida.
El adiós de Sabina
El final llegaba. Después del primer falso final, de una pausa mínima, Antonio García de Diego, su músico más antiguo, volvió con “La canción más hermosa del mundo” y ya, con Sabina y el resto de la banda, llegó el clímax. Con el simbolismo de “Tan joven y tan viejo”. La emoción, ya no contenida ni por parte del público ni por parte de integrantes de la banda, como la cantante Mara Barros, visiblemente emocionada mientras sonaba por última vez la canción “Contigo”. Solo Sabina puede conseguir que en 2025 cientos de personas coreen al unísono: “Y morirme contigo si te matas”. Y que eso suene bien. El concierto y la vida musical de Sabina cerró con la electricidad de la canción “Princesa”. Y nada más. Bueno, sí, su público en pie, aplaudiendo, llorando, desgañitado por lo vivido, agradecido, despidiéndose de Sabina, mientras él decía en el fundido a negro: “Buenas noches, Madrid. Gracias, hasta siempre”.

Si algo hemos aprendido escuchando a Sabina es que hay historias de amor que no terminan nunca. Se llevan pegadas a la piel para siempre. De eso va la cultura, la música, por eso nos contamos historias: porque por dentro hay cosas que no nos podemos sacar, aunque en teoría algo haya terminado. La historia de amor de Sabina con su público no termina con este presunto último concierto, ni acabará el día de su muerte. Es para siempre. En las despedidas lo único verdaderamente importante es acompañar al que se va. De eso iba este concierto, que nadie se engañe. De coger de la mano a Sabina por última vez. Ese es el verdadero acto de amor que sus fans le han dado hoy. El artista dice adiós a su carrera musical en los escenarios en el Movistar Arena de Madrid. Rodeado de su banda y de su público hace un emotivo repaso a su trayectoria profesional y se reencuentra con su Madrid, un Madrid entregado al final del mejor letrista vivo en español
El último vals de Joaquín Sabina: sus músicos y amigos cuentan qué supone el adiós del artista a los escenarios
A nadie le gusta una despedida pero a todo el mundo le gusta decir “yo estuve allí”. Los fans de Sabina no quieren oír hablar de ningún retiro de los escenarios, pero eso es compatible con presumir de haber estado en su final. Y, aunque hoy lamentan un futuro sin conciertos de su artista preferido, dentro de no mucho tiempo serán esas mismas personas las que cuenten una y otra vez a sus hijos, nietos, amigas, vecinas y compañeros de trabajo que la emoción fue total, que vaya maravilla, menudo privilegio, y a continuación harán un gesto de tristeza, o se encogerán de hombros, quizás solo hagan una mueca, pero elocuente: “Es lo que hay”.

“Este concierto en Madrid es el último de mi vida y por lo tanto es el más importante, porque es el que voy a recordar”, dijo Sabina sobre el escenario. Por eso los habituales selfies y fotos de recuerdo tenían, en este caso, un tinte trágico. Los fans se colocaban ante la cámara con un aire de tristeza, sabedores ellos y ellas de posar (quizás) por última vez frente a un escenario de Joaquín Sabina. Este domingo el Movistar Arena de Madrid acogía el último (en teoría) concierto de la vida de Joaquín Sabina. Era el concierto número 71 de la gira Hola y adiós. Una gira a la que ya le quedaba poco “hola”. Como dijo Sabina: “Solo adiós”, entre lamentos de los asistentes. Desde el principio, desde que se anunció esta gira, el mensaje fue claro: iba a ser una despedida, un viaje emocional, un homenaje a la carrera del artista de Úbeda. Un viaje que se cierra en Madrid pero que ha pasado por ciudades de España y de todo el mundo, como Buenos Aires, Montevideo y Nueva York.

Pero el final solo podía ser en Madrid. Su Madrid, el que le recibió con una ovación cerrada para acompañarle en este final. Un Madrid al que Sabina ha cantado, un Madrid al que ha ayudado a dar forma, a construir una narrativa. A crear lo que muchos entienden por Madrid, su esencia, si es que eso existe. Madrid es Madrid gracias a las frases de las canciones de Sabina. Por eso el principio del final tenía sentido empezarlo contando Yo me bajo en Atocha.
El camino al adiós
Al guiño a Madrid le siguieron las canciones Lágrimas de marmol, Lo niego todo, Mentiras Piadosas y Ahora que… Sabina estaba emocionado y es algo que se ha notado desde el comienzo: “Sin vosotros las canciones no existen”. En el fondo todo va de su legado: “Cómo mis canciones han conseguido de un modo misterioso colarse en la memoria emocional de varias generaciones”. Las letras de Sabina están ya confundidas y entremezcladas con el acervo popular. Es la última vez que Sabina canta sobre un escenario aquello de “yo no quiero domingos por la tarde” o “que el fin del mundo te pille bailando”, pero lo verdaderamente importante es que esas letras se seguirán cantando, se convertirán en topicazos que con el paso del tiempo la gente no sabrá ni de dónde vienen, serán de todos y eso tendrá algo de injusto pero también de legado. Así funciona el lenguaje.

MADRID, 30/11/2025.- El músico y cantante Joaquín Sabina durante el concierto que ha ofrecido hoy domingo en el Movistar Arena, en Madrid.

El cantante se sentía arropado. Y lo agradecía, a los amigos “de México, de Argentina de Estados Unidos”. Esa nostalgia le valió para introducir lo que él llamó “canciones antiguas”. Dice que es la segunda que escribió, hace más de 40 años. Aunque por la acogida que tuvo entre el público, por la capacidad para emocionar y hacer sentir al público, podría haber sido escrita hace apenas una semana. Se refería a Calle Melancolía, una de las más coreadas y cantadas por los asistentes.

Sabina y su banda sabían el simbolismo de cada gesto, de cada palabra bien o mal dicha. A pesar de la emoción, de la presión de saberse ante un final, ante algo histórico, la capacidad musical de Sabina y de sus compañeros fue muy alta. Desde el principio hubo conexión con el público y a pesar de ser un concierto de más de dos horas ese hilo emocional que une al cantautor y a la gente se mantuvo intacto. La siguiente canción fue 19 días y 500 noches, otra que queda para siempre en la cultura musical y popular española. El público, entregado y obviando en ese momento que aquello fuera una despedida, empezó a bailar.
“A un cielo cada vez más lejano y más alto”
El de Úbeda aprovechó las canciones “¿Quién me ha robado el mes de abril?” y “Más de cien mentiras” para presentar, por última vez, a su banda: Antonio García de Diego (guitarra, teclado y armónica); Jaime Asúa y Borja Montenegro (guitarras); Josemi Sagaste (saxo, clarinete, flauta travesera, percusión y teclados); Pedro Barceló (batería); y Laura Gómez Palma (bajo). También, al resto del equipo que ha hecho posibles los conciertos: “Nosotros no somos solo a los que se ve en el escenario”

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El músico y cantante Joaquín Sabina durante el concierto que ha ofrecido hoy domingo en el Movistar Arena, en Madrid.

Con Sabina ya de vuelta, uno de los momentos más emocionantes y de entrega con el público ha sido cantando uno de sus temas más emotivos: “Todos los que vivimos en Madrid somos Peces de ciudad”. Y el homenaje seguía, en un viaje que conectaba con sus fans: “Una noche ya, hace bastantes años, paseando por Madrid con Chavela Vargas, ella me contó que vivía en el Bulevar de los sueños rotos. Yo pensé que aquello merecía una canción… Y lo más curioso de la historia es que, antes de que nadie la escuchara, tuve la ocasión de cantársela a Chavela, los dos solos”. Ovación cerrada.

Antes de intepretar una de sus canciones más míticas, Y sin embargo, Sabina siguió relatando su memoria musical. “Las musas no vienen cuando uno las llama”. Contó que cuando era un adolescente algo sonó en la radio de su madre. Fue la copla “Y sin embargo te quiero”. “Siempre que la canto me gusta hacerle un homenaje a la copla que inspiró mi canción”. Y así fue: Mara Barros la interpretó sobre el escenario en uno de los momentos de más poderío de la noche.

La banda y Sabina siguieron con “Noches de boda” que hiló con otras de sus canciones más importantes: Y nos dieron las diez. Una canción que en sus primeros versos dice: “Ojalá que volvamos a vernos”. A lo que Sabina, como el que no quiere la cosa, añadió: “Ojalá, ojalá”. La verdad es que aquello no podía sonar más a despedida.
El adiós de Sabina
El final llegaba. Después del primer falso final, de una pausa mínima, Antonio García de Diego, su músico más antiguo, volvió con “La canción más hermosa del mundo” y ya, con Sabina y el resto de la banda, llegó el clímax. Con el simbolismo de “Tan joven y tan viejo”. La emoción, ya no contenida ni por parte del público ni por parte de integrantes de la banda, como la cantante Mara Barros, visiblemente emocionada mientras sonaba por última vez la canción “Contigo”. Solo Sabina puede conseguir que en 2025 cientos de personas coreen al unísono: “Y morirme contigo si te matas”. Y que eso suene bien. El concierto y la vida musical de Sabina cerró con la electricidad de la canción “Princesa”. Y nada más. Bueno, sí, su público en pie, aplaudiendo, llorando, desgañitado por lo vivido, agradecido, despidiéndose de Sabina, mientras él decía en el fundido a negro: “Buenas noches, Madrid. Gracias, hasta siempre”.

Si algo hemos aprendido escuchando a Sabina es que hay historias de amor que no terminan nunca. Se llevan pegadas a la piel para siempre. De eso va la cultura, la música, por eso nos contamos historias: porque por dentro hay cosas que no nos podemos sacar, aunque en teoría algo haya terminado. La historia de amor de Sabina con su público no termina con este presunto último concierto, ni acabará el día de su muerte. Es para siempre. En las despedidas lo único verdaderamente importante es acompañar al que se va. De eso iba este concierto, que nadie se engañe. De coger de la mano a Sabina por última vez. Ese es el verdadero acto de amor que sus fans le han dado hoy.  

A nadie le gusta una despedida pero a todo el mundo le gusta decir “yo estuve allí”. Los fans de Sabina no quieren oír hablar de ningún retiro de los escenarios, pero eso es compatible con presumir de haber estado en su final. Y, aunque hoy lamentan un futuro sin conciertos de su artista preferido, dentro de no mucho tiempo serán esas mismas personas las que cuenten una y otra vez a sus hijos, nietos, amigas, vecinas y compañeros de trabajo que la emoción fue total, que vaya maravilla, menudo privilegio, y a continuación harán un gesto de tristeza, o se encogerán de hombros, quizás solo hagan una mueca, pero elocuente: “Es lo que hay”.

“Este concierto en Madrid es el último de mi vida y por lo tanto es el más importante, porque es el que voy a recordar”, dijo Sabina sobre el escenario. Por eso los habituales selfies y fotos de recuerdo tenían, en este caso, un tinte trágico. Los fans se colocaban ante la cámara con un aire de tristeza, sabedores ellos y ellas de posar (quizás) por última vez frente a un escenario de Joaquín Sabina. Este domingo el Movistar Arena de Madrid acogía el último (en teoría) concierto de la vida de Joaquín Sabina. Era el concierto número 71 de la giraHola y adiós. Una gira a la que ya le quedaba poco “hola”. Como dijo Sabina: “Solo adiós”, entre lamentos de los asistentes. Desde el principio, desde que se anunció esta gira, el mensaje fue claro: iba a ser una despedida, un viaje emocional, un homenaje a la carrera del artista de Úbeda. Un viaje que se cierra en Madrid pero que ha pasado por ciudades de España y de todo el mundo, como Buenos Aires, Montevideo y Nueva York.

Pero el final solo podía ser en Madrid. Su Madrid, el que le recibió con una ovación cerrada para acompañarle en este final. Un Madrid al que Sabina ha cantado, un Madrid al que ha ayudado a dar forma, a construir una narrativa. A crear lo que muchos entienden por Madrid, su esencia, si es que eso existe. Madrid es Madrid gracias a las frases de las canciones de Sabina. Por eso el principio del final tenía sentido empezarlo contando Yo me bajo en Atocha.

El camino al adiós

Al guiño a Madrid le siguieron las canciones Lágrimas de marmol, Lo niego todo, Mentiras Piadosas y Ahora que… Sabina estaba emocionado y es algo que se ha notado desde el comienzo: “Sin vosotros las canciones no existen”. En el fondo todo va de su legado: “Cómo mis canciones han conseguido de un modo misterioso colarse en la memoria emocional de varias generaciones”. Las letras de Sabina están ya confundidas y entremezcladas con el acervo popular. Es la última vez que Sabina canta sobre un escenario aquello de “yo no quiero domingos por la tarde” o “que el fin del mundo te pille bailando”, pero lo verdaderamente importante es que esas letras se seguirán cantando, se convertirán en topicazos que con el paso del tiempo la gente no sabrá ni de dónde vienen, serán de todos y eso tendrá algo de injusto pero también de legado. Así funciona el lenguaje.

MADRID, 30/11/2025.- El músico y cantante Joaquín Sabina durante el concierto que ha ofrecido hoy domingo en el Movistar Arena, en Madrid.

El cantante se sentía arropado. Y lo agradecía, a los amigos “de México, de Argentina de Estados Unidos”. Esa nostalgia le valió para introducir lo que él llamó “canciones antiguas”. Dice que es la segunda que escribió, hace más de 40 años. Aunque por la acogida que tuvo entre el público, por la capacidad para emocionar y hacer sentir al público, podría haber sido escrita hace apenas una semana. Se refería a Calle Melancolía, una de las más coreadas y cantadas por los asistentes.

Sabina y su banda sabían el simbolismo de cada gesto, de cada palabra bien o mal dicha. A pesar de la emoción, de la presión de saberse ante un final, ante algo histórico, la capacidad musical de Sabina y de sus compañeros fue muy alta. Desde el principio hubo conexión con el público y a pesar de ser un concierto de más de dos horas ese hilo emocional que une al cantautor y a la gente se mantuvo intacto. La siguiente canción fue 19 días y 500 noches, otra que queda para siempre en la cultura musical y popular española. El público, entregado y obviando en ese momento que aquello fuera una despedida, empezó a bailar.

“A un cielo cada vez más lejano y más alto”

El de Úbeda aprovechó las canciones “¿Quién me ha robado el mes de abril?” y “Más de cien mentiras” para presentar, por última vez, a su banda: Antonio García de Diego (guitarra, teclado y armónica); Jaime Asúa y Borja Montenegro (guitarras); Josemi Sagaste (saxo, clarinete, flauta travesera, percusión y teclados); Pedro Barceló (batería); y Laura Gómez Palma (bajo). También, al resto del equipo que ha hecho posibles los conciertos: “Nosotros no somos solo a los que se ve en el escenario”

“Desde que empecé a escribir canciones siempre tuve varias fantasías y en esta última gira no quería quedarme con esas fantasías dentro, quería realizarlas sobre el escenario”. En el fondo era una forma de dar paso a unas cuantas canciones sin él. “Cuando acababa una canción amorosa, dulce, pensaba en cómo quedaría en los labios de una mujer…”. También añadió: “Cuando se me ocurría un rock and roll… pensaba cómo quedaría en la voz de un verdadero rockero”. Es algo que hace habitualmente en los conciertos para tomarse un descanso, mientras la cantante Mara Barros le coge el testigo para interpretar Camas Vacías y hace lo propio Jaime Asúa con Pacto entre caballeros.

El músico y cantante Joaquín Sabina durante el concierto que ha ofrecido hoy domingo en el Movistar Arena, en Madrid.

Con Sabina ya de vuelta, uno de los momentos más emocionantes y de entrega con el público ha sido cantando uno de sus temas más emotivos: “Todos los que vivimos en Madrid somos Peces de ciudad”. Y el homenaje seguía, en un viaje que conectaba con sus fans: “Una noche ya, hace bastantes años, paseando por Madrid con Chavela Vargas, ella me contó que vivía en el Bulevar de los sueños rotos. Yo pensé que aquello merecía una canción… Y lo más curioso de la historia es que, antes de que nadie la escuchara, tuve la ocasión de cantársela a Chavela, los dos solos”. Ovación cerrada.

Antes de intepretar una de sus canciones más míticas, Y sin embargo, Sabina siguió relatando su memoria musical. “Las musas no vienen cuando uno las llama”. Contó que cuando era un adolescente algo sonó en la radio de su madre. Fue la copla “Y sin embargo te quiero”. “Siempre que la canto me gusta hacerle un homenaje a la copla que inspiró mi canción”. Y así fue: Mara Barros la interpretó sobre el escenario en uno de los momentos de más poderío de la noche.

La banda y Sabina siguieron con “Noches de boda” que hiló con otras de sus canciones más importantes: Y nos dieron las diez. Una canción que en sus primeros versos dice: “Ojalá que volvamos a vernos”. A lo que Sabina, como el que no quiere la cosa, añadió: “Ojalá, ojalá”. La verdad es que aquello no podía sonar más a despedida.

El adiós de Sabina

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Si algo hemos aprendido escuchando a Sabina es que hay historias de amor que no terminan nunca. Se llevan pegadas a la piel para siempre. De eso va la cultura, la música, por eso nos contamos historias: porque por dentro hay cosas que no nos podemos sacar, aunque en teoría algo haya terminado. La historia de amor de Sabina con su público no termina con este presunto último concierto, ni acabará el día de su muerte. Es para siempre. En las despedidas lo único verdaderamente importante es acompañar al que se va. De eso iba este concierto, que nadie se engañe. De coger de la mano a Sabina por última vez. Ese es el verdadero acto de amor que sus fans le han dado hoy.

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