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  Internacional  Avraham Burg, de la cúpula del Estado de Israel a la muerte del sionismo: «Esta guerra es la misión de vida de Netanyahu»
Internacional

Avraham Burg, de la cúpula del Estado de Israel a la muerte del sionismo: «Esta guerra es la misión de vida de Netanyahu»

marzo 28, 2026
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Burg ha pasado de ser líder del Partido Laborista, presidente del Parlamento, jefe de la Agencia Judía y de la Organización Sionista Mundial e incluso presidente interino del país, a cuestionar el derecho a existir de Israel y declarar la muerte del sionismoCuáles son las condiciones irreconciliables de Irán y EEUU para poner fin a la guerra iniciada por Trump

Avraham Burg (1955) es un personaje con trayectoria heterodoxa en Israel. Pasó de ser uno de los cargos de más alto rango —incluso presidente interino del país— a un disidente que cuestiona un Estado con el que ya no se ve representado. Estos años, en medio de la actual deriva belicista, se erigió como opositor a las ofensivas sobre Gaza, Líbano e Irán, abogó por adoptar sanciones “drásticas” y pidió acciones por parte de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) contra su país por crímenes de lesa humanidad en la Franja.

Aunque él asegura que sus posiciones no han cambiado desde que entró en política, Burg es hoy en día una figura a contracorriente que incluso ha llegado a cuestionar públicamente si Israel ha perdido el derecho a existir tras el genocidio en Gaza. La suya es también una crítica radical a los pilares ideológicos de base del país, trascendiendo el sionismo y mirando más allá.  

En plena ofensiva sobre Irán y Líbano, elDiario.es habla con él en una conversación donde reflexiona sobre sus planteamientos, tras oponerse a los ataques a Teherán al verlos como otra “guerra cínica” y sin sentido secundada por gran parte de la población israelí.   

La ofensiva de Israel y EEUU “es una guerra oportunista, sin propósito y por eso es tan cínica”, remarca Burg en llamada telefónica. “No fueron a esta guerra con ningún objetivo claro, ni saben decir lo que buscan en ella. ¿Qué quieren? ¿Derrocar al régimen? ¿Acabar con el programa nuclear? ¿Dejar que el pueblo tome el poder en las calles? Cada día cambian de objetivo, porque nunca tuvieron uno, sino que simplemente vieron una oportunidad y la aprovecharon” sin pensar más allá, opina el expolítico. 

Burg recibe a migrantes procedentes de Rusia en 1995 en su etapa como presidente de la Agencia Judía

Entre los ochenta y los 2000, Burg hizo una larga carrera política que le llevó hasta las altas esferas estatales. Fue líder destacado del Partido Laborista, gran fuerza gobernante en Israel durante décadas, donde compartió espacio con Shimon Peres e Isaac Rabin. Fue presidente de la Agencia Judía y de la Organización Sionista Mundial y estuvo al frente de la presidencia de la Knésset, el Parlamento israelí, entre 1999 y 2003, cuando incluso fue jefe de Estado por veinte días tras la renuncia de Ezer Weizman como presidente de Israel.
Israel, en guerra constante
Burg está muy familiarizado con la figura de Benjamin Netanyahu. En los noventa, cuando era un joven líder laborista que apoyó los Acuerdos de Oslo, el actual primer ministro israelí se erigía ya como líder del Likud y opositor al proceso de paz, por lo que conoce al detalle sus estrategias ante los palestinos e Irán.

Según alega, la campaña contra Teherán que EEUU e Israel desataron el pasado 28 de febrero es producto de la voluntad del jefe de Gobierno israelí y a la que Donald Trump se vio arrastrado. “Esta es la misión de vida de Netanyahu, con la que sueña desde hace 34 años”, tras crear “un marco emocional que hizo que la guerra pareciera la única opción natural”, dice Burg. 

“Esta es la guerra de Israel, no de EEUU. Se impuso a Washington con un proceso metódico en el que Netanyahu logró redefinir el interés estratégico de Israel como uno estadounidense”. De fondo, asegura, está “el intento israelí de remodelar Oriente Medio para erigirse como única potencia hegemónica regional”, y la Administración estadounidense cayó en la trampa.

“Un Israel antidemocrático, liderado por Netanyahu y su círculo mesiánico, atemorizó y silenció el debate público abierto en EEUU”, dice Burg, que desde hace más de 20 años analiza la realidad política desde fuera de las instituciones. 

Esta es la guerra de Israel, no de EEUU. Se impuso a Washington con un proceso metódico en el que Netanyahu logró redefinir el interés estratégico de Israel como uno estadounidense

Burg dejó su cargo como diputado en 2004, descontento con la deriva del país. En un artículo publicado en 2003 dio por muerto el sionismo y criticó a Israel como un Estado que “se asienta sobre una estructura de corrupción y cimientos de opresión e injusticia”. Tras ello, Burg destacó como escritor y activista por la paz y se opuso con más dureza a la ocupación de territorio palestino, abogando por crear un único Estado entre el río Jordán y el Mediterráneo donde los palestinos sean ciudadanos con igualdad de derechos. 

Según remarca, él mantuvo sus ideas “intactas” desde el primer día, y “es Israel que cambió” estas últimas décadas. “Nada es comparable” a los tiempos de Oslo: “Hay un sistema político y sociedad distinta”, mucho más a la derecha, y “los mecanismos políticos útiles de entonces quedaron obsoletos”. 

Ante ello, insta a buscar nuevas vías para alcanzar las mismas metas. “La necesidad de hallar una reconciliación entre israelíes y palestinos es más apremiante que nunca”, así como “separar religión y Estado” en Israel, considera Burg, consciente de que sus planteamientos no serán posibles a corto plazo, sino que son “utopías lejanas”.
La implosión de la sociedad israelí
Estos años, Burg vio cómo se acentuaba la división entre la compleja sociedad israelí, marcada por una gran polarización, fraccionada entre variedad de grupos y dividida por una gran separación entre una parte de población derechista, conservadora y religiosa, frente a otra más liberal y secular que ahora pierde influencia y peso demográfico.

“La sociedad israelí está desintegrada y ya no existe un solo Israel”, sino “cuatro sociedades separadas, unidas sólo por la guerra perpetua que mantiene el espejismo de unidad”, cree Burg. Estos años, la brecha se agravó más que nunca, el bloqueo político abocó el país a cinco comicios entre 2019 y 2022 y las protestas contra la reforma judicial de Netanyahu —que según críticos amenaza la separación de poderes y aumenta el control político sobre la Justicia— escalaron a un nivel nunca visto hasta el 7 de octubre de 2023.   

Un Estado que niega los derechos a millones de personas, justifica el asesinato en masa como estrategia de seguridad y eleva la supremacía judía y desigualdad a ideología no puede reclamar legitimidad moral

“La democracia retrocede en Israel y el modelo liberal-democrático da paso a una democracia deficitaria, limitada e iliberal”, asegura Burg. Según considera, otro problema es la falta de una verdadera izquierda. “Tuvimos cincuenta tipos de derecha, pero nunca una alternativa de izquierda real que desafíe a la derecha, que se ha deslizado rápidamente hacia el extremismo”, razona el exdiputado. 

Burg, quien promovió la migración de judíos a Israel como presidente de la Agencia Judía —la histórica organización sionista encargada de ello—, ha sido estos años un ferviente crítico de lo que considera una nueva noción supremacista de identidad judía marcada por el Estado, distinta a la identidad ancestral y universal de judaísmo que él concibe.   
Opositor a la ley de Estado-Nación judía
En 2018, Burg se opuso a la Ley de Estado-Nación, norma constitucional que asentó el carácter judío de Israel, reservando únicamente al pueblo judío el derecho a la autodeterminación sobre este territorio, lo que considera discriminatorio y excluyente. Ante ello, solicitó que se le retirara el título de judío en sus documentos del registro de población de Israel. 

“Alegué ante el Tribunal Supremo que la ley diseñó y definió un nuevo pueblo judío. Este no es el judaísmo que enseño a mis hijos. No soy judío según esta norma, sino según la definición antigua, por lo que pedí que me retiraran del registro. Esto hace que sea el único israelí judío y practicante no registrado como tal”, dice Burg, procedente de una familia de la “aristocracia sionista”, según el diario Haaretz, e hijo de Yossef Burg, histórico líder del extinto Partido Nacionalista Religioso, quién fue diputado durante casi 40 años.

En sus artículos en Substack que publica semanalmente, Burg reflexiona sobre la deriva del país y la opresión a los palestinos, una de las causas por las que dejó la política en la Segunda Intifada. “Hace más de veinte años clamé por el trágico fin del sionismo. Ya entonces, la democracia en Israel agonizaba en las colinas de los territorios ocupados y el alma del país estaba infectada por una enfermedad mortal”, dijo en una de sus piezas de 2025. 
Israel, en “bancarrota moral”
“La mayoría de la sociedad israelí permanece impasible e indiferente” ante la destrucción de Gaza, una señal “demoledora” de la “bancarrota moral” del país, lamenta. “Tenemos que enfrentar la verdad: Israel, sin un fundamento ético, no tiene justificación para existir”, añade, alertando que el país ha llegado “al abismo”.

“Un Estado que niega los derechos a millones de personas, justifica el asesinato en masa como estrategia de seguridad y eleva la supremacía judía y desigualdad a ideología no puede reclamar legitimidad moral”, escribió entonces, instando a abandonar “el nacionalismo tribal” y buscar “la humanidad compartida y la ciudadanía igualitaria”.

Me preocupa que a raíz de esta guerra Irán busque desarrollar una estrategia similar a Corea del Norte, país al que nadie toca porque tiene armas nucleares

Para Burg, el fracaso del proceso de paz y la Segunda Intifada acabaron de separar a palestinos e israelíes. “Desde Oslo, ambas comunidades no se conocen”, lo que se agravó tras los ataques del 7 de octubre de 2023, cuando Hamás “cometió atrocidades y crímenes de lesa humanidad injustificables”, igual que “no se justifica la política criminal de Israel sobre Gaza”, dice. Según resalta, el trauma de aquel día llevó a Israel a un círculo vicioso. “Desde entonces, estamos atrapados en la asunción de que todo lo que se hace contra nosotros justifica lo hecho contra ellos”, dice, advirtiendo que la reacción israelí deja tras de sí “una generación de odio”. 

En agosto, Burg instó a un millón de judíos de todo el mundo a presentar una denuncia colectiva contra Israel ante la CIJ “por crímenes de lesa humanidad” en Gaza, cometidos “bajo la falsa bandera de la identidad judía”. Aquel mes también firmó una carta junto a otras treinta personalidades israelíes en que pidió “sanciones drásticas” contra Israel. 
Contra el arsenal nuclear israelí
Estos años, mientras Netanyahu se centraba en confrontar el programa nuclear de Irán, Burg fue el primer expolítico israelí que en 2013 denunció públicamente la posesión de armas químicas y nucleares por parte de Israel, un secreto a voces sobre el que el país mantiene una postura de ambigüedad estratégica, sin negar ni confirmar, siendo de los pocos Estados del mundo que no firmó el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares.

Expertos y órganos internacionales estiman que Israel posee decenas de ojivas nucleares en el complejo de Dimona, su centro de investigación nuclear hacia donde Teherán dirigió parte de sus ataques hace pocos días.

Burg se opone a la posesión israelí de este arsenal y alega que acelera la carrera nuclear en Oriente Medio. Cuando hizo su revelación, un grupo derechista llegó a pedir que se le imputara por traición, mientras que ahora cree que la actual ofensiva de Israel y EEUU contra Irán no hará más que empeorar la situación.

“Me preocupa que a raíz de esta guerra Irán busque desarrollar una estrategia similar a Corea del Norte, país al que nadie toca porque tiene armas nucleares. Temo que si los iraníes lo logran, después sigan la misma línea los saudíes, egipcios, etc., y todo Oriente Medio se sature de armas de destrucción masiva”, alega Burg, que aboga para que Israel renuncie a su arsenal nuclear y evite una carrera acelerada hacia la bomba atómica en la región. Burg ha pasado de ser líder del Partido Laborista, presidente del Parlamento, jefe de la Agencia Judía y de la Organización Sionista Mundial e incluso presidente interino del país, a cuestionar el derecho a existir de Israel y declarar la muerte del sionismoCuáles son las condiciones irreconciliables de Irán y EEUU para poner fin a la guerra iniciada por Trump

Avraham Burg (1955) es un personaje con trayectoria heterodoxa en Israel. Pasó de ser uno de los cargos de más alto rango —incluso presidente interino del país— a un disidente que cuestiona un Estado con el que ya no se ve representado. Estos años, en medio de la actual deriva belicista, se erigió como opositor a las ofensivas sobre Gaza, Líbano e Irán, abogó por adoptar sanciones “drásticas” y pidió acciones por parte de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) contra su país por crímenes de lesa humanidad en la Franja.

Aunque él asegura que sus posiciones no han cambiado desde que entró en política, Burg es hoy en día una figura a contracorriente que incluso ha llegado a cuestionar públicamente si Israel ha perdido el derecho a existir tras el genocidio en Gaza. La suya es también una crítica radical a los pilares ideológicos de base del país, trascendiendo el sionismo y mirando más allá.  

En plena ofensiva sobre Irán y Líbano, elDiario.es habla con él en una conversación donde reflexiona sobre sus planteamientos, tras oponerse a los ataques a Teherán al verlos como otra “guerra cínica” y sin sentido secundada por gran parte de la población israelí.   

La ofensiva de Israel y EEUU “es una guerra oportunista, sin propósito y por eso es tan cínica”, remarca Burg en llamada telefónica. “No fueron a esta guerra con ningún objetivo claro, ni saben decir lo que buscan en ella. ¿Qué quieren? ¿Derrocar al régimen? ¿Acabar con el programa nuclear? ¿Dejar que el pueblo tome el poder en las calles? Cada día cambian de objetivo, porque nunca tuvieron uno, sino que simplemente vieron una oportunidad y la aprovecharon” sin pensar más allá, opina el expolítico. 

Burg recibe a migrantes procedentes de Rusia en 1995 en su etapa como presidente de la Agencia Judía

Entre los ochenta y los 2000, Burg hizo una larga carrera política que le llevó hasta las altas esferas estatales. Fue líder destacado del Partido Laborista, gran fuerza gobernante en Israel durante décadas, donde compartió espacio con Shimon Peres e Isaac Rabin. Fue presidente de la Agencia Judía y de la Organización Sionista Mundial y estuvo al frente de la presidencia de la Knésset, el Parlamento israelí, entre 1999 y 2003, cuando incluso fue jefe de Estado por veinte días tras la renuncia de Ezer Weizman como presidente de Israel.
Israel, en guerra constante
Burg está muy familiarizado con la figura de Benjamin Netanyahu. En los noventa, cuando era un joven líder laborista que apoyó los Acuerdos de Oslo, el actual primer ministro israelí se erigía ya como líder del Likud y opositor al proceso de paz, por lo que conoce al detalle sus estrategias ante los palestinos e Irán.

Según alega, la campaña contra Teherán que EEUU e Israel desataron el pasado 28 de febrero es producto de la voluntad del jefe de Gobierno israelí y a la que Donald Trump se vio arrastrado. “Esta es la misión de vida de Netanyahu, con la que sueña desde hace 34 años”, tras crear “un marco emocional que hizo que la guerra pareciera la única opción natural”, dice Burg. 

“Esta es la guerra de Israel, no de EEUU. Se impuso a Washington con un proceso metódico en el que Netanyahu logró redefinir el interés estratégico de Israel como uno estadounidense”. De fondo, asegura, está “el intento israelí de remodelar Oriente Medio para erigirse como única potencia hegemónica regional”, y la Administración estadounidense cayó en la trampa.

“Un Israel antidemocrático, liderado por Netanyahu y su círculo mesiánico, atemorizó y silenció el debate público abierto en EEUU”, dice Burg, que desde hace más de 20 años analiza la realidad política desde fuera de las instituciones. 

Esta es la guerra de Israel, no de EEUU. Se impuso a Washington con un proceso metódico en el que Netanyahu logró redefinir el interés estratégico de Israel como uno estadounidense

Burg dejó su cargo como diputado en 2004, descontento con la deriva del país. En un artículo publicado en 2003 dio por muerto el sionismo y criticó a Israel como un Estado que “se asienta sobre una estructura de corrupción y cimientos de opresión e injusticia”. Tras ello, Burg destacó como escritor y activista por la paz y se opuso con más dureza a la ocupación de territorio palestino, abogando por crear un único Estado entre el río Jordán y el Mediterráneo donde los palestinos sean ciudadanos con igualdad de derechos. 

Según remarca, él mantuvo sus ideas “intactas” desde el primer día, y “es Israel que cambió” estas últimas décadas. “Nada es comparable” a los tiempos de Oslo: “Hay un sistema político y sociedad distinta”, mucho más a la derecha, y “los mecanismos políticos útiles de entonces quedaron obsoletos”. 

Ante ello, insta a buscar nuevas vías para alcanzar las mismas metas. “La necesidad de hallar una reconciliación entre israelíes y palestinos es más apremiante que nunca”, así como “separar religión y Estado” en Israel, considera Burg, consciente de que sus planteamientos no serán posibles a corto plazo, sino que son “utopías lejanas”.
La implosión de la sociedad israelí
Estos años, Burg vio cómo se acentuaba la división entre la compleja sociedad israelí, marcada por una gran polarización, fraccionada entre variedad de grupos y dividida por una gran separación entre una parte de población derechista, conservadora y religiosa, frente a otra más liberal y secular que ahora pierde influencia y peso demográfico.

“La sociedad israelí está desintegrada y ya no existe un solo Israel”, sino “cuatro sociedades separadas, unidas sólo por la guerra perpetua que mantiene el espejismo de unidad”, cree Burg. Estos años, la brecha se agravó más que nunca, el bloqueo político abocó el país a cinco comicios entre 2019 y 2022 y las protestas contra la reforma judicial de Netanyahu —que según críticos amenaza la separación de poderes y aumenta el control político sobre la Justicia— escalaron a un nivel nunca visto hasta el 7 de octubre de 2023.   

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Burg, quien promovió la migración de judíos a Israel como presidente de la Agencia Judía —la histórica organización sionista encargada de ello—, ha sido estos años un ferviente crítico de lo que considera una nueva noción supremacista de identidad judía marcada por el Estado, distinta a la identidad ancestral y universal de judaísmo que él concibe.   
Opositor a la ley de Estado-Nación judía
En 2018, Burg se opuso a la Ley de Estado-Nación, norma constitucional que asentó el carácter judío de Israel, reservando únicamente al pueblo judío el derecho a la autodeterminación sobre este territorio, lo que considera discriminatorio y excluyente. Ante ello, solicitó que se le retirara el título de judío en sus documentos del registro de población de Israel. 

“Alegué ante el Tribunal Supremo que la ley diseñó y definió un nuevo pueblo judío. Este no es el judaísmo que enseño a mis hijos. No soy judío según esta norma, sino según la definición antigua, por lo que pedí que me retiraran del registro. Esto hace que sea el único israelí judío y practicante no registrado como tal”, dice Burg, procedente de una familia de la “aristocracia sionista”, según el diario Haaretz, e hijo de Yossef Burg, histórico líder del extinto Partido Nacionalista Religioso, quién fue diputado durante casi 40 años.

En sus artículos en Substack que publica semanalmente, Burg reflexiona sobre la deriva del país y la opresión a los palestinos, una de las causas por las que dejó la política en la Segunda Intifada. “Hace más de veinte años clamé por el trágico fin del sionismo. Ya entonces, la democracia en Israel agonizaba en las colinas de los territorios ocupados y el alma del país estaba infectada por una enfermedad mortal”, dijo en una de sus piezas de 2025. 
Israel, en “bancarrota moral”
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“Un Estado que niega los derechos a millones de personas, justifica el asesinato en masa como estrategia de seguridad y eleva la supremacía judía y desigualdad a ideología no puede reclamar legitimidad moral”, escribió entonces, instando a abandonar “el nacionalismo tribal” y buscar “la humanidad compartida y la ciudadanía igualitaria”.

Me preocupa que a raíz de esta guerra Irán busque desarrollar una estrategia similar a Corea del Norte, país al que nadie toca porque tiene armas nucleares

Para Burg, el fracaso del proceso de paz y la Segunda Intifada acabaron de separar a palestinos e israelíes. “Desde Oslo, ambas comunidades no se conocen”, lo que se agravó tras los ataques del 7 de octubre de 2023, cuando Hamás “cometió atrocidades y crímenes de lesa humanidad injustificables”, igual que “no se justifica la política criminal de Israel sobre Gaza”, dice. Según resalta, el trauma de aquel día llevó a Israel a un círculo vicioso. “Desde entonces, estamos atrapados en la asunción de que todo lo que se hace contra nosotros justifica lo hecho contra ellos”, dice, advirtiendo que la reacción israelí deja tras de sí “una generación de odio”. 

En agosto, Burg instó a un millón de judíos de todo el mundo a presentar una denuncia colectiva contra Israel ante la CIJ “por crímenes de lesa humanidad” en Gaza, cometidos “bajo la falsa bandera de la identidad judía”. Aquel mes también firmó una carta junto a otras treinta personalidades israelíes en que pidió “sanciones drásticas” contra Israel. 
Contra el arsenal nuclear israelí
Estos años, mientras Netanyahu se centraba en confrontar el programa nuclear de Irán, Burg fue el primer expolítico israelí que en 2013 denunció públicamente la posesión de armas químicas y nucleares por parte de Israel, un secreto a voces sobre el que el país mantiene una postura de ambigüedad estratégica, sin negar ni confirmar, siendo de los pocos Estados del mundo que no firmó el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares.

Expertos y órganos internacionales estiman que Israel posee decenas de ojivas nucleares en el complejo de Dimona, su centro de investigación nuclear hacia donde Teherán dirigió parte de sus ataques hace pocos días.

Burg se opone a la posesión israelí de este arsenal y alega que acelera la carrera nuclear en Oriente Medio. Cuando hizo su revelación, un grupo derechista llegó a pedir que se le imputara por traición, mientras que ahora cree que la actual ofensiva de Israel y EEUU contra Irán no hará más que empeorar la situación.

“Me preocupa que a raíz de esta guerra Irán busque desarrollar una estrategia similar a Corea del Norte, país al que nadie toca porque tiene armas nucleares. Temo que si los iraníes lo logran, después sigan la misma línea los saudíes, egipcios, etc., y todo Oriente Medio se sature de armas de destrucción masiva”, alega Burg, que aboga para que Israel renuncie a su arsenal nuclear y evite una carrera acelerada hacia la bomba atómica en la región.  

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“Esta es la guerra de Israel, no de EEUU. Se impuso a Washington con un proceso metódico en el que Netanyahu logró redefinir el interés estratégico de Israel como uno estadounidense”. De fondo, asegura, está “el intento israelí de remodelar Oriente Medio para erigirse como única potencia hegemónica regional”, y la Administración estadounidense cayó en la trampa.

“Un Israel antidemocrático, liderado por Netanyahu y su círculo mesiánico, atemorizó y silenció el debate público abierto en EEUU”, dice Burg, que desde hace más de 20 años analiza la realidad política desde fuera de las instituciones. 

Esta es la guerra de Israel, no de EEUU. Se impuso a Washington con un proceso metódico en el que Netanyahu logró redefinir el interés estratégico de Israel como uno estadounidense

Burg dejó su cargo como diputado en 2004, descontento con la deriva del país. En un artículo publicado en 2003 dio por muerto el sionismo y criticó a Israel como un Estado que “se asienta sobre una estructura de corrupción y cimientos de opresión e injusticia”. Tras ello, Burg destacó como escritor y activista por la paz y se opuso con más dureza a la ocupación de territorio palestino, abogando por crear un único Estado entre el río Jordán y el Mediterráneo donde los palestinos sean ciudadanos con igualdad de derechos. 

Según remarca, él mantuvo sus ideas “intactas” desde el primer día, y “es Israel que cambió” estas últimas décadas. “Nada es comparable” a los tiempos de Oslo: “Hay un sistema político y sociedad distinta”, mucho más a la derecha, y “los mecanismos políticos útiles de entonces quedaron obsoletos”. 

Ante ello, insta a buscar nuevas vías para alcanzar las mismas metas. “La necesidad de hallar una reconciliación entre israelíes y palestinos es más apremiante que nunca”, así como “separar religión y Estado” en Israel, considera Burg, consciente de que sus planteamientos no serán posibles a corto plazo, sino que son “utopías lejanas”.

La implosión de la sociedad israelí

Estos años, Burg vio cómo se acentuaba la división entre la compleja sociedad israelí, marcada por una gran polarización, fraccionada entre variedad de grupos y dividida por una gran separación entre una parte de población derechista, conservadora y religiosa, frente a otra más liberal y secular que ahora pierde influencia y peso demográfico.

“La sociedad israelí está desintegrada y ya no existe un solo Israel”, sino “cuatro sociedades separadas, unidas sólo por la guerra perpetua que mantiene el espejismo de unidad”, cree Burg. Estos años, la brecha se agravó más que nunca, el bloqueo político abocó el país a cinco comicios entre 2019 y 2022 y las protestas contra la reforma judicial de Netanyahu —que según críticos amenaza la separación de poderes y aumenta el control político sobre la Justicia— escalaron a un nivel nunca visto hasta el 7 de octubre de 2023.   

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Burg, quien promovió la migración de judíos a Israel como presidente de la Agencia Judía —la histórica organización sionista encargada de ello—, ha sido estos años un ferviente crítico de lo que considera una nueva noción supremacista de identidad judía marcada por el Estado, distinta a la identidad ancestral y universal de judaísmo que él concibe.   

Opositor a la ley de Estado-Nación judía

En 2018, Burg se opuso a la Ley de Estado-Nación, norma constitucional que asentó el carácter judío de Israel, reservando únicamente al pueblo judío el derecho a la autodeterminación sobre este territorio, lo que considera discriminatorio y excluyente. Ante ello, solicitó que se le retirara el título de judío en sus documentos del registro de población de Israel. 

“Alegué ante el Tribunal Supremo que la ley diseñó y definió un nuevo pueblo judío. Este no es el judaísmo que enseño a mis hijos. No soy judío según esta norma, sino según la definición antigua, por lo que pedí que me retiraran del registro. Esto hace que sea el único israelí judío y practicante no registrado como tal”, dice Burg, procedente de una familia de la “aristocracia sionista”, según el diario Haaretz, e hijo de Yossef Burg, histórico líder del extinto Partido Nacionalista Religioso, quién fue diputado durante casi 40 años.

En sus artículos en Substack que publica semanalmente, Burg reflexiona sobre la deriva del país y la opresión a los palestinos, una de las causas por las que dejó la política en la Segunda Intifada. “Hace más de veinte años clamé por el trágico fin del sionismo. Ya entonces, la democracia en Israel agonizaba en las colinas de los territorios ocupados y el alma del país estaba infectada por una enfermedad mortal”, dijo en una de sus piezas de 2025. 

Israel, en “bancarrota moral”

“La mayoría de la sociedad israelí permanece impasible e indiferente” ante la destrucción de Gaza, una señal “demoledora” de la “bancarrota moral” del país, lamenta. “Tenemos que enfrentar la verdad: Israel, sin un fundamento ético, no tiene justificación para existir”, añade, alertando que el país ha llegado “al abismo”.

“Un Estado que niega los derechos a millones de personas, justifica el asesinato en masa como estrategia de seguridad y eleva la supremacía judía y desigualdad a ideología no puede reclamar legitimidad moral”, escribió entonces, instando a abandonar “el nacionalismo tribal” y buscar “la humanidad compartida y la ciudadanía igualitaria”.

Me preocupa que a raíz de esta guerra Irán busque desarrollar una estrategia similar a Corea del Norte, país al que nadie toca porque tiene armas nucleares

Para Burg, el fracaso del proceso de paz y la Segunda Intifada acabaron de separar a palestinos e israelíes. “Desde Oslo, ambas comunidades no se conocen”, lo que se agravó tras los ataques del 7 de octubre de 2023, cuando Hamás “cometió atrocidades y crímenes de lesa humanidad injustificables”, igual que “no se justifica la política criminal de Israel sobre Gaza”, dice. Según resalta, el trauma de aquel día llevó a Israel a un círculo vicioso. “Desde entonces, estamos atrapados en la asunción de que todo lo que se hace contra nosotros justifica lo hecho contra ellos”, dice, advirtiendo que la reacción israelí deja tras de sí “una generación de odio”. 

En agosto, Burg instó a un millón de judíos de todo el mundo a presentar una denuncia colectiva contra Israel ante la CIJ “por crímenes de lesa humanidad” en Gaza, cometidos “bajo la falsa bandera de la identidad judía”. Aquel mes también firmó una carta junto a otras treinta personalidades israelíes en que pidió “sanciones drásticas” contra Israel. 

Contra el arsenal nuclear israelí

Estos años, mientras Netanyahu se centraba en confrontar el programa nuclear de Irán, Burg fue el primer expolítico israelí que en 2013 denunció públicamente la posesión de armas químicas y nucleares por parte de Israel, un secreto a voces sobre el que el país mantiene una postura de ambigüedad estratégica, sin negar ni confirmar, siendo de los pocos Estados del mundo que no firmó el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares.

Expertos y órganos internacionales estiman que Israel posee decenas de ojivas nucleares en el complejo de Dimona, su centro de investigación nuclear hacia donde Teherán dirigió parte de sus ataques hace pocos días.

Burg se opone a la posesión israelí de este arsenal y alega que acelera la carrera nuclear en Oriente Medio. Cuando hizo su revelación, un grupo derechista llegó a pedir que se le imputara por traición, mientras que ahora cree que la actual ofensiva de Israel y EEUU contra Irán no hará más que empeorar la situación.

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“Me preocupa que a raíz de esta guerra Irán busque desarrollar una estrategia similar a Corea del Norte, país al que nadie toca porque tiene armas nucleares. Temo que si los iraníes lo logran, después sigan la misma línea los saudíes, egipcios, etc., y todo Oriente Medio se sature de armas de destrucción masiva”, alega Burg, que aboga para que Israel renuncie a su arsenal nuclear y evite una carrera acelerada hacia la bomba atómica en la región.

 elDiario.es – Internacional

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