El Gobierno no vio venir la crisis de Ceuta. “Es una evidencia que no teníamos información. Si la tienes, no entran 50.000 personas de la forma en que lo han hecho en 24 horas”, reconoce un alto miembro del Ejecutivo. La dimensión de los incendios en el centro y oeste del país, que obligaron además al confinamiento o evacuación de casi 100.000 personas, acaparó durante una semana la atención de La Moncloa y de varios ministerios, entre ellos el de Interior. En medio de la tormenta de fuego, la frontera con Marruecos no preocupaba. No se tuvieron en cuenta las señales de alerta, como los avisos del presidente autonómico, el popular Juan Jesús Vivas, o los primeros informes de la Guardia Civil que apuntaban a un repunte, poco significativo en un primer momento, de las entradas a nado de migrantes irregulares. “Esos días nadie hablaba de Ceuta. Había una lluvia fina de entradas y estábamos pendientes, hasta que prácticamente de un día para otro reventó”, reconoce otro miembro del Ejecutivo.
El Ejecutivo pide a sus miembros que eviten ataques a Marruecos mientras dirigentes de Sumar acusan a Rabat de urdir una “operación de desestabilización”
El Gobierno no vio venir la crisis de Ceuta. “Es una evidencia que no teníamos información. Si la tienes, no entran 50.000 personas de la forma en que lo han hecho en 24 horas”, reconoce un alto miembro del Ejecutivo. La dimensión de los incendios en el centro y oeste del país, que obligaron además al confinamiento o evacuación de casi 100.000 personas, acaparó durante una semana la atención de La Moncloa y de varios ministerios, entre ellos el de Interior. En medio de la tormenta de fuego, la frontera con Marruecos no preocupaba. No se tuvieron en cuenta las señales de alerta, como los avisos del presidente autonómico, el popular Juan Jesús Vivas, o los primeros informes de la Guardia Civil que apuntaban a un repunte, poco significativo en un primer momento, de las entradas a nado de migrantes irregulares. “Esos días nadie hablaba de Ceuta. Había una lluvia fina de entradas y estábamos pendientes, hasta que prácticamente de un día para otro reventó”, reconoce otro miembro del Ejecutivo.
El domingo pasado, Vivas reclamó una modificación de la ley de extranjería para que se pudiera devolver en caliente al número creciente de inmigrantes irregulares que llegaban a nado jugándose la vida. Para entonces, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ya manejaba informes de la Guardia Civil que apuntaban a un repunte de esas llegadas por mar a Ceuta y Melilla, por otra parte habituales en verano, ya que las brumas marinas dificultan la detección temprana en la costa. En estos análisis se recogía que entre el 29 de junio y el 12 de julio se habían registrado 500 de estos intentos, y que entre el 13 y el 26 de julio, la cifra había subido a 1.300. No obstante, el número de entradas consumadas se mantenía en guarismos bajos desde comienzos de año. Pese a ello, Interior acordó en junio reforzar los efectivos del instituto armado en la región para combatir, precisamente, un aumento de los intentos, aunque nunca previendo la avalancha que se venía encima.
El domingo 26 de julio, la principal atención seguía estando en el incendio de Ávila, que ese día pasaba a la historia trágica de España como el peor desde que hay registros, con más de 50.000 hectáreas calcinadas. La inquietud del presidente ceutí por la sentencia del 8 de julio del Supremo no tuvo repercusión. El tribunal había fallado que el rechazo exprés en la frontera solo era aplicable a quienes trataban de entrar en Ceuta y Melilla “superando los elementos de contención fronterizos establecidos, como las vallas”. Es decir, quedaban excluidos los ingresos a nado.
En los primeros días de esta semana, y mientras las llamas seguían descontroladas en Madrid, Ávila, Toledo y Castellón, el número de personas que alcanzaban Ceuta a nado iba en aumento. El miércoles, cuando Marlaska asistía por la mañana a la reunión del Consejo Nacional de Protección Civil, los informes del instituto armado recogían este incremento nada habitual y ese mismo día el ministro tuvo que responder a preguntas sobre ello en una entrevista en televisión. Fuentes de Interior insisten en que en aquel momento ya se seguía con atención lo que ocurría en Ceuta, pero aún no se habían disparado las alarmas porque los informes no apuntaban lo que finalmente iba a ocurrir. De hecho, el ministro mantenía su intención de ir al día siguiente a la fiesta del trono en la embajada de Marruecos en España.
Horas después del discurso de Mohamed VI de ese mismo día con motivo del 27º aniversario de su coronación, en el que apeló a la estabilidad como “fuerza estratégica” de Marruecos, las entradas se dispararon ante la pasividad de las fuerzas de seguridad de Rabat. “Lo que ha sucedido estaba totalmente fuera de nuestras agendas. Contábamos con que la semana sería de incendios, incendios e incendios”, asiente un tercer responsable del Gobierno. “Ceuta no estaba en el radar. No teníamos información de la envergadura de lo que se nos venía encima”, admiten en La Moncloa. La prioridad estaba concentrada a casi mil kilómetros de la frontera del Tarajal.
El jueves, en plena desescalada de los incendios, se encendieron las alarmas. Esa misma mañana, Marlaska convocó a su equipo de confianza en el ministerio. Sobre la mesa, el informe de la Guardia Civil sobre lo ocurrido la noche anterior, con la llegada de cientos de migrantes. Las cifras eran preocupantes y eso que aún no se sabía la envergadura de lo que estaba por llegar. Se lanzó un primer comunicado y el ministro decidió no acudir ya esa tarde a la fiesta de la embajada de Marruecos —sí lo harían otros miembros de su equipo como gesto— para quedarse a trabajar. Las comunicaciones de Marlaska tanto con el presidente como con Marruecos ya eran continuas.
La crisis migratoria estalló en toda su crudeza, y la derecha tradicional y la ultraderecha europea y Donald Trump la aprovecharon para cargar contra Sánchez y vincular la crisis migratoria con un efecto llamada por la regularización impulsada por el Gobierno y que respaldan la patronal, los sindicatos y el Papa. Según Interior, más de 48.300 de los 50.000 migrantes que entraron en Ceuta habían regresado a Marruecos este viernes a las seis de la tarde.
Sánchez acudió a Ceuta, donde denunció una “violación de la integridad territorial de España”, pero en ningún momento señaló a Marruecos, sino “a las mafias que trafican con seres humanos”. El presidente defendió la respuesta del reino alauita, al que se refirió como “un aliado”. La consigna dentro del Gobierno es reprimir cualquier atisbo de ataque a Marruecos y mantenerse en un tono conciliador y diplomático. Todos sus miembros lo han seguido, también los del socio minoritario de Sumar. Pero, a diferencia del PSOE, que se ha limitado a hacerse eco de las declaraciones de Sánchez, los partidos de la coalición de izquierdas se han lanzado a tumba abierta contra Rabat para acusarle de orquestar una “operación de desestabilización política” contra España y su Gobierno, como explicitó en un comunicado una de esas fuerzas políticas, Más Madrid, informa Xosé Hermida.
Los dirigentes de los partidos de Sumar involucran también en la operación a Estados Unidos e Israel, dos países de los que el rey Mohamed VI se ha revelado desde hace tiempo como un firme aliado. “El Gobierno de Marruecos es el que ha generado la crisis”, denunció en un mensaje en redes sociales el coordinador general de Izquierda Unida, Antonio Maíllo. Detrás, añadió, estarían Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para supuestamente castigar a España por la posición de su Gobierno sobre Palestina y la guerra contra Irán. La misma tesis la difundieron otros destacados dirigentes de la coalición integrada en el Ejecutivo, como la portavoz adjunta de su grupo parlamentario, Aina Vidal, o el secretario primero del Congreso, Gerardo Pisarello, miembros ambos de los comunes catalanes. Esos dirigentes apelan para justificar su denuncia a los mensajes de personalidades de los gobiernos de Washington y Tel Aviv atacando al Ejecutivo español por la crisis.
Sánchez, en cambio, aseguró que “la interlocución” desde el jueves con las autoridades marroquíes ha sido “constante, fluida y muy razonable, a diferencia de lo que sucedió en el año 2021″. Entonces se produjo una llegada inédita de unas 10.000 personas que cinco años después se ha multiplicado por cinco. Ceuta tiene una población de 84.000 habitantes.
El jefe del Ejecutivo se encontró con el reproche del presidente ceutí, que calificó la respuesta de “tardía e insuficiente”. El enfado de Vivas tiene que ver en especial con los efectos del fallo del Supremo. “La sentencia hace un agujero en la lucha contra la inmigración irregular”, aceptan en el Gobierno. Sánchez explicó que ya se está estudiando el despliegue de boyas en el espigón que separa Ceuta de la ciudad marroquí de Castillejos para dar cumplimiento al fallo judicial y que “se vea desde el punto de vista administrativo que existe una barrera de contención”. Tampoco descartó “modificar algunos aspectos de las leyes para facilitar la repatriación de la forma más efectiva posible”.
El enojo del presidente de Ceuta también se debe al plan integral pendiente para las dos ciudades norteafricanas. El Gobierno publicó el 31 de diciembre de 2021 en el Boletín Oficial del Estado, siete meses después de la anterior crisis migratoria, la Estrategia de Seguridad Nacional, en la que planteaba “el desarrollo de un plan integral de seguridad para Ceuta y Melilla”. El motivo que daba La Moncloa era la “localización geográfica en el continente africano” de ambas ciudades “y la especificidad de su frontera española y europea”. Cinco años después, el plan sigue pendiente, pese a que el Gobierno había concluido que ambas ciudades “requieren de una especial atención por parte de la Administración General del Estado para garantizar la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos”.
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