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  Internacional  Yakov Rabkin, historiador experto en sionismo y judaísmo: “Ser sionista y de izquierdas es un oxímoron, una contradicción”
Internacional

Yakov Rabkin, historiador experto en sionismo y judaísmo: “Ser sionista y de izquierdas es un oxímoron, una contradicción”

abril 4, 2026
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Profesor emérito en la Universidad de Montreal, autor de numerosos libros, judío antisionista, Rabkin advierte de que «Israel prefiere provocar más destrucción antes que abandonar el sionismo y aceptar un Estado con igualdad para todos»Israel aprueba una ley para aplicar la pena de muerte a los palestinos
A sus ochenta y un años, el historiador canadiense Yakov Rabkin continúa ofreciendo conferencias y escribiendo sobre el sionismo, el judaísmo y la situación en Oriente Próximo. Nacido en la Unión Soviética en el seno de una familia judía y formado en la Universidad de Leningrado, emigró a Canadá en los años setenta, donde desarrolló la mayor parte de su carrera académica. Es profesor emérito de Historia en la Universidad de Montreal e investigador en el Centro de Estudios Internacionales en la misma ciudad.

Algunos de sus libros más recientes son Sionismo decodificado en 101 citas o Israel: violencia perpetua; rechazo de la colonización sionista en nombre del judaísmo (Icaria). Judío practicante, muy crítico con el sionismo, pasó recientemente por Madrid, donde concedió esta entrevista a elDiario.es.

¿Qué busca Israel en esta guerra contra Irán y en esta escalada regional?

Israel sigue el plan elaborado en 1996 para Netanyahu por un grupo de halcones sionistas en Washington. Se llama Clean Break y propone un cambio radical en la región. Parte de la idea —real— de que Israel goza de una impunidad garantizada por la hegemonía estadounidense que, tras la disolución de la Unión Soviética, era prácticamente insuperable y, en gran medida, sigue vigente hoy.

Israel busca subyugar, fragmentar o debilitar todos los Estados de Asia occidental para adquirir el dominio absoluto en la región. Irán es el último gran Estado que defiende la causa palestina y apoya la resistencia.

¿Se está haciendo todo lo posible para parar esta guerra?

La influencia sionista en Washington, Londres, Berlín o París impide que se adopten las medidas efectivas para parar a Israel. No se atreven a hacerlo. Israel no dudaría en usar sus armas nucleares frente a una amenaza existencial, es decir, frente a la amenaza de transformación del Estado sionista en un Estado con igualdad de derechos para todos los que habitan entre el mar Mediterráneo y el río Jordán.

El objetivo de todas las guerras de Israel es asegurar la supremacía sionista frente a los palestinos. Prefiere provocar más destrucción antes que abandonar la idea del sionismo y aceptar un modelo más inclusivo.

Israel busca subyugar, fragmentar o debilitar todos los Estados de Asia occidental para adquirir el dominio absoluto en la región

¿Qué tendría que hacer la comunidad internacional occidental, los aliados de Israel, para evitar otra guerra mayor?

Los países occidentales tienen que despertar y recobrar su independencia sacrificada al altar de la “solidaridad transatlántica” o “solidaridad europea”. Así podrán ejercer presión excluyendo a Israel de cualquier vínculo comercial y económico y tratándolo como un paria y un Estado delincuente, como hacen actualmente, por menos, con Rusia. Eso permitiría también salir de la ceguera santurrona en cuanto a Rusia, reanudar las relaciones normales con Moscú, dejar de preparar una guerra mayor en Europa y buscar salidas al impasse político y económico. España da un ejemplo al denunciar la guerra contra Irán sin pedir permiso a Kaja Kallas.

En su opinión, ¿qué podría desatascar la situación actual en Israel, cuál es la alternativa?

En Israel hay judíos seculares, hay judíos religiosos, hay árabes musulmanes, árabes cristianos, ateos, etcétera. Hay que reconocer esa diversidad y dar derechos iguales a todo el mundo, incluyendo a quienes están ahora sometidos.

Quienes se oponen a esta idea dicen: “pero los judíos entonces estarán en minoría”. Pero los judíos somos minoría en todas partes. La fuente de tensión está más en Israel que en los judíos locales. Por eso hay que abandonar esta idea de la mayoría judía del Estado sionista y tener un Estado como todo el mundo, en el que tal vez no se van a abrazar todos todo el tiempo, pero se puede convivir sin matarse. Los judíos vivieron siempre mezclados en muchos lugares.

Israel es definido como una etnocracia por algunos historiadores.

La idea de separar a poblaciones y crear Estados basados en la identidad étnica derramó mucha sangre, tanto en Europa como en Oriente Próximo. La progresión del nacionalismo étnico desemboca en autoritarismos, en fascismos de varios colores. Y eso mismo pasa con Israel. Este nacionalismo étnico es algo muy reciente, nace en la segunda parte del siglo XIX y es muy peligroso, lo estamos viendo en muchos lugares.

Hay que abandonar la idea de la mayoría judía en un Estado sionista y defender un Estado con igualdad de derechos para todos los que habitan desde el río hasta el mar

Usted menciona en varios libros el papel del laborismo israelí.

Fue un Gobierno laborista el que rechazó la resolución de Naciones Unidas que defiende el derecho al retorno de los refugiados palestinos. Ser socialista sionista implica una negociación interna difícil, porque por un lado es apoyar un país socialista nuevo pero, por otro lado, ese país —Palestina— ya está poblado.

Hasta la década de los sesenta [en el siglo XX] el colonialismo todavía era algo normal, por lo que no pensaban que estaban haciendo algo mal. Aun así, algunos se dieron cuenta, pero la mayor parte prefirió cerrar los ojos y no reconocer que estaban apoyando un proyecto colonial, pese a la evidencia. Por ejemplo, fundaron un banco para apoyar el asentamiento colonial en Palestina que se llamaba Jewish Colonial Trust. Más claro no podía ser.

Mi colega Zeev Sternhell, que era un politólogo de Jerusalén, escribió un libro muy bueno, The Founding Myths of Israel, en el que muestra que el socialismo sionista era un medio para llegar a la meta nacional. Es decir, el socialismo fue usado como instrumento para llegar a construir el Estado-nación, es importante entender esto. Porque si ocupas la tierra, es más fácil confrontar a la población local cuando hay un kibutz con cincuenta personas, una comunidad, que cuando hay un campesino solo. Así que los kibutz sí tenían rasgos progresistas pero también ejercían una función externa muy importante de colonización.

No se debe hablar de ‘la comunidad judía’, sino de ‘las comunidades judías’, porque somos muchos y diversos, con posiciones muy diferentes

Usted también señala que la ocupación ilegal de Cisjordania, Gaza, Jerusalén Este, los Altos del Golán sirios y el Sinaí egipcio en 1967 se llevó a cabo con un Gobierno laborista.

La colonización de los territorios empezó –y continuó– bajo el laborismo. ¿Qué ocurre? Que la tendencia general del nacionalismo étnico es ir hacia la derecha, cualesquiera que sean las intenciones iniciales. ¿Por qué? Porque está basado en la discriminación y, como se dice en hebreo, uno puede bailar en dos bodas pero no todo el tiempo. Y ahí escoges la boda que te conviene más, que es la derecha nacionalista. Los laboristas perdieron el poder en 1977 y sí, después regresaron, pero poco.

Así que aquellos que en los años setenta y ochenta eran sionistas de izquierdas hoy o no son sionistas o no son de izquierda, porque ser ambas cosas es un oxímoron. La nieve no puede estar hirviendo.

El profesor canadiense Yakov Rabkin, a su paso por Madrid

El objetivo de todas las guerras de Israel es asegurar la supremacia sionista frente a los palestinos

Las autoridades de Israel suelen hablar en nombre de todos los judíos del mundo, de lo que llaman “la comunidad judía”. ¿Qué supone esto?

No existe una comunidad judía. Se puede hablar de comunidades judías, en plural, pero no de una sola. Ningún organismo puede hablar en nombre de un grupo tan diverso. Es como si decimos que todos los rusos piensan igual, o todos los ucranianos. No. Hay rusos que apoyan a Ucrania y hay rusos que no. Hay ucranianos que quieren defender el país, hay otros que emigran a Europa y otros que emigran a Rusia. Hay de todo.

Con los judíos, lo mismo. Israel emite el mensaje de que todos los judíos están involucrados en el Estado de Israel. Eso es una trampa mortal. Lo cierto es que hay muchos judíos que se oponen al Estado de Israel, al sionismo.

En Europa y EEUU también han surgido organizaciones de jóvenes judíos que dicen “no en mi nombre”.

Hay judíos que mantienen un vínculo afectivo con la idea de Israel, otros que lo apoyan sin reservas y otros que se han desengañado y lo rechazan. También hay gente judía creyente, practicante, religiosa, para la que el sionismo siempre fue una herejía, y por eso siempre estuvieron en contra. La idea misma de ocupar la tierra por medios políticos y militares les provoca rechazo y no quieren tener nada que ver con ello.

Es muy peligroso asociar Israel con todos los judíos del mundo. De todo esto escribí hace muchos años en un libro titulado La amenaza interior. No se puede generalizar, nunca.

Israel prefiere provocar más destrucción antes que abandonar el sionismo y aceptar un Estado con igualdad de derechos para todos. No dudaría en usar sus armas nucleares ante esa amenaza de transformación

Hay judíos que, por oponerse a la ocupación colonial, al apartheid, al genocidio, están siendo acusados de antisemitas, junto con personas no judías que tienen esa posición. ¿Qué opina de este fenómeno?

El Estado israelí dice que es el Estado del pueblo judío, lo que crea varios problemas. En primer lugar, discrimina. Supone una discriminación contra los que no son judíos que habitan en esa tierra. En segundo lugar, habla en nombre de todos, implica a los judíos que no tienen nada que ver con eso. Y, en tercer lugar, amenaza a las comunidades judías, porque habla en nombre de todos, lo que fomenta judeofobia.

El historiador canadiense Yakov Rabkin, durante la entrevista con elDiario.es

Israel sigue el plan ‘Clean Break’, elaborado en 1996 para Netanyahu por un grupo de halcones sionistas en Washington

Usted explica que la crisis del capitalismo ha llevado a países europeos y a EEUU a insistir en el apoyo, protección o permiso a las acciones del Estado israelí.

Con la derecha israelí pasa como con Trump: cuentan sus intenciones, no disimulan. La derecha israelí siempre dijo que quería todo el territorio, que los palestinos no pertenecen a la tierra, que son extranjeros, etcétera. Estados Unidos hablaba de “la solución de los dos Estados”, pero era una ilusión o hipocresía.

Ahora Washington habla claro. Por ejemplo, el discurso del secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, en Múnich, recientemente, explica bien esto. Rubio dice que hay que regresar al colonialismo, a la dominación del mundo. Antes eso estaba escondido, no se decía, no se confesaba. Israel es parte e incluso pionero en esta tendencia.

La desigualdad, la diferencia entre ricos y pobres, se hace más grande desde la época de Margaret Thatcher hasta hoy. La población está descontenta en muchos lugares y, por tanto, hay que controlarla. En ese sentido, los medios que Israel desarrolló contra los palestinos son muy útiles y se están utilizando en todo el planeta por las fuerzas policiales y militares. En Estados Unidos se emplean.

Y así observamos cómo un problema externo ya se convierte en algo interno, porque uno no puede ser fascista afuera y progresista dentro. Las dinámicas empleadas por Washington en territorios exteriores han terminado siendo asumidas a la interna. Hay que entender que Israel no es solo un asunto de Oriente Próximo, no es solo un país allá. No. Es un asunto mucho más importante.

Los países occidentales tienen que despertar y recobrar su independencia sacrificada al altar de la ‘solidaridad transatlántica’

En su libro cuenta cómo surgió el sionismo en el siglo XIX y aborda también como a día de hoy hay mucha gente no judía en el mundo, como los evangelistas, que constituyen uno de los grupos más defensores del sionismo.

El sionismo, la idea de llevar a los judíos a la Tierra Santa sin esperar la llegada del Mesías, llegó a los protestantes en los siglos XVI y XVII, concebido como modo y creencia para acelerar la segunda llegada de Cristo, porque ellos lo interpretan así. Posteriormente la idea atrajo a más personas. El objetivo era doble: llevar a los judíos a Tierra Santa y convertirlos en cristianos, que reconocieran a Jesús como Cristo.

Esa idea tomó relevancia a mediados del siglo XIX, por razones geopolíticas, porque Reino Unido llegó a la región y el Canal de Suez es un lugar logístico importante. Pensaron que sería bueno un protectorado, una colonia británica. Es así como empezó a crecer la idea de sionismo. Lo más irónico es que los judíos no estaban involucrados en ello.

Solo a finales del siglo XIX empiezan a sentirse atraídos por el sionismo algunos intelectuales de origen judío, fundamentalmente de lengua alemana o austriaca, que se sentían discriminados por el antisemitismo racial surgido en la segunda mitad de ese siglo como reacción a la emancipación de los judíos, que se incorporaban a muchas profesiones, etcétera.

El profesor Rabkin (derecha), en una conferencia en Irlanda.

Israel goza de una impunidad garantizada por la hegemonía de Estados Unidos que, tras la disolución de la Unión Soviética, era prácticamente insuperable

Theodor Herzl fue clave en ello.

Él era un periodista y dramaturgo de éxito y llevaba mal que algunos salones de Viena no lo aceptaran. Su primera idea fue terminar con la identidad judía y que todo el mundo se convirtiera al catolicismo. Esto se sabe poco, pero fue así: ese era su plan A. En ese sentido tuvo importancia el capellán de la embajada británica en Viena, que era un sionista cristiano, aunque la palabra sionista no existía aún. Se conocieron y fraguó esa idea.

Herzl era un tipo muy carismático y atrajo a muchos intelectuales judíos. Pero la mayoría de los judíos de Alemania, Francia o Reino Unido no estaban interesados en ello y se oponían, afirmando que eso era antisemitismo. ¿Por qué lo decían? Porque los antisemitas en Europa apoyaban la idea, decían “váyanse a Palestina”, y Herzl decía lo mismo. Además, también había razones religiosas.

El primer Congreso sionista tuvo lugar en Basilea, en Suiza.

Sí, porque Basilea era una ciudad de poca importancia. Querían haberlo celebrado en Múnich, pero la organización judía alemana pidió al Gobierno alemán no permitir ese Congreso allí. Por eso se trasladaron a Basilea. Y después encontraron su “ejército”, las masas, en el Imperio Ruso, donde la historia judía era muy diferente a la de Viena, París o Londres.

La colonización de los territorios [palestinos] empezó bajo el laborismo israelí y continuó. Ocurre que el nacionalismo étnico tiende a ir a la derecha, porque se basa en la discriminación

¿En qué sentido?

El Imperio ruso no tenía población judía antes de la segunda mitad del siglo XVIII. Cuando Rusia, Prusia (hoy parte de Alemania) y Austria se repartieron Polonia se produjo la llegada de un millón de judíos al Imperio Ruso. Y Catalina la Grande no sabía qué hacer con ellos. Finalmente se decidió que se quedarían en lo que hoy es, más o menos, Lituania, Bielorrusia, Moldavia, Polonia, etcétera. Llamaron a esa área la zona de residencia obligatoria. No podían instalarse en las grandes ciudades del Imperio, como San Petersburgo o Moscú, con la excepción de doctores o comerciantes muy exitosos y ricos.

Ocurrió lo mismo que en Europa: la secularización. Muchos cristianos y judíos perdieron la fe y el interés en la religión, se convirtieron en librepensadores. En esa zona de residencia los judíos no sentían mucho compromiso con el Imperio Ruso porque se sentían discriminados, a ello se sumó la industrialización, que empobreció mucho esa área. De ese modo se crearon grupos de judíos radicales.

Algunos se hicieron bolcheviques y otros sionistas, sionistas socialistas. La diferencia es que unos querían construir el socialismo en Rusia y otros, en Palestina. Así que los primeros judíos que de verdad se adhirieron a la idea sionista y a la práctica fueron los socialistas jóvenes judíos de la zona de residencia, que eran muy cerrados y tenían poco contacto con otros.

Tras el asesinato de Alejandro II [en 1881] comenzó la violencia contra los judíos, los pogromos. Todo ello generó un terreno muy propicio para el sionismo, pero este no fue mayoritario, había otros grupos socialistas. Por ejemplo, los bundistas. El bundismo fue un movimiento político socialista judío antisionista. Apoyaban el desarrollo de la cultura judía en los lugares de residencia y la promoción del yiddish como lengua judía. No el hebreo, sino el yiddish.

Usted nació en la Unión Soviética en 1945, antes de la creación del Estado de Israel. ¿Cómo fue viendo todos los acontecimientos?

Cuando se anunció la creación del Estado de Israel yo tenía dos años y medio, en 1948. Crecí sabiendo que había episodios antisemitas en mi país. En 1952, un año antes de la muerte de Stalin, despidieron a mi padre del trabajo. Mi hermano mayor, que tenía diez años más que yo, era un alumno excelente. Ese año el director de la escuela le llamó y le dijo que no podía entrar en la universidad, pese a que lo merecía. Le recomendó que fuera a la escuela de obreros, en horario nocturno.

Así que yo sabía que había episodios antisemitas. Viví como un joven soviético. En la escuela éramos unos dieciocho judíos. No teníamos lazos particulares, no había una afinidad específica. No sentía antisemitismo social, así que no había necesidad de agruparse. Mis mejores amigos no eran judíos, uno era ruso y otro armenio. Ser judío no tenía un contenido específico, al igual que tener un color de ojos determinado no te coloca en una comunidad.

Por eso mi emigración no estuvo en absoluto ligada a Israel. Tuvo que ver con la invasión de Checoslovaquia en 1968, que no me gustó. Quise salir de la mejor manera, y eso fue pretender que me iba a Israel.

Los israelíes me consiguieron un medio para irme, yo fui muy franco y les dije que no tenía interés en quedarme allí, estuve pocos meses, no me interesó. Ya en Canadá empecé a preguntarme qué quiere decir ser judío, empecé a leer, a estudiar, después a enseñar y a escribir. Y comencé a practicar el judaísmo, lo hago hasta hoy. Para mí ser judío no es una nacionalidad. Profesor emérito en la Universidad de Montreal, autor de numerosos libros, judío antisionista, Rabkin advierte de que «Israel prefiere provocar más destrucción antes que abandonar el sionismo y aceptar un Estado con igualdad para todos»Israel aprueba una ley para aplicar la pena de muerte a los palestinos
A sus ochenta y un años, el historiador canadiense Yakov Rabkin continúa ofreciendo conferencias y escribiendo sobre el sionismo, el judaísmo y la situación en Oriente Próximo. Nacido en la Unión Soviética en el seno de una familia judía y formado en la Universidad de Leningrado, emigró a Canadá en los años setenta, donde desarrolló la mayor parte de su carrera académica. Es profesor emérito de Historia en la Universidad de Montreal e investigador en el Centro de Estudios Internacionales en la misma ciudad.

Algunos de sus libros más recientes son Sionismo decodificado en 101 citas o Israel: violencia perpetua; rechazo de la colonización sionista en nombre del judaísmo (Icaria). Judío practicante, muy crítico con el sionismo, pasó recientemente por Madrid, donde concedió esta entrevista a elDiario.es.

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Israel sigue el plan elaborado en 1996 para Netanyahu por un grupo de halcones sionistas en Washington. Se llama Clean Break y propone un cambio radical en la región. Parte de la idea —real— de que Israel goza de una impunidad garantizada por la hegemonía estadounidense que, tras la disolución de la Unión Soviética, era prácticamente insuperable y, en gran medida, sigue vigente hoy.

Israel busca subyugar, fragmentar o debilitar todos los Estados de Asia occidental para adquirir el dominio absoluto en la región. Irán es el último gran Estado que defiende la causa palestina y apoya la resistencia.

¿Se está haciendo todo lo posible para parar esta guerra?

La influencia sionista en Washington, Londres, Berlín o París impide que se adopten las medidas efectivas para parar a Israel. No se atreven a hacerlo. Israel no dudaría en usar sus armas nucleares frente a una amenaza existencial, es decir, frente a la amenaza de transformación del Estado sionista en un Estado con igualdad de derechos para todos los que habitan entre el mar Mediterráneo y el río Jordán.

El objetivo de todas las guerras de Israel es asegurar la supremacía sionista frente a los palestinos. Prefiere provocar más destrucción antes que abandonar la idea del sionismo y aceptar un modelo más inclusivo.

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¿Qué tendría que hacer la comunidad internacional occidental, los aliados de Israel, para evitar otra guerra mayor?

Los países occidentales tienen que despertar y recobrar su independencia sacrificada al altar de la “solidaridad transatlántica” o “solidaridad europea”. Así podrán ejercer presión excluyendo a Israel de cualquier vínculo comercial y económico y tratándolo como un paria y un Estado delincuente, como hacen actualmente, por menos, con Rusia. Eso permitiría también salir de la ceguera santurrona en cuanto a Rusia, reanudar las relaciones normales con Moscú, dejar de preparar una guerra mayor en Europa y buscar salidas al impasse político y económico. España da un ejemplo al denunciar la guerra contra Irán sin pedir permiso a Kaja Kallas.

En su opinión, ¿qué podría desatascar la situación actual en Israel, cuál es la alternativa?

En Israel hay judíos seculares, hay judíos religiosos, hay árabes musulmanes, árabes cristianos, ateos, etcétera. Hay que reconocer esa diversidad y dar derechos iguales a todo el mundo, incluyendo a quienes están ahora sometidos.

Quienes se oponen a esta idea dicen: “pero los judíos entonces estarán en minoría”. Pero los judíos somos minoría en todas partes. La fuente de tensión está más en Israel que en los judíos locales. Por eso hay que abandonar esta idea de la mayoría judía del Estado sionista y tener un Estado como todo el mundo, en el que tal vez no se van a abrazar todos todo el tiempo, pero se puede convivir sin matarse. Los judíos vivieron siempre mezclados en muchos lugares.

Israel es definido como una etnocracia por algunos historiadores.

La idea de separar a poblaciones y crear Estados basados en la identidad étnica derramó mucha sangre, tanto en Europa como en Oriente Próximo. La progresión del nacionalismo étnico desemboca en autoritarismos, en fascismos de varios colores. Y eso mismo pasa con Israel. Este nacionalismo étnico es algo muy reciente, nace en la segunda parte del siglo XIX y es muy peligroso, lo estamos viendo en muchos lugares.

Hay que abandonar la idea de la mayoría judía en un Estado sionista y defender un Estado con igualdad de derechos para todos los que habitan desde el río hasta el mar

Usted menciona en varios libros el papel del laborismo israelí.

Fue un Gobierno laborista el que rechazó la resolución de Naciones Unidas que defiende el derecho al retorno de los refugiados palestinos. Ser socialista sionista implica una negociación interna difícil, porque por un lado es apoyar un país socialista nuevo pero, por otro lado, ese país —Palestina— ya está poblado.

Hasta la década de los sesenta [en el siglo XX] el colonialismo todavía era algo normal, por lo que no pensaban que estaban haciendo algo mal. Aun así, algunos se dieron cuenta, pero la mayor parte prefirió cerrar los ojos y no reconocer que estaban apoyando un proyecto colonial, pese a la evidencia. Por ejemplo, fundaron un banco para apoyar el asentamiento colonial en Palestina que se llamaba Jewish Colonial Trust. Más claro no podía ser.

Mi colega Zeev Sternhell, que era un politólogo de Jerusalén, escribió un libro muy bueno, The Founding Myths of Israel, en el que muestra que el socialismo sionista era un medio para llegar a la meta nacional. Es decir, el socialismo fue usado como instrumento para llegar a construir el Estado-nación, es importante entender esto. Porque si ocupas la tierra, es más fácil confrontar a la población local cuando hay un kibutz con cincuenta personas, una comunidad, que cuando hay un campesino solo. Así que los kibutz sí tenían rasgos progresistas pero también ejercían una función externa muy importante de colonización.

No se debe hablar de ‘la comunidad judía’, sino de ‘las comunidades judías’, porque somos muchos y diversos, con posiciones muy diferentes

Usted también señala que la ocupación ilegal de Cisjordania, Gaza, Jerusalén Este, los Altos del Golán sirios y el Sinaí egipcio en 1967 se llevó a cabo con un Gobierno laborista.

La colonización de los territorios empezó –y continuó– bajo el laborismo. ¿Qué ocurre? Que la tendencia general del nacionalismo étnico es ir hacia la derecha, cualesquiera que sean las intenciones iniciales. ¿Por qué? Porque está basado en la discriminación y, como se dice en hebreo, uno puede bailar en dos bodas pero no todo el tiempo. Y ahí escoges la boda que te conviene más, que es la derecha nacionalista. Los laboristas perdieron el poder en 1977 y sí, después regresaron, pero poco.

Así que aquellos que en los años setenta y ochenta eran sionistas de izquierdas hoy o no son sionistas o no son de izquierda, porque ser ambas cosas es un oxímoron. La nieve no puede estar hirviendo.

El profesor canadiense Yakov Rabkin, a su paso por Madrid

El objetivo de todas las guerras de Israel es asegurar la supremacia sionista frente a los palestinos

Las autoridades de Israel suelen hablar en nombre de todos los judíos del mundo, de lo que llaman “la comunidad judía”. ¿Qué supone esto?

No existe una comunidad judía. Se puede hablar de comunidades judías, en plural, pero no de una sola. Ningún organismo puede hablar en nombre de un grupo tan diverso. Es como si decimos que todos los rusos piensan igual, o todos los ucranianos. No. Hay rusos que apoyan a Ucrania y hay rusos que no. Hay ucranianos que quieren defender el país, hay otros que emigran a Europa y otros que emigran a Rusia. Hay de todo.

Con los judíos, lo mismo. Israel emite el mensaje de que todos los judíos están involucrados en el Estado de Israel. Eso es una trampa mortal. Lo cierto es que hay muchos judíos que se oponen al Estado de Israel, al sionismo.

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Es muy peligroso asociar Israel con todos los judíos del mundo. De todo esto escribí hace muchos años en un libro titulado La amenaza interior. No se puede generalizar, nunca.

Israel prefiere provocar más destrucción antes que abandonar el sionismo y aceptar un Estado con igualdad de derechos para todos. No dudaría en usar sus armas nucleares ante esa amenaza de transformación

Hay judíos que, por oponerse a la ocupación colonial, al apartheid, al genocidio, están siendo acusados de antisemitas, junto con personas no judías que tienen esa posición. ¿Qué opina de este fenómeno?

El Estado israelí dice que es el Estado del pueblo judío, lo que crea varios problemas. En primer lugar, discrimina. Supone una discriminación contra los que no son judíos que habitan en esa tierra. En segundo lugar, habla en nombre de todos, implica a los judíos que no tienen nada que ver con eso. Y, en tercer lugar, amenaza a las comunidades judías, porque habla en nombre de todos, lo que fomenta judeofobia.

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Con la derecha israelí pasa como con Trump: cuentan sus intenciones, no disimulan. La derecha israelí siempre dijo que quería todo el territorio, que los palestinos no pertenecen a la tierra, que son extranjeros, etcétera. Estados Unidos hablaba de “la solución de los dos Estados”, pero era una ilusión o hipocresía.

Ahora Washington habla claro. Por ejemplo, el discurso del secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, en Múnich, recientemente, explica bien esto. Rubio dice que hay que regresar al colonialismo, a la dominación del mundo. Antes eso estaba escondido, no se decía, no se confesaba. Israel es parte e incluso pionero en esta tendencia.

La desigualdad, la diferencia entre ricos y pobres, se hace más grande desde la época de Margaret Thatcher hasta hoy. La población está descontenta en muchos lugares y, por tanto, hay que controlarla. En ese sentido, los medios que Israel desarrolló contra los palestinos son muy útiles y se están utilizando en todo el planeta por las fuerzas policiales y militares. En Estados Unidos se emplean.

Y así observamos cómo un problema externo ya se convierte en algo interno, porque uno no puede ser fascista afuera y progresista dentro. Las dinámicas empleadas por Washington en territorios exteriores han terminado siendo asumidas a la interna. Hay que entender que Israel no es solo un asunto de Oriente Próximo, no es solo un país allá. No. Es un asunto mucho más importante.

Los países occidentales tienen que despertar y recobrar su independencia sacrificada al altar de la ‘solidaridad transatlántica’

En su libro cuenta cómo surgió el sionismo en el siglo XIX y aborda también como a día de hoy hay mucha gente no judía en el mundo, como los evangelistas, que constituyen uno de los grupos más defensores del sionismo.

El sionismo, la idea de llevar a los judíos a la Tierra Santa sin esperar la llegada del Mesías, llegó a los protestantes en los siglos XVI y XVII, concebido como modo y creencia para acelerar la segunda llegada de Cristo, porque ellos lo interpretan así. Posteriormente la idea atrajo a más personas. El objetivo era doble: llevar a los judíos a Tierra Santa y convertirlos en cristianos, que reconocieran a Jesús como Cristo.

Esa idea tomó relevancia a mediados del siglo XIX, por razones geopolíticas, porque Reino Unido llegó a la región y el Canal de Suez es un lugar logístico importante. Pensaron que sería bueno un protectorado, una colonia británica. Es así como empezó a crecer la idea de sionismo. Lo más irónico es que los judíos no estaban involucrados en ello.

Solo a finales del siglo XIX empiezan a sentirse atraídos por el sionismo algunos intelectuales de origen judío, fundamentalmente de lengua alemana o austriaca, que se sentían discriminados por el antisemitismo racial surgido en la segunda mitad de ese siglo como reacción a la emancipación de los judíos, que se incorporaban a muchas profesiones, etcétera.

El profesor Rabkin (derecha), en una conferencia en Irlanda.

Israel goza de una impunidad garantizada por la hegemonía de Estados Unidos que, tras la disolución de la Unión Soviética, era prácticamente insuperable

Theodor Herzl fue clave en ello.

Él era un periodista y dramaturgo de éxito y llevaba mal que algunos salones de Viena no lo aceptaran. Su primera idea fue terminar con la identidad judía y que todo el mundo se convirtiera al catolicismo. Esto se sabe poco, pero fue así: ese era su plan A. En ese sentido tuvo importancia el capellán de la embajada británica en Viena, que era un sionista cristiano, aunque la palabra sionista no existía aún. Se conocieron y fraguó esa idea.

Herzl era un tipo muy carismático y atrajo a muchos intelectuales judíos. Pero la mayoría de los judíos de Alemania, Francia o Reino Unido no estaban interesados en ello y se oponían, afirmando que eso era antisemitismo. ¿Por qué lo decían? Porque los antisemitas en Europa apoyaban la idea, decían “váyanse a Palestina”, y Herzl decía lo mismo. Además, también había razones religiosas.

El primer Congreso sionista tuvo lugar en Basilea, en Suiza.

Sí, porque Basilea era una ciudad de poca importancia. Querían haberlo celebrado en Múnich, pero la organización judía alemana pidió al Gobierno alemán no permitir ese Congreso allí. Por eso se trasladaron a Basilea. Y después encontraron su “ejército”, las masas, en el Imperio Ruso, donde la historia judía era muy diferente a la de Viena, París o Londres.

La colonización de los territorios [palestinos] empezó bajo el laborismo israelí y continuó. Ocurre que el nacionalismo étnico tiende a ir a la derecha, porque se basa en la discriminación

¿En qué sentido?

El Imperio ruso no tenía población judía antes de la segunda mitad del siglo XVIII. Cuando Rusia, Prusia (hoy parte de Alemania) y Austria se repartieron Polonia se produjo la llegada de un millón de judíos al Imperio Ruso. Y Catalina la Grande no sabía qué hacer con ellos. Finalmente se decidió que se quedarían en lo que hoy es, más o menos, Lituania, Bielorrusia, Moldavia, Polonia, etcétera. Llamaron a esa área la zona de residencia obligatoria. No podían instalarse en las grandes ciudades del Imperio, como San Petersburgo o Moscú, con la excepción de doctores o comerciantes muy exitosos y ricos.

Ocurrió lo mismo que en Europa: la secularización. Muchos cristianos y judíos perdieron la fe y el interés en la religión, se convirtieron en librepensadores. En esa zona de residencia los judíos no sentían mucho compromiso con el Imperio Ruso porque se sentían discriminados, a ello se sumó la industrialización, que empobreció mucho esa área. De ese modo se crearon grupos de judíos radicales.

Algunos se hicieron bolcheviques y otros sionistas, sionistas socialistas. La diferencia es que unos querían construir el socialismo en Rusia y otros, en Palestina. Así que los primeros judíos que de verdad se adhirieron a la idea sionista y a la práctica fueron los socialistas jóvenes judíos de la zona de residencia, que eran muy cerrados y tenían poco contacto con otros.

Tras el asesinato de Alejandro II [en 1881] comenzó la violencia contra los judíos, los pogromos. Todo ello generó un terreno muy propicio para el sionismo, pero este no fue mayoritario, había otros grupos socialistas. Por ejemplo, los bundistas. El bundismo fue un movimiento político socialista judío antisionista. Apoyaban el desarrollo de la cultura judía en los lugares de residencia y la promoción del yiddish como lengua judía. No el hebreo, sino el yiddish.

Usted nació en la Unión Soviética en 1945, antes de la creación del Estado de Israel. ¿Cómo fue viendo todos los acontecimientos?

Cuando se anunció la creación del Estado de Israel yo tenía dos años y medio, en 1948. Crecí sabiendo que había episodios antisemitas en mi país. En 1952, un año antes de la muerte de Stalin, despidieron a mi padre del trabajo. Mi hermano mayor, que tenía diez años más que yo, era un alumno excelente. Ese año el director de la escuela le llamó y le dijo que no podía entrar en la universidad, pese a que lo merecía. Le recomendó que fuera a la escuela de obreros, en horario nocturno.

Así que yo sabía que había episodios antisemitas. Viví como un joven soviético. En la escuela éramos unos dieciocho judíos. No teníamos lazos particulares, no había una afinidad específica. No sentía antisemitismo social, así que no había necesidad de agruparse. Mis mejores amigos no eran judíos, uno era ruso y otro armenio. Ser judío no tenía un contenido específico, al igual que tener un color de ojos determinado no te coloca en una comunidad.

Por eso mi emigración no estuvo en absoluto ligada a Israel. Tuvo que ver con la invasión de Checoslovaquia en 1968, que no me gustó. Quise salir de la mejor manera, y eso fue pretender que me iba a Israel.

Los israelíes me consiguieron un medio para irme, yo fui muy franco y les dije que no tenía interés en quedarme allí, estuve pocos meses, no me interesó. Ya en Canadá empecé a preguntarme qué quiere decir ser judío, empecé a leer, a estudiar, después a enseñar y a escribir. Y comencé a practicar el judaísmo, lo hago hasta hoy. Para mí ser judío no es una nacionalidad.  

A sus ochenta y un años, el historiador canadiense Yakov Rabkin continúa ofreciendo conferencias y escribiendo sobre el sionismo, el judaísmo y la situación en Oriente Próximo. Nacido en la Unión Soviética en el seno de una familia judía y formado en la Universidad de Leningrado, emigró a Canadá en los años setenta, donde desarrolló la mayor parte de su carrera académica. Es profesor emérito de Historia en la Universidad de Montreal e investigador en el Centro de Estudios Internacionales en la misma ciudad.

Algunos de sus libros más recientes son Sionismo decodificado en 101 citas o Israel: violencia perpetua; rechazo de la colonización sionista en nombre del judaísmo (Icaria). Judío practicante, muy crítico con el sionismo, pasó recientemente por Madrid, donde concedió esta entrevista a elDiario.es.

¿Qué busca Israel en esta guerra contra Irán y en esta escalada regional?

Israel sigue el plan elaborado en 1996 para Netanyahu por un grupo de halcones sionistas en Washington. Se llama Clean Breaky propone un cambio radical en la región. Parte de la idea —real— de que Israel goza de una impunidad garantizada por la hegemonía estadounidense que, tras la disolución de la Unión Soviética, era prácticamente insuperable y, en gran medida, sigue vigente hoy.

Israel busca subyugar, fragmentar o debilitar todos los Estados de Asia occidental para adquirir el dominio absoluto en la región. Irán es el último gran Estado que defiende la causa palestina y apoya la resistencia.

¿Se está haciendo todo lo posible para parar esta guerra?

La influencia sionista en Washington, Londres, Berlín o París impide que se adopten las medidas efectivas para parar a Israel. No se atreven a hacerlo. Israel no dudaría en usar sus armas nucleares frente a una amenaza existencial, es decir, frente a la amenaza de transformación del Estado sionista en un Estado con igualdad de derechos para todos los que habitan entre el mar Mediterráneo y el río Jordán.

El objetivo de todas las guerras de Israel es asegurar la supremacía sionista frente a los palestinos. Prefiere provocar más destrucción antes que abandonar la idea del sionismo y aceptar un modelo más inclusivo.

Israel busca subyugar, fragmentar o debilitar todos los Estados de Asia occidental para adquirir el dominio absoluto en la región

¿Qué tendría que hacer la comunidad internacional occidental, los aliados de Israel, para evitar otra guerra mayor?

Los países occidentales tienen que despertar y recobrar su independencia sacrificada al altar de la “solidaridad transatlántica” o “solidaridad europea”. Así podrán ejercer presión excluyendo a Israel de cualquier vínculo comercial y económico y tratándolo como un paria y un Estado delincuente, como hacen actualmente, por menos, con Rusia. Eso permitiría también salir de la ceguera santurrona en cuanto a Rusia, reanudar las relaciones normales con Moscú, dejar de preparar una guerra mayor en Europa y buscar salidas al impasse político y económico. España da un ejemplo al denunciar la guerra contra Irán sin pedir permiso a Kaja Kallas.

En su opinión, ¿qué podría desatascar la situación actual en Israel, cuál es la alternativa?

En Israel hay judíos seculares, hay judíos religiosos, hay árabes musulmanes, árabes cristianos, ateos, etcétera. Hay que reconocer esa diversidad y dar derechos iguales a todo el mundo, incluyendo a quienes están ahora sometidos.

Quienes se oponen a esta idea dicen: “pero los judíos entonces estarán en minoría”. Pero los judíos somos minoría en todas partes. La fuente de tensión está más en Israel que en los judíos locales. Por eso hay que abandonar esta idea de la mayoría judía del Estado sionista y tener un Estado como todo el mundo, en el que tal vez no se van a abrazar todos todo el tiempo, pero se puede convivir sin matarse. Los judíos vivieron siempre mezclados en muchos lugares.

Israel es definido como una etnocracia por algunos historiadores.

La idea de separar a poblaciones y crear Estados basados en la identidad étnica derramó mucha sangre, tanto en Europa como en Oriente Próximo. La progresión del nacionalismo étnico desemboca en autoritarismos, en fascismos de varios colores. Y eso mismo pasa con Israel. Este nacionalismo étnico es algo muy reciente, nace en la segunda parte del siglo XIX y es muy peligroso, lo estamos viendo en muchos lugares.

Hay que abandonar la idea de la mayoría judía en un Estado sionista y defender un Estado con igualdad de derechos para todos los que habitan desde el río hasta el mar

Usted menciona en varios libros el papel del laborismo israelí.

Fue un Gobierno laborista el que rechazó la resolución de Naciones Unidas que defiende el derecho al retorno de los refugiados palestinos. Ser socialista sionista implica una negociación interna difícil, porque por un lado es apoyar un país socialista nuevo pero, por otro lado, ese país —Palestina— ya está poblado.

Hasta la década de los sesenta [en el siglo XX] el colonialismo todavía era algo normal, por lo que no pensaban que estaban haciendo algo mal. Aun así, algunos se dieron cuenta, pero la mayor parte prefirió cerrar los ojos y no reconocer que estaban apoyando un proyecto colonial, pese a la evidencia. Por ejemplo, fundaron un banco para apoyar el asentamiento colonial en Palestina que se llamaba Jewish Colonial Trust. Más claro no podía ser.

Mi colega Zeev Sternhell, que era un politólogo de Jerusalén, escribió un libro muy bueno, The Founding Myths of Israel, en el que muestra que el socialismo sionista era un medio para llegar a la meta nacional. Es decir, el socialismo fue usado como instrumento para llegar a construir el Estado-nación, es importante entender esto. Porque si ocupas la tierra, es más fácil confrontar a la población local cuando hay un kibutz con cincuenta personas, una comunidad, que cuando hay un campesino solo. Así que los kibutz sí tenían rasgos progresistas pero también ejercían una función externa muy importante de colonización.

No se debe hablar de ‘la comunidad judía’, sino de ‘las comunidades judías’, porque somos muchos y diversos, con posiciones muy diferentes

Usted también señala que la ocupación ilegal de Cisjordania, Gaza, Jerusalén Este, los Altos del Golán sirios y el Sinaí egipcio en 1967 se llevó a cabo con un Gobierno laborista.

La colonización de los territorios empezó –y continuó– bajo el laborismo. ¿Qué ocurre? Que la tendencia general del nacionalismo étnico es ir hacia la derecha, cualesquiera que sean las intenciones iniciales. ¿Por qué? Porque está basado en la discriminación y, como se dice en hebreo, uno puede bailar en dos bodas pero no todo el tiempo. Y ahí escoges la boda que te conviene más, que es la derecha nacionalista. Los laboristas perdieron el poder en 1977 y sí, después regresaron, pero poco.

Así que aquellos que en los años setenta y ochenta eran sionistas de izquierdas hoy o no son sionistas o no son de izquierda, porque ser ambas cosas es un oxímoron. La nieve no puede estar hirviendo.

El profesor canadiense Yakov Rabkin, a su paso por Madrid

El objetivo de todas las guerras de Israel es asegurar la supremacia sionista frente a los palestinos

Las autoridades de Israel suelen hablar en nombre de todos los judíos del mundo, de lo que llaman “la comunidad judía”. ¿Qué supone esto?

No existe una comunidad judía. Se puede hablar de comunidades judías, en plural, pero no de una sola. Ningún organismo puede hablar en nombre de un grupo tan diverso. Es como si decimos que todos los rusos piensan igual, o todos los ucranianos. No. Hay rusos que apoyan a Ucrania y hay rusos que no. Hay ucranianos que quieren defender el país, hay otros que emigran a Europa y otros que emigran a Rusia. Hay de todo.

Con los judíos, lo mismo. Israel emite el mensaje de que todos los judíos están involucrados en el Estado de Israel. Eso es una trampa mortal. Lo cierto es que hay muchos judíos que se oponen al Estado de Israel, al sionismo.

En Europa y EEUU también han surgido organizaciones de jóvenes judíos que dicen “no en mi nombre”.

Hay judíos que mantienen un vínculo afectivo con la idea de Israel, otros que lo apoyan sin reservas y otros que se han desengañado y lo rechazan. También hay gente judía creyente, practicante, religiosa, para la que el sionismo siempre fue una herejía, y por eso siempre estuvieron en contra. La idea misma de ocupar la tierra por medios políticos y militares les provoca rechazo y no quieren tener nada que ver con ello.

Es muy peligroso asociar Israel con todos los judíos del mundo. De todo esto escribí hace muchos años en un libro titulado La amenaza interior. No se puede generalizar, nunca.

Israel prefiere provocar más destrucción antes que abandonar el sionismo y aceptar un Estado con igualdad de derechos para todos. No dudaría en usar sus armas nucleares ante esa amenaza de transformación

Hay judíos que, por oponerse a la ocupación colonial, al apartheid, al genocidio, están siendo acusados de antisemitas, junto con personas no judías que tienen esa posición. ¿Qué opina de este fenómeno?

El Estado israelí dice que es el Estado del pueblo judío, lo que crea varios problemas. En primer lugar, discrimina. Supone una discriminación contra los que no son judíos que habitan en esa tierra. En segundo lugar, habla en nombre de todos, implica a los judíos que no tienen nada que ver con eso. Y, en tercer lugar, amenaza a las comunidades judías, porque habla en nombre de todos, lo que fomenta judeofobia.

El historiador canadiense Yakov Rabkin, durante la entrevista con elDiario.es

Israel sigue el plan ‘Clean Break’, elaborado en 1996 para Netanyahu por un grupo de halcones sionistas en Washington

Usted explica que la crisis del capitalismo ha llevado a países europeos y a EEUU a insistir en el apoyo, protección o permiso a las acciones del Estado israelí.

Con la derecha israelí pasa como con Trump: cuentan sus intenciones, no disimulan. La derecha israelí siempre dijo que quería todo el territorio, que los palestinos no pertenecen a la tierra, que son extranjeros, etcétera. Estados Unidos hablaba de “la solución de los dos Estados”, pero era una ilusión o hipocresía.

Ahora Washington habla claro. Por ejemplo, el discurso del secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, en Múnich, recientemente, explica bien esto. Rubio dice que hay que regresar al colonialismo, a la dominación del mundo. Antes eso estaba escondido, no se decía, no se confesaba. Israel es parte e incluso pionero en esta tendencia.

La desigualdad, la diferencia entre ricos y pobres, se hace más grande desde la época de Margaret Thatcher hasta hoy. La población está descontenta en muchos lugares y, por tanto, hay que controlarla. En ese sentido, los medios que Israel desarrolló contra los palestinos son muy útiles y se están utilizando en todo el planeta por las fuerzas policiales y militares. En Estados Unidos se emplean.

Y así observamos cómo un problema externo ya se convierte en algo interno, porque uno no puede ser fascista afuera y progresista dentro. Las dinámicas empleadas por Washington en territorios exteriores han terminado siendo asumidas a la interna. Hay que entender que Israel no es solo un asunto de Oriente Próximo, no es solo un país allá. No. Es un asunto mucho más importante.

Los países occidentales tienen que despertar y recobrar su independencia sacrificada al altar de la ‘solidaridad transatlántica’

En su libro cuenta cómo surgió el sionismo en el siglo XIX y aborda también como a día de hoy hay mucha gente no judía en el mundo, como los evangelistas, que constituyen uno de los grupos más defensores del sionismo.

El sionismo, la idea de llevar a los judíos a la Tierra Santa sin esperar la llegada del Mesías, llegó a los protestantes en los siglos XVI y XVII, concebido como modo y creencia para acelerar la segunda llegada de Cristo, porque ellos lo interpretan así. Posteriormente la idea atrajo a más personas. El objetivo era doble: llevar a los judíos a Tierra Santa y convertirlos en cristianos, que reconocieran a Jesús como Cristo.

Esa idea tomó relevancia a mediados del siglo XIX, por razones geopolíticas, porque Reino Unido llegó a la región y el Canal de Suez es un lugar logístico importante. Pensaron que sería bueno un protectorado, una colonia británica. Es así como empezó a crecer la idea de sionismo. Lo más irónico es que los judíos no estaban involucrados en ello.

Solo a finales del siglo XIX empiezan a sentirse atraídos por el sionismo algunos intelectuales de origen judío, fundamentalmente de lengua alemana o austriaca, que se sentían discriminados por el antisemitismo racial surgido en la segunda mitad de ese siglo como reacción a la emancipación de los judíos, que se incorporaban a muchas profesiones, etcétera.

El profesor Rabkin (derecha), en una conferencia en Irlanda.

Israel goza de una impunidad garantizada por la hegemonía de Estados Unidos que, tras la disolución de la Unión Soviética, era prácticamente insuperable

Theodor Herzl fue clave en ello.

Él era un periodista y dramaturgo de éxito y llevaba mal que algunos salones de Viena no lo aceptaran. Su primera idea fue terminar con la identidad judía y que todo el mundo se convirtiera al catolicismo. Esto se sabe poco, pero fue así: ese era su plan A. En ese sentido tuvo importancia el capellán de la embajada británica en Viena, que era un sionista cristiano, aunque la palabra sionista no existía aún. Se conocieron y fraguó esa idea.

Herzl era un tipo muy carismático y atrajo a muchos intelectuales judíos. Pero la mayoría de los judíos de Alemania, Francia o Reino Unido no estaban interesados en ello y se oponían, afirmando que eso era antisemitismo. ¿Por qué lo decían? Porque los antisemitas en Europa apoyaban la idea, decían “váyanse a Palestina”, y Herzl decía lo mismo. Además, también había razones religiosas.

El primer Congreso sionista tuvo lugar en Basilea, en Suiza.

Sí, porque Basilea era una ciudad de poca importancia. Querían haberlo celebrado en Múnich, pero la organización judía alemana pidió al Gobierno alemán no permitir ese Congreso allí. Por eso se trasladaron a Basilea. Y después encontraron su “ejército”, las masas, en el Imperio Ruso, donde la historia judía era muy diferente a la de Viena, París o Londres.

La colonización de los territorios [palestinos] empezó bajo el laborismo israelí y continuó. Ocurre que el nacionalismo étnico tiende a ir a la derecha, porque se basa en la discriminación

¿En qué sentido?

El Imperio ruso no tenía población judía antes de la segunda mitad del siglo XVIII. Cuando Rusia, Prusia (hoy parte de Alemania) y Austria se repartieron Polonia se produjo la llegada de un millón de judíos al Imperio Ruso. Y Catalina la Grande no sabía qué hacer con ellos. Finalmente se decidió que se quedarían en lo que hoy es, más o menos, Lituania, Bielorrusia, Moldavia, Polonia, etcétera. Llamaron a esa área la zona de residencia obligatoria. No podían instalarse en las grandes ciudades del Imperio, como San Petersburgo o Moscú, con la excepción de doctores o comerciantes muy exitosos y ricos.

Ocurrió lo mismo que en Europa: la secularización. Muchos cristianos y judíos perdieron la fe y el interés en la religión, se convirtieron en librepensadores. En esa zona de residencia los judíos no sentían mucho compromiso con el Imperio Ruso porque se sentían discriminados, a ello se sumó la industrialización, que empobreció mucho esa área. De ese modo se crearon grupos de judíos radicales.

Algunos se hicieron bolcheviques y otros sionistas, sionistas socialistas. La diferencia es que unos querían construir el socialismo en Rusia y otros, en Palestina. Así que los primeros judíos que de verdad se adhirieron a la idea sionista y a la práctica fueron los socialistas jóvenes judíos de la zona de residencia, que eran muy cerrados y tenían poco contacto con otros.

Tras el asesinato de Alejandro II [en 1881] comenzó la violencia contra los judíos, los pogromos. Todo ello generó un terreno muy propicio para el sionismo, pero este no fue mayoritario, había otros grupos socialistas. Por ejemplo, los bundistas. El bundismo fue un movimiento político socialista judío antisionista. Apoyaban el desarrollo de la cultura judía en los lugares de residencia y la promoción del yiddish como lengua judía. No el hebreo, sino el yiddish.

Usted nació en la Unión Soviética en 1945, antes de la creación del Estado de Israel. ¿Cómo fue viendo todos los acontecimientos?

Cuando se anunció la creación del Estado de Israel yo tenía dos años y medio, en 1948. Crecí sabiendo que había episodios antisemitas en mi país. En 1952, un año antes de la muerte de Stalin, despidieron a mi padre del trabajo. Mi hermano mayor, que tenía diez años más que yo, era un alumno excelente. Ese año el director de la escuela le llamó y le dijo que no podía entrar en la universidad, pese a que lo merecía. Le recomendó que fuera a la escuela de obreros, en horario nocturno.

Así que yo sabía que había episodios antisemitas. Viví como un joven soviético. En la escuela éramos unos dieciocho judíos. No teníamos lazos particulares, no había una afinidad específica. No sentía antisemitismo social, así que no había necesidad de agruparse. Mis mejores amigos no eran judíos, uno era ruso y otro armenio. Ser judío no tenía un contenido específico, al igual que tener un color de ojos determinado no te coloca en una comunidad.

Por eso mi emigración no estuvo en absoluto ligada a Israel. Tuvo que ver con la invasión de Checoslovaquia en 1968, que no me gustó. Quise salir de la mejor manera, y eso fue pretender que me iba a Israel.

Israel aprueba una ley para aplicar la pena de muerte a los palestinos

Israel aprueba una ley para aplicar la pena de muerte a los palestinos


Los israelíes me consiguieron un medio para irme, yo fui muy franco y les dije que no tenía interés en quedarme allí, estuve pocos meses, no me interesó. Ya en Canadá empecé a preguntarme qué quiere decir ser judío, empecé a leer, a estudiar, después a enseñar y a escribir. Y comencé a practicar el judaísmo, lo hago hasta hoy. Para mí ser judío no es una nacionalidad.

 elDiario.es – Internacional

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