Supervivientes: Conexión Honduras anoche tenía mucha tela que cortar. Dos protocolos de abandono activado, los supervivientes al límite de sus fuerzas, el estallido de Marisa Jara y el intento de la organización por salvar una edición que no ha empezado con el mejor pie Leer Supervivientes: Conexión Honduras anoche tenía mucha tela que cortar. Dos protocolos de abandono activado, los supervivientes al límite de sus fuerzas, el estallido de Marisa Jara y el intento de la organización por salvar una edición que no ha empezado con el mejor pie Leer
El jueves pasado cuando Jorge Javier Vázquez despidió la gala de Supervivientes, los espectadores nos quedamos con la íntriga de saber qué había ocurrido con Marisa Jara tras ser expulsada y trasladada a Playa Destino. Jorge Javier Vázquez terminó el programa diciendo que había activado el protocolo de abandono (otra más) y habría que esperar al domingo para averiguar qué había pasado. Sin embargo, lo que ocurrió el jueves en aquella playa fue tan impensable que Fiesta, el programa de Emma García de los fines de semana, puso la zanahoria al conejo. Unas imágenes de Marisa Jara completamente fuera de sí dejaban en el aire si iba abandonar, incluso, si podría ser sancionada por la organización, pues mira que se han visto cosas en Supervivientes, pero como esto, pocas veces.
Pues ni una cosa ni la otra. Ni Marisa Jara abandonó anoche Supervivientes, ni la organización ha tomado ninguna medida tras mostrar las imágenes al completo de lo que ocurrió el jueves por la noche. Y lo que ocurrió no fue otra cosa que una mujer completamente fuera de sí, con un ataque de ansiedad extremo, que no era capaz de controlarse. Insultos, gritos, cámara al suelo, atención médica… Una mujer, al borde de un ataque de nervios, por no decir, que el borde lo perdió por completo.
¿Qué narices está pasando en esta edición de Supervivientes con los concursantes? No había nada en el casting que hiciera pensar la situación límite a la que está llegando el reality. Nadie puede poner en duda la dureza de Supervivientes, porque después de más de 20 años en televisión, todos tenemos claro que no es un reality fácil, que hay sufrimiento de verdad, que hay que estar muy preparado física y mentalmente (sobre todo, mentalmente) para enfrentarse a eso, pero es que no se salva ni uno solo, es que todos están con las fuerzas al límite, con el ánimo al límite, con todo al límite.
Es conectar con ellos y que Sandra Barneda, Ion Aramendi o Jorge Javier Vázquez les pregunten cómo están y no hay ni uno solo (a excepción de Alvar Seguí de la Quadra-Salcedo que está en su prime) que no eche pestes de Supervivientes, que no se queje del hambre, del sueño, de la debilidad, de las ganas de irse, de la falta de fuerzas, de lo mal que lo están pasando, de que no pueden soportarlo más. Y claro que una de las claves del éxito de Supervivientes es ver cómo quien participa se supera a sí misma, ver cómo cae y se levanta, ver cómo se sufre, pero se repone, pero… lo poco gusta y lo mucho cansa, y Supervivientes 2026 parece la llorería.
No es ser cruel, porque bendito cada uno de los que acepta enfrentarse a este reality, es que o cambian el chip o el mismo nubarrón en el que están instalandos todos ellos va a acabar de comerse a la audiencia. Algo tiene que ocurrir para que esta dinámica cambie porque de verdad que si para ellos está resultando una tortura, para el espectador empieza a serlo. Son conscientes en dirección y en la organización, de esto no hay duda. De hecho, Sandra Barneda se encargó anoche de anunciar que va a entrar un nuevo concursante. No se sabe quién es, pero, al menos, va a traer aire fresco, buenas vibras, buenas intenciones y algo de alegría, porque madre del amor hermoso, Supervivientes es ya un funeral.
Anoche, Alejandra de la Croix decidió finalmente abandonar. Tres semanas ha durado la concursante en Supervivientes. Un abandono más, que se suma al de Álex Ghita a las dos semanas de reality. Explicó anoche la actriz que ella pensaba que estaba los suficientemente fuerte física y mentalmente como para enfrentarse al reality, pero que se ha dado cuenta de que naranjas de la china, que Supervivientes es más duro de lo que parece y que para estar sufriendo, mejor en casa.
«Me encantaría decirte que increíble, porque el lugar lo merece, pero qué va… estoy comida de bichos, de picaduras, afectada psicológicamente… no estoy en mi mejor momento», le dijo a Sandra Barneda cuando la presentadora conectó con ella en un último intento porque se quedase. «Pensaba que venía con una fortaleza física y mental… a medida que iban pasando los días, sentía una ansiedad, ataques de pánico… algo no iba bien«, explicaba la activista. Y, finalmente, a la pregunta de si quería abandonar, Alejandra de la Croix confirmaba que sí, que se iba, que no quería defraudar, pues para no querer…
Pero todavía quedaba por saber qué iba a hacer Marisa Jara y qué iba a hacer la organización tras el estallido y el ataque que sufrió el pasado jueves cuando se vio en una nueva playa y no de vuelta a España. Insisto, dónde se han pensado que iban, cuántos años lleva Supervivientes sin devolver a la primera a un expulsado a España… Venga, demos la opción de que no se lo imaginaban, pongámonos en la piel del que ve que su sufrimiento se acaba y, de repente, descubre que el sufrimiento sigue. Aun así, el estallido de Marisa Jara el jueves, por mucho que la organización quiera cuidarles, estar pendientes de ellos, no hacer leña del árbol caído, no se debía haber dejado pasar como se dejó pasar.
El pasado jueves, el público se quedó con las imágenes de Marisa Jara no queriéndose bajar de la barca que la tenía que dejar en Playa Destino y con la advertencia de Jorge Javier Vázquez de que Marisa Jara quería abandonar Supervivientes. El sábado por la tarde, Fiesta muestra unas imágenes de Marisa Jara, descontrolada, pidiendo hablar con la dirección del programa, increpando al coordinador de playa (es la persona del equipo de Supervivientes que está pendiente por si ocurre algo), dándole un guantazo a una de las cámaras, gritando «¡sois unos hijos de puta!», tirándose al suelo y completamente fuera de sus cabales.
En Supervivientes se ha visto de todo, hasta una huida por mitad de la selva o la toma de una playa en busca del desaparecido, pero imágenes de un concursante en ese estado con el equipo del programa, pocas veces, por no decir ninguna.
En Supervivientes trabajan 200 personas. Cámaras que pasan en turnos 24 horas al día grabando todo; redactores que están con ellos apuntando el minuto en el que ocurren las cosas; coordinadores, pendientes del walkie 24 horas al día; el equipo médico; los que llevan las barcas; los que construyen las pruebas… Es decir, que si los concursantes sufren la lluvia y el viento, ellos también; que si los concursantes no duermen, ellos tampoco; que si los concursantes sufren, ellos sufren con ellos, pero encima tienen que mantenerse como si fueran automátas sin poder interactuar ni actuar cuando les ven en el estado en el que se encontraba, por ejemplo, Marisa Jara.
En los primeros segundos de las imágenes se ve a Marisa Jara de un lado a otro de la playa gritando «me siento muy mal»en mitad de un fuerte temporal de lluvia y viento. «Esto no es una broma, por favor… No puedo respirar», advertía la ex modelo. «Que no puedo respirar coño», clamaba Marisa Jara encarándose con el cámara y con el coordinador. «¡Pásame con dirección!», exigía entonces al inspector de playa ya completamente fuera de sí. «¡No me grabéis más, sois unos hijos de puta!», continuaba una Marisa Jara que acababa por golpear la cámara y tirarla al suelo. La siguiente imagen era Marisa Jara en el suelo, tumbada, mientras esperaba al servicio médico que llegaba después y la atendía para que se relajara.
El protocolo de abandono seguía activado, aunque Marisa Jara no fue apartada sino que ha permanecido estos días en Playa Destino. Conectaba Sandra Barneda con ella y los espectadores veíamos a una Marisa Jara mucho más relajada, más tranquila y muy agradecida de la ayuda que le han prestado Borja y Darío, que, ojo, llevan ya más de tres semanas aislados en Playa Destino.
Sandra Barneda conectaba seria con ella, pero no hubo rapapolvo, ni una sola advertencia, ni un solo «Marisa, ese comportamiento no se puede consentir». Me huele a mí a que los espectadores solo hemos visto una pequeña parte de lo que fue la noche del jueves en Playa Destino y que realmente el estado de Marisa Jara debió de asustar a la organización, que han preferido no hacer leña del árbol caído.
Llegaba el momento de saber qué iba a hacer Marisa Jara. Y Marisa Jara volvía a sorprender. «Hace poco pasé por una depresión. Aún creo que no estoy recuperada del todo. Me da muchísimo miedo volver a estar así… no sé si me entenderás o si alguien que me vea me entenderá». Sandra Barneda dejaba claro que Marisa Jara pasó por unas pruebas médicas que dieron el ok a su particpación. Y Marisa Jara se rompía: «No sabía que esto era tan duro». La dirección decidía que hablase con su pareja, el cual le dio ánimos, aunque Marisa me da a mí que tenía clara su decisión. No iba a rendirse a la primera. Marisa Jara se quedaba, pero sin prometer nada: «Día a día». La mejor manera de superar Supervivientes, sin lugar a dudas.
Y terminaba la noche Marisa Jara enfrentándose a la prueba de recompensa, ganando a Darío y a Borja y zampándose un flan a dos manos. Igual, deberían pasar todos por la noche de terror que pasó Marisa Jara y resurgir cual ave fénix porque como esto siga así…
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